Un tercio de los escolares juega solo

Los niños españoles dedican poco tiempo al juego, que está supeditado a las actividades extraescolares, según un estudio

Más del 33% de los escolares juega solo, las madres les dedican más tiempo que los padres y los dispositivos electrónicos adquieren mayor presencia en los hogares españoles. Estas son algunas de las conclusiones de un estudio realizado por el Observatorio del Juego Infantil, promovido por la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes.

Madrid. ROSAURA CALLEJA
Mil familias con hijos entre los 3 y los 14 años de 17 comunidades autónomas han participado en esta investigación realizada en online. Su autora Petra María Pérez, catedrática de Teoría de la Educación de la Universidad de Valencia, asegura que la cantidad de juego es claramente insuficiente y que los niños necesitan jugar con otros niños para  su  desarrollo  integral  y no sólo para divertirse como expresa el

Un tercio de los niños de
3 a 5 años disponen de un juguete electrónico.

Las actividades al aire libre ocupan gran parte del tiempo libre, especialmente los fines de semana.

 

78,7% de los padres. De este informe se desprende que un tercio de los escolares juega solo y que comparten este tiempo más con adultos con que con otros niños de su edad. Mientras que solo un 4,1% lo hace con sus vecinos y un 63,8% con sus hermanos, un 27,4% con compañeros y amigos, un 53,2% con padres y un 59,1% con madres.
A través de estas encuestas se ha comprobado el uso generalizado de juguetes electrónicos, ya que los padres los consideran un instrumento fácil y eficaz de entretenimiento, aunque fomente la soledad. Si bien las madres establecen una buena comunicación y empatía con sus hijos, los padres ejercen más control frente a las madres que negocian más las normas de convivencia.
Según Petra Mª Pérez, los niños juegan menos debido al avance de la cultura urbana, a “la insularización” de la vida, a que las familias tienen un solo hijo o varios, pero con edades muy distantes, que el juego está supeditado a las actividades extraescolares, a la reducción de espacios y amigos para jugar y a la desaparición del trato con los vecinos.
Durante el fin de semana, casi la mitad de los niños se queda en casa y juega unas cuatro horas. Cuanto mayores son los padres y cuanto más hijos tienen, más juegan en familia. Otros prefieren hacerlo al aire libre, se reúnen con familiares o bien asisten a algún espectáculo o al cine. Por comunidades autónomas, en el tiempo libre las familias extremeñas son las que más se reúnen con la familia; las navarras suelen quedarse en casa y jugar; en Cataluña realizan actividades al aire libre; y en la comunidad valenciana acuden menos al cine o a algún espectáculo.

Juguetes

Por lo que se refiere a los juguetes, en primer lugar se sitúan los juegos de mesa y sociedad, las bicicletas, los puzzles y rompecabezas. De nuevo, este informe constata la implantación en todas las edades de los juguetes electrónicos, incluso entre los niños de 3 a 5 años. Por sexo, puntúan más las niñas en peluches, muñecas bebé y muñecas maniquí, así como los chicos, en dispositivos electrónicos.
Mientras que las madres tienen una mejor percepción de lo que significa el juego en el desarrollo infantil, el 88,6% considera que les ayuda a madurar y el 82,2% que es necesario estimularlo, los padres muestran un mayor desconocimiento del papel del juego y el 11,2% piensa que es un premio que se deben ganar.
En cuanto al tiempo dedicado al juego los días de colegio, los padres mayoritariamente creen que depende los días y de las actividades extraescolares. Este dato es significativamente mayor en padres de 35 a 44 años y con hijos de edades comprendidas entre 9 a 11 años, lo que se traduce en que las actividades extraescolares en esta edad tienen mayor incidencia. Globalmente se observa que el mayor porcentaje de juego se sitúa en la franja de una hora, aunque los fines de semana y vacaciones el 57,3% de los niños juega más de cuatro horas.

Evolución familiar

Petra María Pérez advierte de la profunda transformación que han experimentado las familias en las últimas décadas, con una pérdida de su función socializadora y  nuclearización creciente. “Lejos de un fin en sí misma, la familia  se convierte en un instrumento de realización personal”, donde los hijos forman parte de la calidad de vida de los padres y se amplía constantemente el grado de responsabilidad hacia los menores. Esta experta también reconoce que a los padres se les exige más que en épocas anteriores, cuando los niños podían jugar libremente por la calle o en casa con hermanos, vecinos o amigos.
“Antes se tendía a considerar a los niños como adultos en miniatura y hoy es una etapa de la vida con una forma de ver, pensar y sentir”, aclara. Así como, admite que hay una sobreprotección de los niños, eximiéndoles de responsabilidades, y éstos deben ir ganando en autonomía y desarrollar competencias sociales y emocionales básicas que el juego fomenta de forma natural.
“El juego entre iguales es básico para su desarrollo y educación ya que las relaciones sociales que se establecen con otros niños en el juego les ayudan a establecer límites, canalizar sentimientos y hacer posibles la cooperación y participación a través de estímulos compartidos”, explica. En consecuencia, “necesitamos conocer cómo son los contextos familiares de comunicación en relación al tiempo de ocio y juego por la funcionalidad o disfuncionalidad que para la familia tiene la calidad y cantidad de juego infantil”.

Integración social

Por su parte, José Luis Linaza, catedrático de Psicología Evolutiva de la Universidad Autónoma de Madrid afirma que el juego es un derecho, “porque es una necesidad” y, además, ayuda a madurar. Este experto en la integración mediante el juego pone el ejemplo de las comunidades Mapuche, asentadas en Chile y Argentina de forma muy dispersa. “En estas comunidades son imprescindibles las visitas para relacionarse e intercambiar información, y los niños imitan la conducta de los mayores reproduciendo a través del juego las visitas”.
Para Jaume Bantulà, profesor de Ciencias de la Educación en la Universitat Ramon Llull de Barcelona, “sin el juego no nos socializaríamos” y considera que en el tiempo de ocio es necesario incluir un espacio para el juego libre, con los iguales, sin la dirección de los adultos.
Imma Marín, directora de Marinva y especialista en educación, comunicación y formación a través del juego, diferencia entre el juego, que constituye el escenario, y el juguete que es el instrumento. Esta asesora pedagógica precisa que “el juego no está en el juguete, sino en la cabeza del niño”, pero destaca la importancia de elegir bien los juguetes: “que les gusten, que les interesen, que resulten estimulantes, seguros y variados”. A su juicio, “la variedad en el repertorio lúdico es importante para sus etapas de desarrollo”.
Estos expertos, miembros del Observatorio del Juego Infantil, coinciden en que el juego es uno de los primeros transmisores de cultura desde que nacemos, permite el desarrollo de la psicomotricidad, la inteligencia, la creatividad y la afectividad de los niños y constituye un gran vehículo de comunicación, fomentando las relaciones entre los padres, la familia y los niños.