Día Escolar por la Paz, y aquí seguimos, como el primer día

En esta segunda parte del artículo, iniciado en el número anterior de
Comunidad Escolar, su autor se pregunta sobre todo por la metodología docente
en la Universidad y se plantea cómo estimular y orientar al estudiante universitario en una sociedad crecientemente compleja. Con finalidad práctica y en un marco pedagógico personalizador, se ofrecen diez claves que pueden contribuir a fomentar
una docencia universitaria de calidad

La Universidad: propuestas pedagógicas (yII)

Valentín Martínez-Otero
Profesor-Doctor en Psicología y en Pedagogía. Universidad Complutense de Madrid

EFLEXIONAREMOS  seguidamente sobre

el proceso de enseñanza-aprendizaje en el contexto educativo universitario y nos centraremos en cómo estimular y orientar al estudiante para que realmente alcance los objetivos propuestos, según he trabajado con profesores en diversos cursos impartidos por mí. En este afán formativo manejaremos realidades y conceptos de carácter didáctico y metodológico, como estrategias de enseñanza, procedimientos y actividades de aprendizaje, etc.
De modo sumario, podemos entender las estrategias de enseñanza como las actuaciones docentes que facilitan el aprendizaje significativo y participativo del alumno. Esta aseveración alberga la idea de colaboración entre profesor y estudiante, porque es menester resaltar el marco de relación interhumana en que la educación acontece.
Complementariamente, los procedimientos y actividades de aprendizaje son los pasos que el alumno da, con el asesoramiento del profesor, para lograr las metas establecidas. Estos avances en mayor o menor cuantía suponen activar funciones de índole perceptiva, reflexiva/cognitiva, heurística, expresiva/comunicativa, afectiva, estética, social, moral, volitiva, pragmática, etc. Desde luego, el proceso de aprendizaje varía según el alumno y, en la medida en que los estudiantes tienen diferentes estilos, es oportuno que la labor docente sea suficientemente amplia y flexible, de manera que las estrategias, recursos y métodos de enseñanza utilizados se correspondan todo lo posible con las diversas condiciones de los alumnos.

Diez dimensiones de la docencia universitaria

En pos de la correspondencia metodológica biunívoca entre la enseñanza y el aprendizaje que cabe promover, podemos tener en cuenta algunos aspectos fundamentales que se inspiran en diez dimensiones de la docencia universitaria de calidad consignadas por Zabalza (2009, 179-216):
1.- Diseño y planificación de la actividad profesoral en el marco de un proyecto formativo. La labor docente en el aula no se reduce a la transmisión de contenidos y, por ello, debe planificarse convenientemente, con atención tanto a la vertiente patente (v. gr., programa con sus diversos aspectos curriculares), como a la vertiente latente, en la que se incluye, por ejemplo, la actualidad, la sensibilidad, el valor orientador, la originalidad y la profundidad del programa. Pese a la desemejante “visibilidad”, el quehacer docente se compromete con estas realidades que son, por igual, propias de la auténtica educación universitaria. Esto supone que no hay que quedarse únicamente en el terreno cognoscitivo, sino que es positivo promover una formación de calidad mediante el cultivo del campo afectivo, social y ético.
2.- Atención al ambiente universitario. El ambiente psicosocial y físico que cabe fomentar se caracteriza por las siguientes notas: la comunicación, la cordialidad, la racionalidad y la estimulación sociocultural y científica. Esta realidad enmarcante tiene gran incidencia en el aprendizaje-enseñanza y, por supuesto, se ha de activar la autonomía del alumno, de manera que avance en su propio proyecto formativo. En lo que se refiere a la dimensión espacial y material, y hasta donde dependa del profesor debe procurar que haya elementos flexibles, por ejemplo, mobiliario y recursos tecnológicos que se adapten a las necesidades de los alumnos y a las diferentes actividades que convenga realizar, a veces en gran grupo, otras en grupos más reducidos y en ocasiones de forma independiente.
3.- Selección de contenidos relevantes y forma de presentación. Conviene que los contenidos temáticos de la asignatura queden enclavados en una propuesta abierta y flexible. En un marco de constante atención al alumnado, tanto individual como grupalmente, y de preparación cercana de la asignatura, esto es, la que antecede a la presentación de contenidos durante la clase, vemos muy oportuno que se tengan en cuenta muchos elementos interrelacionados de la situación de enseñanza-aprendizaje: las características de los estudiantes, sus conocimientos previos, los objetivos y las competencias que se quieren alcanzar, el tiempo, el discurso docente de naturaleza dialógica (cuyo sumario esquema, más entreverado que lineal, podría ser: explicación-coloquio-síntesis), las relaciones interhumanas, los materiales y recursos que se precisan, las actividades previstas, la evaluación, las orientaciones e indicaciones proporcionadas, etc.
4.- Materiales de apoyo a los alumnos. Considero que el profesor universitario, además de instructor, ha de cumplir una función tutorial y orientadora que se encamina a mejorar el aprendizaje de los alumnos, así como a fomentar y reforzar su proyecto formativo. Estas tareas pueden beneficiarse con materiales creados ad hoc, por ejemplo, un glosario o una guía didáctica. Por supuesto, se ha de contar con otros recursos que favorezcan la actividad autónoma de los estudiantes -individual o grupalmente considerados-, como documentos audiovisuales, apuntes, revistas y libros impresos o electrónicos en que se incluyan trabajos relevantes para la materia, ejercicios, etc. Desde luego, no podemos olvidarnos de la realidad educativa, lo que nos lleva a reparar en el significativo aprendizaje proporcionado por las situaciones de clase, las visitas y las prácticas. Esta experiencia directa, en un contexto heurístico guiado, resulta muy motivadora y a menudo es el mejor laboratorio.

Organización metodológica

5.- La organización metodológica. Grosso modo, el estilo de enseñanza que sugerimos se centra en el alumno, es decir, en la singularidad del estudiante (disposiciones, aptitudes, necesidades, circunstancia…), en un entorno de convivencia. Aunque hoy se detecten corrientes universitarias “masificadoras”, no podemos renunciar a una metodología personalizada. Una orientación didáctica así exige cuidado preferente de las relaciones interhumanas, presididas por la apertura, la flexibilidad, la empatía, la estimulación, la gestión, la cordialidad y la participación, claves formativas que se han de modular según estemos con toda la clase, con grupos o con un solo alumno, por ejemplo, durante la tutoría.
En lo que se refiere a la presentación de los contenidos de la asignatura, nos inclinamos por utilizar estrategias problematizadoras y “provocadoras”, que den entrada al diálogo socrático. El uso exclusivo de una metodología expositiva, cuya forma radical, hiperbolizada y galdosiana se encuentra en el método “inyecto-cerebral”, parece albergar, siquiera sea de modo implícito, una actitud pesimista -y, por descontado, pésima- sobre las posibilidades discentes, que hemos de descartar. Una posición docente tal, se halla en las antípodas del optimismo pedagógico moderado que enarbolamos.
6.- Incorporación de las nuevas tecnologías. El uso inadecuado o abusivo de la tecnología puede aumentar el eficientismo, el pragmatismo y la pérdida de sentido de la realidad educativa. Incluso en nuestras Universidades se corre el riesgo de que el profesor sea sustituido por un enseñante robotizado de escasa capacidad didáctica, reflexiva y (auto) crítica. La técnica ocupa cada vez más el centro de un proceso de enseñanza-aprendizaje crecientemente mecanizado. En estas circunstancias, muy lejos de posicionamientos misoneístas, me inclino por una incorporación responsable y equilibrada de estas herramientas, cuyo manejo formativo se atiene básicamente a una combinación razonada y razonable de elementos motivadores, cognitivos, afectivos, sociales y éticos. 
7.- Atención personal a los alumnos. Aunque este aspecto se entrecruza con otros ya indicados, debe recordarse que la relación educativa es compleja, fluctuante, multidimensional, multidireccional y potencialmente muy enriquecedora para todos los participantes. En el marco del nuevo espacio universitario, la acción tutorial brinda muchas posibilidades para asesorar a los estudiantes y estimular su autonomía. La tutoría -académica, vocacional-profesional y personal- es fundamental y requiere por parte del profesorado acreditadas cualidades como la comunicación, la escucha, el respeto, la afabilidad, la empatía, el interés por los alumnos, la exigencia, etc. A este respecto, aun cuando en el ámbito universitario echamos verdaderamente en falta el reconocimiento de la labor tutorial y la existencia de un programa formativo que contribuya a mejorarla, queremos explicitar nuestro compromiso con tan relevante quehacer profesoral.
8.- Colaboración con los profesores. Sin perjuicio de la autonomía docente, han de destacarse los beneficios de la cooperación y de la actuación colegiada. La combinación de independencia e implicación en un entorno universitario de cordialidad y compromiso se presenta como la composición institucional más apropiada. La colaboración universitaria, advertida por ejemplo en la reflexión conjunta sobre cuestiones y programas pedagógicos que mejoren la formación de los alumnos, es la que corresponde a una cultura del compromiso en la que la educación es entendida como labor profunda que requiere el concurso de todos. Cuán lamentable es comprobar, sin embargo, que en la Universidad actual, en muchos aspectos una suerte de “Babilonia académica”, algunos docentes, más que tender puentes de conocimiento y afecto, promueven la insularidad.
9.- La evaluación. De antemano hay que decir que la evaluación es irreductible a la mera calificación/clasificación. La tarea evaluadora se pone al servicio de la educación. En lo que se refiere a la evaluación de los alumnos -incluida la autoevaluación- permite advertir aspectos que, según los casos, pueden corregirse o potenciarse. Conviene señalar que la adecuación valorativa depende significativamente de los criterios utilizados y de los objetivos fijados. Es muy importante que el alumno conozca esos indicadores y metas y, por supuesto, que haya correspondencia entre los fines establecidos y los aspectos que se evalúan.
10.- Revisión del proceso de enseñanza-aprendizaje. No dejamos del todo la evaluación, pues se trata de valorar constantemente la actividad didáctica-formativa. La labor docente y el programa de la asignatura pueden verse beneficiados de la evaluación del alumnado, ya que ofrece relevante información que nos permita enriquecer la actuación profesoral. Puede suceder que algunos aspectos deban modificarse o incluso eliminarse, mientras que otros tal vez salgan reforzados. En la identificación de debilidades y fortalezas cabe tener presente también la información que eventualmente proporcionen los colegas, los alumnos egresados y los profesionales, así como la propia reflexión, la revisión de documentos, etc. Se trata, en suma, de tomar decisiones que reviertan positivamente en los alumnos, en el programa y hasta en la institución.

Referencias bibliográficas

MARTÍNEZ-OTERO, V. (2011): Teoría de la educación. Docencia e investigación, Madrid, Osiris.
ZABALZA, M. Á. (2009): Competencias docentes del profesorado universitario, Madrid, Narcea.

vamarope@yahoo.es