Un gótico catalán

Las obras maestras reunidas en la muestra Cataluña 1400 ofrecen una
nueva perspectiva del arte de este periodo  medieval

Uno de los ciclos más creativos en la historia del arte catalán, el que se inicia a finales del siglo XIV y se alarga hasta mediados del siglo XV, dio artistas como Lluis Borrassà, Rafael Destorrents, Pere Joan o Bernat Martorell. El Museu Nacional d’Art de Cata- lunya muestra su importancia dentro de la corriente europea del Gótico Internacional.

JULIA FERNÁNDEZ
Una historia de conexiones culturales y de excelencia artística autóctona alimenta el proyecto Cataluña.1400. El Gótico Internacional, puesto en marcha por el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC). En su origen, el proceso de diálogo y síntesis que, a lo largo del siglo XIV, se produjo en Europa entre los dos grandes polos de la modernidad artística: por un lado París, el norte de Francia y los antiguos Países bajos, y por el otro el ámbito centroitaliano, principalmente la Toscana. Este proceso cristalizaría alrededor del 1400 en un nuevo código estético que, formulado primera y fundamentalmente en un ámbito francés y “franco-flamenco”, adquiriría connotaciones internacionales, al expandirse por Europa: el Gótico Internacional.
Cataluña reinterpretó con originalidad esta corriente estilística, marcada por los contrastes y que combinaba, en un peculiar equilibrio, la filigrana y la observación de la naturaleza, la elegancia y la expresión, el lujo material y la habilidad del artista. El fruto de estas experiencias constituye uno de los momentos más plurales e intensos del arte catalán que estos días, hasta el 15 de julio, es documentado con algunas de sus obras más significativas en el MNAC.

Aún desconocidos

“Es la primera exposición de conjunto que se organiza en Cataluña dedicada a una etapa del arte gótico catalán”, comenta Rafael Conrnudella, Jefe del Área de arte gótico del MNAC y responsable principal de la muestra. “Queremos romper la paradoja de que nombres ampliamente reconocidos por los especialistas extranjeros y que están en todos los manuales de la época –como Lluis Borrassà, Rafael Destorrents, Pere Joan y Bernat Martorell- sean todavía unos auténticos desconocidos para los catalanes”.
Muy selectiva y rica, Cataluña 1400. El gótico internacional reúne sesenta obras, “las mejores del momento”, de diferentes géneros y tamaños. El retro tabulum (retablo), el mueble situado detrás del altar, considerado la expresión más genuina de la pintura catalana sobre tabla desde el siglo XIV, es el eje sobre el que se construye un recorrido que está dividido en once etapas temáticas: París-Barcelona: el afrancesamiento de una cultura; Tradición e innovación en la orfebrería catalana; Artistas autóctonos y artistas extranjeros; Rafael Destorrents y la renovación de la miniatura; El retablo, expresión distintiva de la pintuira catalana; El valor de los itinerarios formativos; Los acentos de la pintura y la escultura: una pluralidad de centros; Bernat Martorell: última eclosión del estilo internacional en Cataluña; Los dibujos escondidos; Bernat Martorell y el lujo de la pintura y El final de un ciclo y la presión del realismo.

Retablo de Sant Jordi

El MNAC, que es conocido internacionalmente por la importancia, tanto en términos cualitativos como cuantitativos, de sus colecciones de arte medieval, ha logrado reunir para la ocasión obras de diferentes museos y bibliotecas de Cataluña, resto de España y del extranjero. Muchas de las obras provienen también de iglesias parroquiales o monásticas, de catedrales y otras instituciones de la Iglesia, así como de instituciones civiles, como el Palacio de la Generalitat o el Ayuntamiento de Lérida.
Entre sus más significativas están cuatro tablas del retablo de Sant Jordi, que Bernat Martorell pintó entre 1434 y 1437 para la capilla dedicada al santo en el Palacio de la Generalitat, en Barcelona. Diversos avatares históricos hicieron que fueran vendidas al Louvre, museo que las ha cedido excepcionalmente para esta ocasión.       
Otra pieza que sorprende es el Misal de Santa Eulàlia, de Rafael Destorrents, una auténtica Capilla Sixtina en pergamino, con escenas en las que los clérigos no quedan muy bien parados, y que nunca antes había salido de la catedral de Barcelona.
Grandes retablos de Borràssa, Joan Mates y Jaume Ferrer, de diferentes iglesias barcelonesas (Tarrasa y Villafranca del Penedés) y de Tarragona documentan la importancia que esta vertiente tuvo en el gótico internacional catalán. “Hacia 1400”, recuerda el comisario de Cataluña 1400, “el retablo muestra ya una fisonomía claramente autóctona y ha adquirido unas dimensiones considerables, de manera que las delicadas figuraciones procedentes de la Francia septentrional y del área neerlandesa se tienen que adaptar aquí a los requerimientos del género, el sistema de trabajo y las expectativas de los clientes locales”.
El Salterio y libro de horas, de Martorell, conservado en el Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona, y las piezas de orfebrería como una pequeña joya de metal dorado y pequeñas perlas, en forma de vaina de retama, utilizada por el rey Carlos VI de Francia y que es conservada en el capítulo de la Catedral de Barcelona, también forman parte de esta espléndida memoria artística que es culminación del importante ciclo de investigación que sobre el Gótico ha venido desarrollando el MNAC en los últimos años.