Gerardo Diego:
vanguardismo y fidelidad
a los temas tradicionales

Los textos comentados
Los poemas seleccionados en esta sección -Los textos comentados- y en la siguiente -Textos para el comentario- fueron incluidos por el propio Gerardo Diego en su celebre antología Poesía española contemporánea (Madrid, Signo, 1934); concretamente los titulados "El ciprés de Silos" (de Versos humanos), "Guitarra" (de Imagen), y "Giralda" (de Alondra de Verdad).
El ciprés de Silos
Revelación
Torerillo de Triana
Revelación

Era en Numancia, al tiempo que declina
la tarde del agosto augusto y lento,
Numancia del silencio y de la ruina,
alma de libertad, trono del viento.

La luz se hacía por momentos mina
de transparencia y desvanecimiento,
diafanidad de ausencia vespertina,
esperanza, esperanza del portento.

Súbito ¿dónde? un pájaro sin lira,
sin rama, sin atril, canta, del ira,
flota en la cima de su fiebre aguda.

Vivo latir de Dios nos goteaba,
risa y charla de Dios, libre y desnuda.
Y el pájaro, sabiéndolo, cantaba.

Gerardo Diego. Alondra de Verdad.
Editorial Castalia. Colección
Clásicos Castalia, núm. 145
.

Apoyo léxico
Numancia. La antigua ciudad de Celtiberia se hallaba situada en un cerro cercano a la actual Soria, y se convirtió en una de las principales ciudades del pueblo arévaco y en centro de la resistencia celtíbera a la conquista romana. La ciudad sufrió varios ataques romanos a lo largo de nueve años (142-133 antes de Cristo), hasta que Escipión Emiliano, tras largo asedio y con una fuerza de más de sesenta mil hombres, la tomó por capitulación, auque muchos arévacos prefirieron suicidarse antes que caer en manos de los romanos.
Agosto/augusto (verso 2). Con una feliz paronomasia -semejanza entre dos vocablos que no se diferencian sino por la vocal acentuada en cada uno de ellos-, el poeta establece un juego de palabras entre el mes, el nombre del emperador romano y la majestad -título que se da a los emperadores- de agosto. Téngase presente que el poeta está contemplando unas ruinas romanas.
Mina (verso 5). En sentido figurado, "aquello que abunda en cosas dignas de aprecio, o de que puede sacarse algún provecho o utilidad"; es decir, "filón", también en sentido figurado.
Comentario

En este soneto, de incuestionable contenido religioso, Diego nos comunica una experiencia espiritual próxima al misticismo: contemplando las ruinas de Numancia, en un atardecer luminoso del mes de agosto, el poeta siente -en maravillosa revelación- la presencia sobrenatural de Dios. Así interpreta Dámaso Alonso el proceso ascensional que el poeta recorre hasta llegar a Dios y revelársele su presencia, que anuncia el canto delirante de un pájaro: "Verdadera ascensión de la poesía, hasta la categoría, desde la anécdota; desde lo vivido en la realidad, a lo vivido en el prodigio, en la fantasía o en el sueño; desde la tierra humana (y nuestra, española), hasta la libre voz de Dios." ("La poesía de Gerardo Diego. Desde la altura de su "alondra". En Poetas españoles con temporáneos. Madrid, Gredos, tercera edición aumentada, 1965, p. 253).

Se inicia el soneto con un serventesio que le sirve al poeta para situarse en una doble coordenada espacial y temporal: en las ruinas de Numancia, y en una lenta tarde de agosto. El entorno físico de Numancia sugiere un pasado heroico de lucha por la libertad; una Numancia -en el "hoy" del poeta- reducida a unas silenciosas ruinas batidas por el viento. Y atardece en un día del mes más luminoso del año; y el poeta juega con la paronomasia agosto/augusto, que resalta la nobleza onomástica de ese mes -ya que el vocablo agosto deriva, etimológicamente, de Augustus, renombre del emperador romano Octaviano-. La reiteración de estructuras binarias (los modificadores directos del verso 2 -adjetivos "augusto y lento"- y modificadores indirectos del verso 3 -o complementos determinativos "del silencio y de la ruina"-, así como las aposiciones imaginativas del verso 4 -"alma de libertad, trono del viento"-) difunde por todo el serventesio cierto aire de equilibrado sosiego.

En el segundo serventesio expresa Gerardo Diego la esperanza de que va a producirse un acontecimiento excepcional y portentoso, que preludia la luminosidad del atardecer estival: al clima de serenidad ambiental se añade una atmósfera de claridad total -que subrayan los vocablos transparencia y diafanidad-. Y, nuevamente, el ritmo pausado y lento del serventesio se logra por medio de una equilibrada "arquitectura" sintáctica: tres sintagmas nominales complejos complementan al verbo pronominal "se hacía", y que ocupan los versos 5-6 (con el encabalgamiento suave "mina / de transparencia") , 7 y 8. Extraña y diáfana serenidad ambiental -algo así como una "expectación cósmica"- que envuelve el ánimo del poeta: el prodigio está próximo.

Y, de pronto, rompiendo la encalmada armonía, en medio del silencio, y sobre las ruinas que el viento bate, en contraste con una Numancia que sugiere soledad y muerte, surge el canto vital y alegre de un pájaro; canto delirante, mezcla de ilusión -"sin lira, / sin rama, sin atil,..."- y realidad -el pájaro, aun cuando no pueda localizarse su situación exacta, está "ahí", cantando febrilmente-; canto que -como afirma el poeta en el verso con que concluye el soneto- trae a su alma la certidumbre de Dios; y esa "revelación" le hace vibrar emocionado. El terceto adquiere un ritmo ágil y dinámico, acorde con su contenido.

En el terceto que cierra el soneto, Gerardo Diego expresa, en sorprendentes e intensas metáforas, cómo la libre voz de Dios, entrañable y amistosa, le cala hasta el tuétano de los huesos. La "revelación" se ha producido: vida y alegría sobre soledad y muerte. Así es la voz de Dios que el hombre recibe, vivida como risa y charla <...> libre y desnuda." Y hacía falta un poeta -Gerardo Diego- para sabernoslo comunicar.

Desde una perspectiva métrica, el soneto es técnicamente perfecto; pero ofrece ciertas novedades respecto del modelo "clásico": en primer lugar, los cuartetos han sido sustituidos por serventesios (con rimas cruzadas: ABAB, ABAB); y, por otra parte, los tercetos presentan la rima CCD, EDE (empleada, asimismo, en otros célebres sonetos de Alondra de Verdad; como, por ejemplo, en los titulados "Insomnio", "Cumbre de Urbión", etc.).

El siguiente esquema rítmico pone de manifiesto la riqueza acentual del soneto. El acento que recae en la décima sílaba de los endecasílabos es el estrófico (y de ahí que los acentos en sílaba par sean rítmicos, y en sílaba impar extrarrítmicos) . Los diferentes tipos de acentos (51 en total, entre rítmicos, extrarrítmicos y antirrítmicos -extrarrítmicos vecinos de uno rítmico-) se indican, respectivamente, con las letras R, E, A. Los endecasílabos quinto y undécimo son de tipo sáfico, con acentos en cuarta y octaba silabas, además del estrófico en décima; y el sexto sólo lleva acentos en las sílabas cuarta y décima, aunque la sílaba -ne- (la octava) de la palabra "desvanecimiento" podría sentirse como tónica.

Verso 1. Sílabas acentuadas: 1 (E), 4 (R), 6 (R), 10.
Verso 2. Sílabas acentuadas: 2 (R), 6 (R), 8 (R), 10.
Verso 3. Sílabas acentuadas: 2 (R), 6 (R), 10.
Verso 4. Sílabas acentuadas: 1 (E), 6 (R), 7 (A), 10.
Verso 5. Sílabas acentuadas: 2 (R), 4 (R), 8 (R), 10.
Verso 6. Sílabas acentuadas: 6 (R), 10.
Verso 7. Sílabas acentuadas: 4 (R), 6 (R), 10.
Verso 8. Sílabas acentuadas: 3 (E), 6 (R), 10.
Verso 9. Sílabas acentuadas: 1 (E), 4 (R), 6 (R), 10.
Verso 10. Sílabas acentuadas: 2 (R), 6 (R), 7 (A), 10.
Verso 11. Sílabas acentuadas: 1 (E), 4 (R), 8 (R), 10.
Verso 12. Sílabas acentuadas: 1 (E), 4 (R), 6 (R), 10.
Verso 13. Sílabas acentuadas: 1 (E), 3 (E), 6 (R), 7 (A), 10.
Verso 14. Sílabas acentuadas: 2 (R), 6 (R), 10.