La fuerza expresiva de la poesía de Miguel Hernández

Los textos comentados

Los textos de Miguel Hernández seleccionados se han tomado de la edición crítica de su Obra Completa, publicada por Espasa Calpe (colección Clásicos Castellanos, nueva serie, números 27, 28 y 29. Madrid, 1992), con motivo del cincuentenario de su muerte; edición crítica en la que está "íntegro y esclarecido el universo literario de Miguel Hernández". <Por razones de espacio no se recogen textos de El rayo que no cesa, la mayor parte de cuyos poemas están ampliamente comentados en los manuales de literatura de carácter no universitario; y sí se ha efectuado el análisis de otros poemas -menos frecuentes en dichos manuales-, propios de la etapa neogongorina de Hernández, y que dejan al descubierto la falsa imagen de "pastor semianalfabeto" con que se ha venido presentado a tan extraordinario escritor, por motivos extraliterarios, en tiempos no muy lejanos>.

Poemas XVI y XXXIV de Perito en lunas
Poema CORRIDA-real de Primitivo silbo vulnerado
El niño yuntero de Viento del pueblo

Texto 4. Poema "El niño yuntero", de Viento del pueblo.

Con Viento del pueblo -libro al que sigue El hombre acecha-, Miguel Hernández abandona la estética culterana, a la vez que insufla a sus versos un profundo contenido social. "Los poetas -afirma Hernández sin tapujos- somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplados a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas." Tal vez uno de los poemas del libro que mejor reflejan una limpísima preocupación social sea el titulado "El niño yuntero", que reproduimos a continuación.

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

El protagonista del poema es un niño que -como el propio Miguel Hernández- tiene que trabajar en el campo desde muy temprano, destripando terrones y padeciendo todo tipo de estrecheces: fatiga, hambre, marginación... Ante tanta injusticia social, la indignación del poeta estalla con profundo dolor: "Me duele este niño hambriento / como una grandiosa espina, / y su vivir ceniciento / revuelve mi alma de encina." (cuarteta 11, versos 41-44); "Me da su arado en el pecho, / y su vida en la garganta, / y sufro viendo el barbecho / tan grande bajo su planta." (cuarteta 13, versos 49-52). Y Hernández encuentra el remedio a tan angustiosa situación -denunciada en las interrogaciones apelativas de la cuarteta 14, versos 52-56: "¿Quién salvará este chiquillo / menor que un grano de avena? / ¿De dónde saldrá el martillo / verdugo de esta cadena?"- precisamente en el corazón de los hombres jornaleros, "que antes de ser hombres son / y han sido niños yunteros." (versos 59-60). Leyendo estos versos -escritos en un lenguaje directo que, no obstante, convierte la metáfora en un adecuado instrumento expresivo- se refuerza esa impresión de honda y cálida sinceridad emocional que suelen reflejar las composiciones de Hernández, en especial las "poesías de guerra", muchas de las cuales se escribieron en el campo, en las trincheras, ante el enemigo, sintiendo en profundidad la tragedia de una España -la de los milicianos- que luchaba por ideales de justicia y libertad.