Precursor social

La labor intelectual y política de Joaquín Costa en pro de la modernización española brilla en la Biblioteca Nacional

La lucha contra el analfabetismo, el caciquismo y a favor del reparto equitativo del agua fueron referentes esenciales en la vida de Joaquín Costa, un intelectual cosmopolita que supo discernir los grandes
males de la sociedad española y abogar por su mejora. La exposición El fabricante de ideas redescubre su aportación a nuestra historia.

JULIA FERNÁNDEZ
“Costa representa lo más granado y enriquecedor de una generación intelectual española que se comprometió con la causa pública”, afirman los comisarios de El fabricante de ideas, Ignacio Peiró y Rafael Bardají: “Fue un intelectual que diagnosticó con especial acierto los problemas de un país atrasado, víctima del caciquismo, del régimen viciado de la Restauración. Desde su titánica actividad intelectual y como hombre de acción es el eje de una constelación intelectual, investigadora, científica, política y periodística de la España de finales del XIX y principios de XX”.
Jurista, escritor, erudito historiador, periodista, pedagogo, político sin partido, gran pensador liberal y republicano, hombre de acción y de compleja personalidad y carácter, el aragonés Joaquín Costa (Monzón, 1846-Graus, 1911), supo aplicar sus energías para el estudio y la investigación, de los más amplios espacios de la ciencia española, en las más diversas áreas de conocimiento como la antropología, el derecho, la historia, la geografía, la sociología y la ciencia política. Una actividad que plasmó en una ingente producción científica, investigadora y divulgadora, que perseguía una transformación de las condiciones de vida de los españoles. Situar su vida y obra en nuestra historia es el objetivo definido que se ha planteado en el centenario de su fallecimiento el Año Costa, en el que se enmarca la exposición, que hasta el 6 de noviembre muestra la Biblioteca Nacional.

Cosmopolita y patriota

El Gobierno de Aragón y Acción Cultural Española, con la colaboración de la Biblioteca Nacional y la Universidad de Zaragoza, están detrás de Joaquín Costa. El fabricante de ideas, inaugurada hace meses en Zaragoza, que ahora expande en Madrid sus argumentos aclaratorios sobre la  significación y trascendencia de este hombre de acción, alejándose de la mixtificación que de su figura se hizo en su época.
“Dentro de su compleja individualidad, sin duda, el elemento que mejor define la personalidad de Costa como autor fue su capacidad para elaborar ideas”, señalan los comisarios de esta muestra, que tiene como imagen divulgadora el  busto de loza diseñado por el precursor de la frenología en España, donde aparecen dibujadas las áreas del conocimiento y la personalidad humanas, en referencia al puzzle soberbio que el intelectual supo armar con su fértil búsqueda cognoscitiva.
“Fue un intelectual de su tiempo”, continúan diciendo, “supo ser cosmopolita e imbuirse de lo mejor del pensamiento de su época, para pensarlo y aplicarlo al estudio de la ciencia española en una amplia gama de áreas de conocimiento: el derecho, la historia, la sociología y la ciencia política. Un fabricante de ideas y proyectos, cuyo patriotismo español y aragonés le impulsaron a trasladar sus discursos acerca de la modernización nacional a la práctica política. Y, todo ello, a través de una crítica al sistema de la Restauración y un lenguaje regenerador”.

Instrucción sin dogmas

Un recorrido por su trayectoria vital, intelectual y política, que transmite la imagen más moderna de Joaquín Costa, y que muestra una herencia en la que se encuentra haber desarrollado métodos de enseñanza desde una perspectiva metodológica y científica con aplicaciones prácticas; haber propugnado junto a Giner de los Ríos y desde la fundación de la Institución Libre de Enseñanza, una instrucción alejada de los dogmas, fundada en el krausismo y las teorías darwinianas; ser pionero en señalar la importancia de una alimentación suficiente y sana de todos los españoles; renovar los planes de caminos y carreteras; los programas de riegos a través de pantanos y canales, sostenidos con otros de formación de los agricultores… o el haber sentado las bases para una administración hidráulica que daría origen a las confederaciones hidrográficas. Y todo ello, en el contexto de una España en tránsito del XIX al XX, que sufre la pérdida colonial, que se debate entre las ideas más tradicionales y abrirse camino en Europa, que busca transformaciones agrícolas e industriales y en la que están despegando las ciudades.
Doscientas piezas, procedentes de instituciones públicas y colecciones privadas, ayudan a recrear los distintos espacios que contribuyeron a construir a Costa como hombre, como intelectual y como político.
Libros, manuscritos, revistas y periódicos locales regionales y nacionales, fotografías, dibujos, gráficas, viñetas y objetos que identifican al personaje y su entorno ofrecen un relato articulado a través de cuatro grandes espacios: La educación de la mirada. El sentido del paisaje; Profetas del saber, sacerdotes de la verdad; Cultura política: República y regeneración de España y, finalmente, Muerte y posteridad: memoria e historia de Joaquín Costa.
La cuidadosa selección de obra pictórica de artistas de los siglos XIX y XX: Félix Lafuente, Ricardo de Madrazo, Vicente Cutanda, Francisco Lameyer Juan José Gárate, Victoriano Balasanz, Ramón Acín, Ramón Martín Durbán, José Casado del Alisal, Ángel Díaz Domínguez, Darío Regoyos, Natalio Bayo, la Hermandad Pictórica, Iñaki o José Luis Cano, Joaquín Sorolla e Ignacio Zuloaga, ilustran y completan la visión, junto con las esculturas de Honorio García Condoy y Félix Burriel, de cómo fue la sociedad, el paisaje y la política de su tiempo.