El virtuosismo formal
de Alberti
         
   

Alberti al alcance de los lectores infantiles
(Educación Primaria)

   

Nana de la cabra
Nana de la cigüeña
Nana de la tortuga
¡A volar!
Traje mío, traje mío
Pregón submarino
El lancero y el fotógrafo

   


Nana de la cabra

La cabra te va a traer
un cabritillo de nieve
para que juegues con él.

Si te chupas el dedito,
no te traerá la cabra
su cabritillo.

Marinero en tierra
Primera parte. Nanas
Ed. Castalia. Col. Clásicos Castalia, núm 48.

   
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Alberti se dirige directamente al niño en esta hermosa nana y lo hace para ganar su atención y darle mayor fuerza emotiva al poema. Asimismo, redobla el matiz afectivo de toda la composición empleando tres de los elementos más queridos por los niños: el juego (para que juegues con él), los animales (la cabra /un cabritillo de nieve) y, por qué negarlo, los regalos (te va a traer un cabritillo).
Conviene fijar la atención también en el papel que desempeñan los diminutivos (cabritillo/dedito) en el poema. En ambos casos hay una doble intención: por un lado, establecer una asociación conceptual entre el propio niño y el pequeño animal que le permita identificarse con él y situarle en el mismo plano que sus amigos de juegos; y, por otro lado, Alberti introduce una pincelada de ternura al convertir al animal en un ser pequeño y juguetón y al dotar al dedo del niño (todos sabemos la importancia psicológica y afectiva que tiene este apéndice físico en la infancia) de un protagonismo narrativo delicado y sensual (la acción de chuparse el dedo es para el niño un acto rebosante de placer).
Aunque los auténticos protagonistas de la nana son la cabra y el cabritillo, el niño que escucha o lee el poema establecerá, sin duda alguna, un claro y vigoroso paralelismo entre estos animales y su propia realidad familiar: la cabra es su propia madre, quien con todo su amor trata de convencerle de que ya es mayor para chuparse el dedo y para ello recurre al juego simbólico y le promete un regalo si abandona ese hábito infantil.
El niño sabe que no hay ninguna cabra que le vaya a traer un cabritillo para jugar con él, pero admitirá la escenificación simbólica que le ofrece su madre e incluso asumirá el papel del cabritillo alegre y retozón que merodea con vitalidad alrededor de la mamá/cabra.
Tal vez el verso más hermoso, el más cargado de lirismo, es el segundo (un cabritillo de nieve) y convendrá detenerse en él cuando hablemos del poema con los niños porque si les hacemos descubrir la hermosa metáfora que crea Alberti (nieve = blanco = tierno = delicado = suave), estaremos sentando las bases de la educación literaria al acrecentar la sensibilidad estética de los pequeños lectores.

   
   

Nana de la cigüeña

Que no me digan a mí
que el canto de la cigüeña
no es bueno para dormir.

Si la cigüeña canta
arriba en el campanario,
que no me digan a mí
que no es del cielo su canto.

Marinero en tierra. <Primera parte. Nanas>
Ed. Castalia. Col. Clásicos Castalia, núm. 48

   
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Alberti en esta nana logra crear en el lector un universo simbólico sereno, sosegado, etéreo y sutil porque juega con una imagen multidimensional: si entre el campanario y la cigüeña podemos encontrar similitudes (por su elegancia, quietud y esbeltez), no es menos aventurado intuir intenciones metafóricas en el autor al asociar la sensación de levedad y volatilidad de los sueños con el cálido murmullo del canto de la cigüeña.
Pero cabe preguntarse (y cuestionar inmediatamente al lector infantil que se enfrenta a la Nana de la cigüeña) por qué Alberti afirma que el canto de la cigüeña es del cielo. ¿Se refiere a que es tan hermoso que parece un canto divino, arrebatador, angelical? ¿O tenemos que entender más bien que tanto el campanario como su inquilina están en lo más alto de la iglesia y, por eso, parecen tocar el cielo con la punta de sus plumas?
Mas no tenemos que desechar una tercera interpretación, menos evidente, pero no por eso irreal: las cigüeñas son aves zancudas que son capaces de volar con elegancia y de construir nidos perfectos encima de los lugares más insospechados (postes eléctricos, señales de tráfico, chimeneas...), pero nunca ha habido mortal o científico alguno que haya disfrutado de su canto sencillamente porque las cigüeñas no cantan. ¿Qué debemos pensar en conclusión? ¿Qué Alberti desconocía este dato o más bien que lo obvió y reconvirtió a su favor como una herramienta más de su recreación literaria? ¿Qué nos impide pensar que el canto de la cigüeña que propugna Alberti no es un fruto excepcional, milagroso, de la mano divina que armoniza el cosmos?
Muchos han sido los filósofos (como Popper en su lógica de la ciencia) y teólogos que a lo largo de la historia de la humanidad han empleado la expresión negativa de una idea (principio de negación de la argumentación lógica) precisamente para reafirmar con mayor rotundidad su tesis. Este recurso lingüístico invade toda la nana que comentamos: cuando Alberti nos dice "que no me digan a mí/ que el canto de la cigüeña/ no es bueno para dormir" o "que no es del cielo su canto" está diciéndonos apasionadamente todo lo contrario: que el somnífero más natural y gozoso del mundo es dejarse arrullar por la melodiosa (e irreal) cadencia gutural de esta zancuda.
   

   

Nana de la tortuga

Verde, lenta, la tortuga.
¡Ya se comió el perejil,
la hojita de la lechuga!

¡Al agua, que el baño está
rebosando!

¡Al agua,
pato!

Y sí que nos gusta a mí
y al niño ver la tortuga
tontita y sola nadando.

Marinero en tierra. <Primera parte. Nanas>
Ed. Castalia. Col. Clásicos Castalia, núm. 48

   
 

1. Completar esta adivinanza colocando las siguientes palabras en el lugar correcto:
—Tortuta
—Casa
—Madruga


La vieja que no
Para salir de su    
Porque cualquier le pasa    
Triste y lenta, la    
   
2. Buscar en el poema las palabras que terminan igual (que riman) que éstas:

Tortuga
Rebosando    
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3. ¿En qué se parecen una tortuga, una lechuga y una hojita de perejil? Son seres vivos verdes. Escribir tres nombres de animales y de plantas que sean de ese color.

4. Muchas veces los poetas usan los diminutivos para hacer que las palabras nos parezcan más bonitas, incluso para que las queramos más. Alberti emplea en esta nana dos diminutivos. Vamos a explicar una de ellas. Tonta normalmente es un insulto, pero al usar el diminutivo Alberti le da una pincelada de ternura y cariño a la palabra y la hace amable porque es cierto que las tortugas parecen un poquillo atolondradas.

5. Los poemas son estupendos para expresar sentimientos. ¿Cómo se sentía el poeta cuando escribió esta nana? Observemos que las admiraciones y algunas palabras (baño, agua, nadando) transmiten la alegría de Alberti al contemplar a la simpática tortuga.

6. A veces una palabra se emplea con una intención doble: con la que nos da su significado y con el deseo del poeta de transmitirnos una idea parecida. Eso es lo que pasa con la expresión ¡al agua, pato! de este poema. Todos sabemos lo que es un pato (un ave acuática), pero aquí Alberti la usa con la intención de resaltar también que la tortuga es un poco patosa.

7. En las poesías infantiles los poetas suelen intentar implicar afectivamente a los pequeños lectores en el relato. Explicar los versos siguientes fijándose en que el niño del que habla Alberti es el propio lector al que, sin duda, le encantan las tortugas:

Y sí que nos gusta a mí / y al niño ver la tortuga / tontita y sola nadando.

8. Explicar oralmente al grupo cómo es nuestra mascota, cómo la cuidamos, qué le damos de comer, dónde vive, cómo se llama...

9. Ilustrar el poema tratando de incluir todos los detalles importantes: la tortuga, la lechuga, el perejil, el baño rebosante, etc.

   
   

¡A Volar!

Leñador,
no tales el pino,
que un hogar
hay dormido
en su copa.

­Señora abubilla,
señor gorrión,
hermana mía calandria,
sobrina del ruiseñor;
ave sin cola,
martín-pescador,
parado y triste alcaraván;

¡a volar,
pajaritos,
a la mar!

Marinero en tierra. <Primera parte: El pino verde>
Ed. Castalia. Col. Clásicos Castalia, núm. 48

   
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Estamos ante uno de los poemas más intensos y emocionantes de Alberti; y lo es no porque nos hable de sentimientos apasionados o trascendentes sino porque está construido con minuciosidad, cuidando todos los detalles, para alcanzar su objetivo: conmover al lector por la sencillez del verbo y la vehemencia disimulada de las evocaciones que provoca.
Se intuye a lo largo de toda composición una tensión que va evolucionando in crescendo: se parte de una súplica, de una queja sentida y melancólica (¡por favor, leñador, no tales el pino en el que moran mil y un aves deliciosas!), para abrumar intencionadamente al lector con una estudiada retahíla de posibles moradores del árbol y terminar con una exultante explosión de gozo, de algarabía (¡echad a volar, pajaritos!).
Y analicemos los "trucos" de los que se vale el poeta para aumentar la emoción del lector: a fin de incrementar el dramatismo, no duda en emparentar a las aves moradoras del pino, aunque cae en una paradoja: elige con cuidado aquellos pájaros cuyo nombre o características son más "significativos" para el lector, aunque para ello tenga que caer en incrongruencias "de escándalo" (la calandria y el ruiseñor no anidan en los árboles sino en el suelo; el martín pescador crea su hogar en los taludes arenosos próximos a los ríos; pero el alcaraván ¡no construye nido alguno!).
La emoción con la que concluye el poema tampoco es casual: para Alberti el éxtasis de la alegría se alcanza con la contemplación y la proximidad del mar. ¡Por eso invita a las aves a levantar el vuelo precisamente hacia la mar! (emplea el femenino para redoblar el matiz emotivo).
Pero debemos aprovechar el texto para comentar a nuestros alumnos otros tonos que parecen menos intensos en este cuadro lírico pero que les ayudarán a despertar en su capacidad de sorpresa y apreciación de lo bello. Con la elección de la calandria Alberti apuesta por un ave apreciada sobre todo por su melodioso canto; pero no hay que olvidar un detalle: para que la calandria cante y nos regale su melodía de amor tiene que alzar el vuelo. Sabedor de esta peculiaridad, el poeta arenga a los pajaritos para que abandonen el suelo y emprendan un alborozado paseo por los cielos.
¿Por qué define Alberti al alcaraván como un animal parado y triste? Los pequeños lectores no sabrán la respuesta por lo que al ofrecérsela estaremos ayudándoles a descubrir que el lenguaje metafórico permite emplear imágenes conceptuales que doten a nuestra expresión literaria de lirismo, tensión dramática o emoción. El alcaraván es un ave enigmática, de grito lastimero y costumbres nocturnas lo cual ha creado a su alrededor una apasionada leyenda de misterio (Alberti nos lo describe "parado y triste").
¡Qué fácil y vulgar hubiera sido iniciar el poema pidiendo al leñador que no talara el pino porque "hay un nido entre sus ramas"! Y qué hermosa y evocadora resulta la elección creativa de Alberti (un hogar / hay dormido / en su copa). Las palabras no están escogidas al azar: en vez de "nido", hogar; en vez de "hay colgado", hay dormido. Porque hogar expresa calor, amor familiar; y al decir que el nido está dormido, le está dotando de vida, de sentimiento.
Tampoco debemos dejar pasar la ocasión de comentar, aunque sólo sea ligeramente, el doble destinatario que tiene este poema: por un lado, el poeta se dirige al leñador, al que ruega; pero más tarde se vuelve con emoción hacia las aves y las invita no sólo a salvarse de la muerte sino a alcanzar el delirio de la felicidad: el mar. De este modo estaremos comenzando a construir la formación literaria de nuestros alumnos.

 
   

Traje mío, Traje mío

¡Traje mío, traje mío,
nunca te podré vestir,
que al mar no me dejan ir!

¡Nunca me verás, ciudad,
con mi traje marinero;
guardado está en el ropero,
ni me lo dejan probar!

¡Mi madre me lo ha encerrado,
para que no vaya al mar!

Marinero en tierra. <Segunda parte. Ilusión>
Ed. Castalia. Col. Clásicos Castalia, núm. 48

   
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Tensión emocional, pasión contenida, sentimiento. Éstas son sin duda alguna las palabras que mejor definen este texto de Rafael Alberti. ¡Cuánta aflicción, cuánto dolor irradian cada uno de estos versos! El poeta está herido, lastimosamente deprimido porque las circunstancias de la vida (el traslado profesional de su padre y, por tanto, de toda la familia, a Madrid) le obligan a abandonar a su enamorada: la mar. Hacia ella siente un vehemente amor adolescente cargado de todos los ingredientes que poseen los sentimientos en esta etapa del crecimiento humano: idealismo, apasionamiento, fogosidad y utopía. Y es precisamente este maremagno de emociones el que le nubla el entendimiento y le hace perder el norte de sus reflexiones: lejos del mar nada tiene sentido porque su corazón se siente perdido.
Todas estas reflexiones, cada una de estas sensaciones, las tiene presentes Alberti cuando gesta este poema. Y estamos seguros de que los versos le salen vertiginosamente, con precipitación, sin necesidad de medirlos ni de retocarlos: tan clara es la sensación de amargura que siente al verse alejado de su Puerto de Santa María natal y, por ende, de la mar, el auténtico sentido de su existencia. Hasta entonces había vivido alrededor de sus aguas, sus mareas y sus olas: se escapaba de la escuela (hasta el punto de que le echaron de ella por indisciplina) tan solo para acudir al encuentro de su amada y poder entregarse a ella en un embriagador frenesí de espuma, frescura y luz.
¿De qué elemento cercano se sirve Alberti para "concretar" su desesperación? De algo tan trivial y mundano como una prenda de vestir: su traje de marinero. Y es que no se trata de cualquier ropa, sino del uniforme de gala con el que, desde su infancia, se presentaba ante la niña de sus ojos ­la mar­ para que también ella le encontrara atractivo y se enamorara de él. Los dos últimos versos no sólo encierran tristeza sino también una queja: su madre ha guardado su traje no porque en Madrid no hay mar (hasta aquí habría lógica), sino para que el joven Rafael no sienta deseos de volver al Puerto vestido de marinero como en su infancia. El traje pasa de ser un objeto utilitario (prenda de vestir) para convertirse en el depositario de un mar (nunca mejor dicho) de símbolos: nostalgia, tristeza, infancia perdida, añoranza de un tiempo pasado que fue mejor y más libre, "refugio amoroso, fresca guarida".

   
   

Pregón submarino

¡Tan bien como yo estaría
en una huerta del mar,
contigo, hortelana mía!
En un carrito, tirado
por un salmón, ¡qué alegría
vender bajo el mar salado,
amor, tu mercadería!

­¡Algas frescas de la mar,
algas, algas!

Marinero en tierra. <Segunda parte. Pregón submarino>
Ed. Castalia. Col. Clásicos Castalia, núm. 48

   
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1. El poema que comentamos tiene la forma de un pregón. Investigar quiénes eran los pregoneros, dónde solían vivir y en qué consistía su trabajo. ¿Existe hoy en día algún oficio que tenga una forma de expresarse parecida a la de los pregoneros? ¿Qué influencia han tenido los medios de comunicación en la desaparición de los pregones?
He aquí un ejemplo de pregón. Tras su lectura silenciosa y comprensiva, tratar de construir otro pregón similar anunciando la boda entre Alberti y su enamorada marina, la venta de productos marinos o cualquier otro acontecimiento.

¡Algas frescas de la mar,
conchas, cangrejos y almejas!
¡Vendo caballitos de agua,
y del mar lindas estrellas!

2. Analizar cómo va subiendo la tensión emocional del autor a lo largo del texto (nostalgia, alegría, algarabía, pasión hilarante). Localizar en el texto los versos que se corresponden con cada uno de estos sentimientos.

3. ¿Qué expresiones y palabras muestran la pasión amorosa que siente el autor hacia su amada hortelana? <hortelana mía, amor>

4. ¿Qué significado tiene la palabra mercadería? Buscar algún sinónimo más usual.

5. Estaría, mía, alegría, mercadería son palabras que terminan en -ía. Por eso se dice que los versos en los que están riman unos con otros. Buscar otras palabras que pueden rimar con ellas.

   
   

El lancero y el fotógrafo

­¡Quiero retratarme, quiero,
con mi traje de lancero,
con mi casco y su plumero,
y quiero ser el primero!

­Quietecito, quietecito
con la lanza, el caballero,
que va a salir, volandero,
de esta casa, un pajarito.

­¿Qué pajarito?
­Un pajarito jilguero.

­¡Pues lo quiero!
­¡Qué mal lancero!

El alba del alhelí. <Primer libro: El blanco alhelí. Estampas, pregones, flores, coplillas..., 2>
Ed. Castalia. Col. Clásicos Castalia, núm. 48

   
   

1. Subrayar la última palabra de cada verso. Observar sus terminaciones y clasificarlas en grupos: sólo se crean dos categorías (-ito y -ero). Reflexionar sobre la importancia que tienen las terminaciones de la última palabra de cada verso en la rima.

2. Indentificar los personajes del poema y analizar cómo se manifiesta cada uno de ellos (el niño, caprichoso, contestón, vanidoso; el fotógrafo, primero contemporizador, después, enfadado). ¿En qué versos encontramos descrito el carácter de ambos?

3. Existe un campo nocional entre las palabras lancero, lanza, casco y plumero. Tratar de construir otro campo nocional con palabras elegidas libremente (ej: portero, guantes, gorra, balón).

4. Analizar el número de sílabas que tiene cada verso. Dirigir la reflexión de modo que los alumnos descubran que los ocho primeros versos tienen todos ocho sílabas (el profesor tendrá que hacer caer en la cuenta de que en ciertos casos la sílaba final de una palabra se une a la inicial de la siguiente para formar una sola (ej: cas-co__y).

5. ¿Qué función tienen los diminutivos que aparecen en el poema? Estudiar el carácter conceptual y semántico que les imprime el autor. ¿Con qué intención los emplea el fotógrafo?

6. Buscar en el diccionario la palabra volandero. ¿Es ese significado el que le da Alberti? ¿Es usual el sentido con el que la emplea el autor? Localizar, por otro lado, sinónimos de esta palabra. ¿Por qué otra palabra más habitual podríamos sustituirla? Reflexionar sobre el motivo (para lograr la rima del verso con el anterior) por el que Alberti se decide por este vocablo en vez de, por ejemplo, volador.

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