La fuerza expresiva de la poesía de Miguel Hernández

El autor al alcance de los lectores infantiles

Letrilla de una canción de guerra (Ciclo I Primaria)
En cuclillas, ordeño (Ciclo I Primaria)
Tristes guerras (Ciclo II Primaria)
El corazón es agua (Ciclo II Primaria)
Postrer sueño (Ciclo III Primaria)
Las desiertas abarcas (Ciclo III Primaria)
Pastoril (Ciclo III Primaria)

Letrilla de una canción de guerra

Déjame que me vaya,
madre, a la guerra.
Déjame, blanca hermana,
novia morena.
Déjame.
Y después de dejarme
junto a las balas,
mándame a la trinchera
besos y cartas.
Mándame.

Poemas sueltos IV. Poesías completas.
Madrid: Aguilar, 1979, p. 544.

Escribimos el título de este poema entre corchetes porque no hay constancia de que fuera escogido por Miguel Hernández, sino más bien por quien lo transcribió mecanográficamente. Este poema suele publicarse dentro del Cancionero y romancero de ausencias, pero si se analiza su contenido se percibe nítidamente que no forma parte de este libro por su exaltación bélica; el propio Hernández subrayó en la versión B su deseo de excluir del Cancionero los poemas de tono bélico.

Conviene también señalar que en algunas ediciones (Obra escogida. Madrid: Ed. Aguilar, 1952; y Poemas. Barcelona: Plaza & Janés, 1978) la primera parte del poema es diferente:

Déjame que me vaya,
madre, a la guerra;
déjame, novia oscura,blanca y morena.

¡Déjame!

En cualquier caso, estamos ante una composición cargada de emoción contenida y fuerza expresiva en la que el poeta ofrece la contradicción que perturba su alma: por un lado, siente el deseo –más bien la obligación– de luchar por sus ideales y los del pueblo oprimido; pero, por otro lado, está asustado y tiene miedo de lo que pueda depararle el destino.

Es por eso que se dirige a sus seres más queridos (madre, hermana, novia) para pedirles que le den permiso para ir a luchar al frente de guerra y, al mismo tiempo, les suplica que no le abandonen, que cuando esté acurrucado en la trinchera, le envíen los dos bienes más preciados para un soldado: su amor –en forma de besos que le acerque el aire– y sus palabras cálidas y reconfortantes –envueltas en el níveo seno de una carta.

Y no es casual que los tres interlocutores a los que se dirige en su patética súplica sean mujeres; bien podría haber solicitado el apoyo de su padre o de su hermano mayor, Vicente, para acudir a la guerra; pero es obvio que estos –por ser hombres– daban por hecho que la obligación de todo ciudadano era dar la vida por su patria, incluso en un conflicto fratricida. Sin embargo, las mujeres poseían un don especial: sólo ellas tenían la potestad de bendecir a los soldados que marchaban al frente; y esta autoridad se la confería su condición de madres y depositarias del amor.

Significativo es también el modo con el que Miguel cierra cada una de las partes del poema: los primeros cuatro versos –que parecen solicitar el apoyo de las mujeres– los culmina una sola palabra, "déjame", que se ha repetido en los versos impares y que quiere dar la impresión de que el escritor tiene deseos de acudir a la guerra.

Mas el colofón del poema –el conciso "mándame"– abre ante el lector un sentimiento completamente distinto: el poeta reconoce explícitamente que tiene miedo y que necesita que sus seres queridos le "obliguen" a ir al frente porque siente flaquear sus fuerzas ante la intuición del patético destino que le aguarda.