La biblioteca de todos

La institución cultural inicia la celebración de su tricentenario reuniendo las grandes joyas en una exposición

La Biblioteca Nacional conmemora su tricentenario mostrando, con la ayuda de tratados autógrafos de Leonardo da Vinci y
manuscritos de Lope de Vega, Galdós, Lorca o Miguel Hernández; grabados de Rembrandt, Goya y Velázquez; y mapas, partituras musicales e incunables, la que ha sido su larga y brillante historia.

JULIA FERNÁNDEZ
Preservar y difundir la información y el conocimiento han sido dos de los grandes desafíos a los a los que toda sociedad debe enfrentarse. En su tercer centenario, la Biblioteca Nacional, la biblioteca de todos, está orgullosa de haber cumplido brillantemente estos objetivos a lo largo de su trayectoria. Valorada entre las cinco mejores bibliotecas del mundo, con un fondo que se estipula en torno a los 30 millones de documentos, la Biblioteca Nacional de España contiene, entre sus innumerables joyas, y por citar solo algunas, códices de incalculable valor (como el Beato de Fernando I o el Cantar del mío Cid), la biblioteca del infante don Sebastián de Braganza (con ciento cuarenta y cuatro manuscritos, sesenta y ocho incunables y mil ochocientos veintiún impresos), la colección Valentín Carderera (con más de setenta mil estampas y dibujos), la del arabista Pascual de Gayangos, la del duque de Osuna y el legado Comín Colomer. Y de ello habla Biblioteca Nacional de España: 300 años haciendo historia, la muestra organizada por la BNE Y Acción Cultural Española (AC/E) y comisariada por el catedrático José Manuel Lucía, eje de los actos conmemorativos de este tercer centenario.

El máximo de libros

“Habiendo resuelto establecer una Bibliotheca, y colocarla dentro de mi Real Palacio de Madrid, se ha juntado en ella el mayor número de libros que hasta ahora se ha podido, con algunos manuscritos, varios Instrumentos matemáticos, porción de monedas, medallas y otras curiosidades, para cuya subsistencia y manutención, la he dotado con ocho mil pesos de renta a el año, asignándolos en las de el tabaco y naipes del reino”, escribía Felipe V en los Estatutos de la fundación de la Biblioteca. Con su firma, finalizaba el proyecto iniciado en diciembre de 1711, cuando su confesor le propuso la creación de la Biblioteca Pública de Palacio, siguiendo el modelo de la Bibliothèque du Roi parisina. Ubicada en distintas sedes hasta que, por orden de Isabel II, llega al actual madrileño Paseo de Recoletos, la Biblioteca mantuvo su dependencia real hasta el siglo XIX, en que su titularidad y gestión pasó a ser patrimonio de todos los españoles.
La directora de la BNE , Gloria Pérez-Salmerón, resumía así la experiencia: “Hoy, trescientos años después, aquel esfuerzo pionero que consagró el rey con su firma, dando carta de naturaleza a la primera institución que en España puede calificarse inequívocamente de “pública”, es una de las primeras bibliotecas del mundo”.
La riqueza y variedad de sus fondos tiene su fuente en que desde su creación la Biblioteca se concibió como un organismo vivo y en constante crecimiento, estableciendo dos mecanismo fundamentales para la adquisición de fondos que siguen vigentes hoy: dotar a la Biblioteca con una partida para la compra de ejemplares (la adquisición del Códice Daza –el único cuaderno manuscrito que conocemos de
Lope de Vega-y del Códice de Trajes han sido las dos últimas grandes incorporaciones) y exigir a los impresores que depositaran un ejemplar de cada libro que se editara en España, una medida que más tarde pasó a incluir mapas y planos, grabados, partituras musicales y publicaciones periódicas.

Dibujos de Velázquez

Tres espacios diferentes: Historia, Trabajos y Desafíos y retos de la tecnología, estructuran temáticamente el relato de la muestra. El primero, el más amplio, da cuenta de su historia, prestando especial atención a sus ricas colecciones y a la variedad de sus fondos: bibliográficos, iconográficos, cartográficos, sonoros, fotográficos, audiovisuales, ephemera… En esta primera sección se exponen algunos de los manuscritos, libros y objetos que pudieron admirar, leer y estudiar los primeros lectores de la Biblioteca.
Entre los tesoros se encuentran dos manuscritos autógrafos de Leonardo da Vinci, Tratado de estática y mecánica y Tratados varios de fortificación estática y geometría, conocidos como Códices Madrid I y II, cuyo examen permite al lector reconstruir el proceso creativo de una mente prodigiosa, con sus hallazgos y pentimenti.
También se exhiben monedas como las Imitaciones de sestercios romanos, diseñadas por Giovanni di Bartolomeo da Cavino (1500-1570), que nos recuerdan que la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico Nacional no sólo comparten en Madrid el mismo edificio sino que acumulan ciento cincuenta años de historia común. Antes de independizarse en 1867 como Museo Arqueológico Nacional , éste era el Museo de Medallas y Antigüedades de la Biblioteca Nacional, ya que
a lo largo del siglo XVIII las bibliotecas no estaban solo compuestas de libros sino por colecciones de monedas, antigüedades y productos del mundo natural.
El globo celeste, de madera, estuco y metal, procedente de la biblioteca del primer ministro Manuel Godoy, del que también la Biblioteca conserva su despacho, es otra pieza expuesta, junto al manuscrito Las siete partidas de Alfonso X El Sabio, los dos dibujos de muchacha de Diego Velázquez o el primer plano que se conoce de la Villa y Corte de Madrid.
Fotografías de Charles Clifford, Jean Laurent o Vicente Ibáñez, además de imágenes de ambos bandos de la Guerra Civil, muestran el alcance del fondo fotográfico de la BNE; mientras que partituras donadas o encargadas por Felipe V y sus sucesores, y originales firmados por Tomás de Bretón o el manuscrito del concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, lo hacen en el ámbito de la música.

Avance tecnológico

¿Cómo se amplían y completan las colecciones de la BNE? ¿Cuáles han sido los catálogos que han dado a conocer sus fondos a lo largo de la historia? ¿Y los problemas de conservación de sus ejemplares, los medios con que cuenta la BNE para preservar su rico patrimonio? A estas y a algunas preguntas más da respuesta el segundo apartado de la muestra, que acerca al visitante los procedimientos técnicos que, día a día, se realizan dentro de una biblioteca para cumplir los servicios que tiene asignados por ley. Entre ellos se encuentra el ambicioso programa de digitalización con el que la Biblioteca Nacional mira al siglo XXI: la Biblioteca Digital Hispánica, un recurso en línea que proporciona acceso libre y gratuito a miles de documentos digitalizados que, como comenta la directora de la BNE, “es algo que hace a la institución más “pública” que nunca”.
Entre las piezas de esta sección está el primer ordenador portátil, del año 1996, o el primer ordenador de mesa que se usó en la Biblioteca Nacional. El final de la muestra plantea un recuerdo a los autores, a los escritores que, como dice el comisario José Manuel Lucía, “están en el origen de la memoria escrita; el escritor que está en los autógrafos, en los archivos personales, en los materiales previos al texto definitivo”.