Legado Sefarad

La Biblioteca Nacional explora la historia de la Biblia hebrea en España y muestra algunos de los más bellos manuscritos de la Edad Media

Conocer y comprender la cultura y práctica religiosa del Judaísmo medieval en la península ibérica es la propuesta central de la muestra Biblias de Sefarad: las vidas cruzadas del texto y sus lectores. En la selección de manuscritos
producidos y leídos por judíos y conversos españoles y portugueses se encuentra
una parte esencial de nuestra cultura.

JULIA FERNÁNDEZ
Son manuscritos que encierran una historia apasionante. Producidos y leídos por judíos y conversos de Sefarad, algunos fueron escondidos, otros censurados y requisados por la Inquisición, muchos atesorados por hebraístas cristianos, y en su mayoría compartieron exilio con sus propietarios. Pero si bien fueron muchos los manuscritos bíblicos que salieron de España con la expulsión de los judíos de Castilla y Aragón (1492), de Portugal (1497) y de Navarra (1498), también han sido muchos los que poco a poco, a lo largo de siglos, han ido regresando en forma de legados eclesiásticos o de colecciones particulares.
Tres años de investigación, en los que el Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS), del Consejo de Investigaciones Científicas, con el patrocinio de European Research Council y la colaboración de la Biblioteca Nacional de España, ha rastreado la historia de la Biblia hebrea en España, nos posibilitan ahora conocer, en la sala Hipóstila de la BNE hasta el 13 de mayo, una selección de sus más significativos volúmenes y fragmentos de estos manuscritos conservados en nuestro país.

La Biblia de Alba

“A lo largo de la Edad Media”, dice Javier del Barco, comisario de la exposición, “la Biblia hebrea constituyó uno de los ejes sobre los que giraba la vida religiosa y la producción cultural de los judíos de la Península Ibérica, denominada Sefarad en las fuentes hebreas. Centrándose en ella, esta exposición presenta una selección de los más bellos manuscritos bíblicos medievales y obras auxiliares a su estudio, o relacionadas con él, que pertenecen a colecciones españolas. Son textos que hacen visible ese legado cultural y emocional que después de la Edad Media, con la expulsión de los judíos, nos falta”.
Ocho secciones articulan Biblias de Sefarad: las vidas cruzadas del texto y sus lectores. La Biblia, que goza un lugar central en la cultura sefardí, abre el recorrido con una selección de los códices bíblicos más importantes que se conservan en España, entre los que está la Biblia de Alba, una de las pocas biblias hebreas que ha permanecido siempre en España. Perdida su pista después de su producción en el siglo XV, reapareció en manos de la Inquisición, y se entregó al Conde Duque de Olivares, antepasado de la actual Duquesa de Alba. Es una de las pocas traducciones completas al castellano que se conservan de la Edad Media, fue traducida por un judío, que trabajaba al unísono con dos monjes cristianos y hubo toda una negociación sobre quien imponía su criterio a la hora de traducir. Muy importante también por el programa iconográfico que despliega, esta es una de las escasas ocasiones que la Biblia ha salido de la casa de Alba.

Enriquecedora polémica

El cómo la Biblia servía de libro de texto para el aprendizaje del hebreo, teniendo en sus citas los ejemplos gramaticales modélicos, es motivo de reflexión en la sección Aprendizaje, donde también se exhiben diccionarios y obras de los siglos X y XI que ayudaron a asentar las bases del conocimiento científico de la lengua hebrea. El uso litúrgico de estos manuscritos, tanto privado como en la sinagoga, se muestra en Liturgia, un apartado que recoge entre otras piezas uno de los pocos Rollo de Ester de la Edad Media que se conservan completos, además de pequeños libros de oraciones para la liturgia diaria y para los días de fiesta o jornadas de ayuno.
La interpretación del texto bíblico a la luz de las corrientes intelectuales en los que los judíos de Sefarad tomaron parte activa es el tema desarrollado en Exégesis bíblica, donde se recoge entre otros interesantes manuscritos el Comentario a Isaías y a profetas menores, de Isaac ben Judá Abravanel (1437-1508), un rabino de la Castilla medieval que huyó de la península. El códice es posible que ingresara en El Escorial por adquisición del bibliotecario Benito Arias Montano.
Aunque los cristianos habían adoptado la Biblia hebrea –si bien cambiaron el orden de los libros y añadieron ciertos textos, llamándola Antiguo Testamento, a lo que sumaron toda una colección de libros que titularían como Nuevo Testamento- las diferencias respecto a la interpretación del texto bíblico entre judíos y cristianos de Sefarad fueron a veces radicales. El capítulo que se dedica a esta Polémica está ilustrado con textos como Fortalitium fidei contra judeos sarracenos aliosque christiane fidei inimicos, escrito por el franciscano Alonso de Espina en 1464.

Fe y ciencia

Los judíos de Sefarad fueron muy activos en la copia, adaptación, transmisión y creación de una literatura científica que, en su gran parte, procedía del legado griego traducido al árabe. Razón y revelación muestra la dedicación que tuvieron a la filosofía y ciencia “externa”, dedicando una atención especial al autor Maimónides que con sus Epístola sobre la resurrección de los muertos y Guía de perplejos tensó el debate entre fe y ciencia.
Los distintos usos del texto bíblico y su influencia en la arquitectura, poesía y ornamentación tienen cabida en Espacios de lectura y tipos de lectores, donde se dan ejemplos de cómo los versos de la Biblia aparecen en objetos personales, filacterias, amuletos, epitafios…o en los muros de las sinagogas mudéjares.
Son veinte las Biblias completas que se recogen en la muestra. En total, casi cincuenta piezas, entre manuscritos, documentos, objetos materiales y artísticos. El último apartado del recorrido, Coleccionismo en España, relata el camino, generalmente azaroso, que siguieron estas biblias y fragmentos hasta nuestros días. Excepcionalmente, alguna biblia, de todas cuantas fueron copiadas por Sefarad, no salió nunca de España, y forma parte de una de sus colecciones. En su inmensa mayoría, sin embargo, las biblias dejaron la Península con sus propietarios antes de 1498, fecha de expulsión de los judíos de Navarra, sufrieron el exilio, vivieron vidas distintas y, en un viaje de ida y vuelta, regresaron en algún momento a España.
“En todo el mundo se conserva únicamente un diez por ciento del total de ejemplares producidos en aquella época”, termina diciendo el comisario Javier del Barco. “Buena parte de los realizados en España se conservan fuera del país. Pero quedan obras lo suficientemente relevantes para reflexionar sobre el tema. Ha sido muy difícil reunir las obras. En muchos sentidos se trata de una muestra única”.