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El 37% de los abuelos atiende a sus nietos a diario

Una investigación de la FAD y la
Obra Social Caja Madrid
analiza su rol en la educación de los niños

Mientras que el 37% de los abuelos mantiene un contacto diario con los nietos, un 17% varias veces a la semana y un 7% una vez a la semana. El estudio Abuelos y abuelas… para todo ofrece una visión de cómo viven la responsabilidad asociada al cuidado de sus nietos y revela sentimientos encontrados. Por una parte, los abuelos manifiestan alegría por pasar tiempo con los niños, pero también consideran que son utilizados por los padres.

Los abuelos comienzan a cuidar a los nietos
con más frecuencia que las abuelas, pero éstas les dedican más tiempo.

Madrid. ROSAURA CALLEJA
La Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y Obra Social Caja Madrid han realizado una investigación, donde se refleja que los abuelos españoles se sienten divididos entre el disfrute que les produce pasar tiempo con sus nietos y el agobio que supone una excesiva responsabilidad en su cuidado y educación. La delgada línea divisoria entre ambos sentimientos viene marcada claramente por la clase social, ya que en familias con recursos económicos escasos y no pueden contratar canguros o guarderías, los padres delegan excesivamente en los abuelos que reconocen sentirse “angustiados” y “utilizados”.
De esta investigación se desprende que los abuelos españoles se han convertido en el colchón protector de muchas deficiencias sociales, sobre todo para familias de clase media/baja, que no tienen acceso a recursos de apoyo para el cuidado de los niños. Además, son conscientes de que pertenecen a una generación de mayores cuya dedicación familiar contribuye, de forma decisiva, al equilibrio y sostenimiento económico de la sociedad.
Mientras que en España el 22% cuida diariamente a nietos más de 7 horas, en Europa lo hace el 34%, pero solo 5 horas diarias. Según datos del IMSERSO, más de un 50% de los abuelos atiende a sus nietos casi todos los días y el 45% casi todas las semanas. Los abuelos comienzan a ocuparse de los nietos con más frecuencia que las abuelas, pero éstas los cuidan más tiempo: 6,2 horas al día las mujeres, por 5,3 horas los hombres.

Nueva responsabilidad

Para Eusebio Mejías, director técnico de la FAD y coordinador del estudio, esta situación hace que los abuelos hayan tenido que abandonar su pretensión de “malcriar” para ser auténticos educadores; esto significa asumir una nueva responsabilidad, que no siempre viven como propia, y arriesgarse a un enfrentamiento con los criterios de sus hijos, ya que tienen que educar cuando realmente no cuentan con autonomía de criterio para hacerlo.
La situación más extrema la encontramos en las familias que se ven obligadas a dejar su hogar y volver a la casa paterna, tras algunas situaciones de paro prolongado, divorcios o separaciones.
En este sentido, los abuelos, conscientes de que sus hijos viven una situación especialmente complicada, brindan su bien más preciado, el tiempo, y también sus recursos económicos de forma voluntaria porque lo disfrutan. Además, aseguran que el contacto intergeneracional les rejuvenece y que pueden disfrutar de esta relación incluso más que de la relación que tuvieron con sus hijos.

Imponer límites

No obstante, el discurso mayoritario expresa una demanda firme de los abuelos, que se concreta en la necesidad de imponer límites que racionalicen la obligación de manera clara. “Están dispuestos a aceptar su participación como cuidadores de los nietos solo en las situaciones en que verdaderamente sea necesario, cuando los padres tengan auténticas responsabilidades, laborales principalmente, no para que éstos puedan disponer de su tiempo libre a costa de los abuelos”, precisa Eusebio Megías. Cuando estos límites no se respetan, existe una queja generalizada de los mayores que afirman sentirse “utilizados”, “angustiados” ante la responsabilidad educativa. Incluso llegan a afirmar que “cuidaron de sus hijos, ahora cuidan de sus nietos y dudan mucho de que alguien vaya a ocuparse el día de mañana de atenderles a ellos”. Para dimensionar esta vivencia de obligación y “angustia” resulta esencial, de nuevo, considerar el hecho de que los abuelos tengan que cuidar habitualmente de los nietos, algo que estará en clara relación con la clase social y con la posición económica de la familia.
Mientras que en las familias más acomodadas es frecuente la queja de los abuelos por no poder ver a sus nietos tanto como desearían, en familias con recursos más escasos es mayoritario el sentir que son “esclavos de sus responsabilidades” o que “tienen la vida hipotecada”.