La exuberante belleza del lenguaje poético de Vicente Aleixandre

El autor al alcance de los lectores infantiles

Ciclo I Primaria
El más pequeño
El niño raro
Ciclo II Primaria
El niño murió
La hermanilla
En el lago

Ciclo III Primaria
El visitante
Al colegio
La clase

Ciclo III Primaria

El visitante

Aquí también entré, en esta casa.
Aquí vi a la madre cómo cosía.
Una niña, casi una mujer (alguien diría: qué alta, qué guapa se está poniendo),
alzó sus grandes ojos oscuros, que no me miraban.
Otro chiquillo, una menuda sombra, apenas un grito, un ruidillo por el suelo,
tocó mis piernas suavemente, sin verme.
Fuera, a la entrada, un hombre golpeaba, confiado, en un hierro.
Y entré, y no me vieron.
Entré por una puerta, para salir por otra.
Un viento pareció mover aquellos vestidos.
Y la hija alzó su cara, sus grandes ojos vagos y llevó a su frente sus dedos.
Un suspiro profundo y silencioso exhaló el pecho de la madre.
El niño se sintió cansado y dulcemente cerró los ojos.
El padre detuvo su maza y dejó su mirada en la raya azul del crepúsculo.

Historia del corazón. La mirada extendida.
Madrid: Espasa-Calpe.

Este poema pertenece a "La mirada extendida", la segunda parte de Historia del corazón. En la primera, "Como el vilano", el poeta parece vivir en su juventud pero al mismo tiempo que vive, reflexiona, analiza el paso del tiempo y entiende la que la vida es algo más que una sucesión de temporalidades. A él le interesa ser siempre, ser sin tiempo. En los poemas de la serie "La mirada extendida", el hombre-poeta se vuelve hacia su entorno, mira a su alrededor y contempla el mundo. Y lo hace en busca de los otros, no desea sentirse ni estar solo; quiere la compañía de otros para reconocerse en ellos.

En "El visitante" se produce ese encuentro; el poeta lo provoca y para ello no duda en introducirse en una casa ajena en busca de sus moradores; pero estos parecen ignorar por completo su presencia, no le miran, no le contestan, ni siquiera llegan a verle. Pero esta actitud aparentemente despreciativa o negadora de la realidad del otro, es tan sólo aparente como el propio Aleixandre se apresura a subrayar en el texto:

"Un viento pareció mover aquellos vestidos.
Y la hija alzó su cara, sus grandes ojos vagos y llevó a su frente sus dedos.
Un suspiro profundo y silencioso exhaló el pecho de la madre.
El niño se sintió cansado y dulcemente cerró los ojos.
El padre detuvo su maza y dejó su mirada en la raya azul del crepúsculo".

Es decir, la comunicación entre el visitante-poeta y los habitantes de la casa va más allá de lo aparente, de lo sensitivo, y se sitúa en lo profundo, en lo casi místico: el intruso es "invisible", pero lo "sienten", perciben su espíritu, su esencia, su energía cósmica y cordial (de "corazón", de "amor"). Todos reaccionan a su manera: alzando la cara, suspirando (en un intento de llenarse de vida), sosegando el ánimo hasta buscar el sueño... Concha Zardoya lo expresa portentosamente en su magnífico estudio sobre Historia del corazóni:

"El poeta ha entrado como un viento, como algo hondo y mágico. No le han visto, pero ha penetrado las almas, tocando con su gracia o su presencia los actos del vivir cotidiano. El poeta no nos cuenta lo que siente sino cómo le sienten las gentes sencillas: no le ven, no le reconocen, pero intuyen que algo -la Poesía- les ennoblece al pasar cerca de ellos. Así: «El padre detuvo su maza y dejó su mirada en la raya azul del crepúsculo». La invisible presencia del visitante, secretamente, le hizo cesar en su trabajo y mirar al cielo".

Economía de gestos y reacciones, pero también economía de palabras y expresiones complejas: una vez más, yuxtaposición de ideas, de sentimientos; palabras cristalinas y nítidas, pero a la vez impactantes y precisas; buscan provocar una reacción en el lector, hacerle escuchar un eco en su corazón, tal vez al despertar un recuerdo, tal vez al hacer presente un sueño escondido.

Verbo exacto y minucioso, pero despojado de todo artificio y toda envoltura conceptual; deseo de llegar a todos, huyendo de la exquisitez clasista de lo complejo y culto. Palabra abierta, desnuda, acariciada tan solo por la brocha del sentimiento:

"Otro chiquillo, una menuda sombra, apenas un grito, un ruidillo por el suelo,
tocó mis piernas suavemente, sin verme".

Así logra Aleixandre una doble comprensión por parte del lector: una primera comprensión que es complicidad, compartir sus sentimientos, sus deseos de llegar a los otros para darles lo mejor de sí mismo -su espíritu-; el lector se solidariza con el escritor, se pone en su piel y decide sin duda acompañarle en su viaje hacia los demás seres humanos para intercambiar con ellos la energía que brota de su corazón.

Y, con su lenguaje poético sencillo y desprovisto de todo artificio retórico, Aleixandre logra la otra comprensión, la semántica, que es la que más le preocupa como escritor: ya se ha dado cuenta de que no tiene sentido crear poemas crípticos que sólo parecen -¡dicen!- entender unos pocos privilegiados. Ahora se afana en barnizar cada una de sus palabras con una pátina transparente que permita que el significante deje transpirar a su significado. Lucidez conceptual, maestría creativa.