Ciudad y poder

La muestra Teotihuacan, ciudad de los
dioses
reivindica la poderosa significación de esta metrópoli en el devenir de América

Situada a cuarenta y cinco kilómetros de la Ciudad de México, Teotihuacan fue durante ochocientos años el centro cultural, político y religioso de una potente civilización cuya influencia fue determinante en las diferentes culturas prehispánicas. CaixaForum Madrid reúne sus obras maestras encontradas en un siglo de excavaciones arqueológicas.

JULIA FERNÁNDEZ
Teotihuacan, considerada una de las maravillas arqueológicas del mundo y declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1987, fue la gran metrópoli de una civilización que marcó la pauta de la política, el comercio y la ideología en buena parte de Mesoamérica, durante el periodo de 150 a.C. al 650 d.C. Su importancia llegó a ser tal que, incluso siglos después de su colapso, era considerada como un lugar sagrado por distintos grupos que migraron hacia el centro de México. En el presente, sus principales monumentos –la Pirámide del Sol y la Pirámide de la Luna, unidas por la Calzada de los Muertos, el bellísimo Palacio de los Jaguares o el templo de Quetzalcóalt- constituyen referentes de la cultura universal. La exposición organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, Teotihuacan, Ciudad de los Dioses, que hasta el 13 de noviembre presenta la Obra Social “la Caixa” en Caixaforum Madrid tras su paso por Barcelona y dentro de un recorrido internacional, reivindica esta poderosa significación cultural e histórica mostrando algunas de las obras maestras encontradas en esta ciudad prehispánica durante un siglo  de investigación arqueológica.

Monumental visión

“En la evolución cultural del México Antiguo, Teotihuacan ejemplifica la emergencia de una formación política de carácter estatal que, en términos generales, se ha definido como una gran ciudad-estado que controlaba un vasto territorio, denso en población, y numerosas áreas periféricas, además de mantener relaciones económicas con otros estados, lo que le permitió alcanzar un notable crecimiento y poderío”, afirma una de las máximas autoridades sobre el mundo prehispánico, el arqueólogo Felipe Solís, responsable de este proyecto que ofrece una monumental visión de conjunto sobre la poderosa ciudad que brilló 1000 años antes de los aztecas.
Más de cuatrocientas piezas arqueológicas procedentes de los museos del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México han sido reunidas por primera vez para abordar la cultura teotihuacana desde todos los puntos de vista: la arquitectura y el urbanismo; la política, la guerra y la economía; las creencias y los rituales; la vida en los palacios y en las calles de la ciudad, y las relaciones con las culturas de su entorno.
Esculturas monumentales, segmentos de pintura mural, relieves, recipientes y figurillas, herramientas, instrumentos musicales, objetos labrados en piedras pulidas, tallas en madera y joyería de concha, hueso y pedrería, que evocan los estilos de vida de una época de riqueza, poder y esplendor de la civilización teotihuacana, van configurando posibles respuestas a cómo era la vida en Teotihuacan, cómo eran los hombres y mujeres que la habitaban, cómo se organizaba la sociedad, cuáles eran sus creencias y porqué se produjo su declive. Sin testimonios escritos, Teotihuacan sigue siendo en gran parte un misterio ideológico y cultural sobre el que sólo sus creaciones artísticas, arquitectura y urbanismo pueden proyectar focos de luz reveladora.

Grandiosas pirámides

La construcción de sus grandiosas pirámides, solo con el esfuerzo y sudor humanos, sin ayuda de las herramientas de metal o el transporte fluvial que tuvieron los egipcios; los hermosos y complejos diseños creados por sus escuelas de pintores y escultores; la elaborada contundencia de su urbanismo; su lenguaje simbólico naturalista; las profundas creencias religiosas; su sistema de gobierno… son apartados explicados en esta muestra que conmemora los cien años de investigación científica en Teotihuacan.
Hipótesis y certezas se alternan en la reconstrucción de la vida de la primera y más grande urbe precolombina. Por ejemplo, se plasma el debate abierto aún sobre su forma de gobierno, que muchos piensan asambleario y otros unipersonal, pero del que solo se puede asegurar el anonimato con que se ejercía: en la cultura teotihuacana los sacerdotes, comerciantes, embajadores y militares, son representados en la pintura mural y en la cerámica, destacando sus tareas y oficios, pero jamás prestando atención al individuo en sí.
Del mismo modo, el papel de los sacerdotes, tan importante que durante años los investigadores creyeron que constituían el estrato más elevado de la sociedad, en esta síntesis arqueológica queda evidenciado que estaban al servicio de una clase política mucho más compleja. Se trata de avances en el conocimiento de una civilización, y de su gran ciudad de poder, en la que se deberá continuar trabajando, como recuerda George L. Cowgill, de la Universidad Estatal de Arizona: “El trabajo científico en Teotihuacan se ha realizado por más de un siglo, no obstante, aún falta por excavar 95 por ciento de sus ruinas. Para comprender una ciudad tan compleja como Teotihuacan no es suficiente excavar solo los grandes templos y las residencias de la élite. Actualmente la atención ha quedado concentrada en el aprendizaje de la sociedad de rangos, de los más elevados a los inferiores, incluyendo a los hombres, las mujeres y los niños”.