La asignatura de la FP

Uno de los objetivos de la reforma de la Ley Orgánica de Educación que prepara el Gobierno será potenciar la formación profesional. El ministro del ramo, José Ignacio Wert, pretende adoptar medidas para lograr el aumento de estudiantes de formación profesional, cuyo número es inferior a los que cursan bachillerato. Actualmente la proporción es del 32,1 por ciento frente al 67,9 por ciento. Lo ideal, a su juicio, sería equilibrar estos porcentajes. Así lo exige el mercado laboral, puesto que hay más demanda de mano de obra cualificada que de bachilleres y universitarios.
La citada voluntad expresada por el ministro de Educación incita a varias reflexiones previas. La primera es la constatación de que la formación profesional en España roza el calificativo de desastre por su mala calidad, por su falta de adaptación a las necesidades que demanda el tejido productivo y por el desprestigio social que acredita. La rigidez del sistema que regula esta rama educativa, su excesiva burocratización, el diseño académico de las disciplinas que imparte y su desconexión de la realidad empresarial y tecnológica son las principales causas de la situación actual.
El ministro de Educación no debería caer en el error de querer aumentar el número de estudiantes de formación profesional sólo por la vía de endurecer el acceso de los estudiantes al bachillerato. Eso únicamente reforzaría la imagen de pelotón de los torpes que tiene esa rama de la enseñanza. Sería muy grave. Lo que necesita España es todo lo contrario: prestigiar la formación profesional. Pero no sólo de palabra, ni con campañas de relaciones públicas, sino como consecuencia de elevar su calidad, de forma que aporte al país jóvenes cada vez mejor preparados, de acuerdo con las necesidades de las empresas, para incorporarse exitosamente al mercado laboral.
El ideal de la formación profesional española debe ser el sistema que se aplica en Alemania, que es el mejor del mundo, y que combina enseñanza y práctica con una participación determinante de las empresas en su definición y organización. Romper el corsé de todos los corporativismos e intereses administrativos, patronales y sindicales que se han acumulado en torno a la formación profesional es una tarea que, a estas alturas, supera a cualquier gobierno. Se hace imprescindible un gran pacto por la formación profesional entre todas las partes implicadas para lograr un nuevo sistema que propicie la excelencia, en beneficio de nuestros jóvenes, de su futuro empleo y de las necesidades productivas del país.

La Vanguardia. 9 de mayo de 2012

¿Tarea para padres o para hijos?

Que ningún padre se equivoque: los deberes escolares son responsabilidad de los hijos. Aunque, sin duda, los progenitores no pueden descuidar su papel en las tareas escolares, pero tampoco estresarse o agobiarse por ello. Como en todo, se trata de encontrar el equilibrio. A los padres les corresponde vigilar, apoyar y seguir que los chicos cumplan con los trabajos encargados por el profesor, e incluso, a veces, hasta resolver las dudas que surjan, pero nunca, y en ninguna caso -dicen los expertos-, pueden hacer los deberes.
La carga que suponen para muchos padres las tareas escolares ha abierto un debate de plena actualidad en Francia. Sin embargo, en España, la mayor parte de la comunidad educativa defiende el valor de los deberes en casa. De hecho, parece que las familias también tienen asumida esa responsabilidad, pues el 80 por ciento de los alumnos en primaria reciben ayuda de sus padres para hacer los deberes y el 45 por ciento de los estudiantes en Secundaria, según la “Encuesta sobre los hábitos de estudio de los niños españoles”, realizada por TNS Demoscopia.
“Los deberes afianzan muchos aprendizajes de clases, sobre todo en etapas clave, como el aprendizaje de la lectoescritura o del calculo numérico”, afirma Silvia Álava, directora de área de infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, y aportan además valores de gran trascendencia para los niños, como explica el pedagogo y profesor de la Escuela de Familia de la Fundación Proforpa, José Luis Carbonell. “Ayudan a estructurar el tiempo, a crear hábitos de trabajo de orden y superación, estimular el aprendizaje del colegio, permiten ejercer la responsabilidad y refuerzan el razonamiento y la memoria”. Y eso se hace, casi, desde la cuna (…)

M.J. Pérez-Barco
ABC. 9 de mayo de 2012.