Tradición renovada

La Real Academia Española realiza una propuesta de canon literario con la edición de su Biblioteca Clásica

En plena reorganización global del mercado editorial, sin apoyos expresos para la mejora del índice lector y cultural social, con una afirmada intención de contribuir al  conocimiento de la lengua y la literatura: la Real Academia Española inicia la edición de su Biblioteca Clásica, entregan- do renovada la rica tradición literaria en lengua española.

JULIA FERNÁNDEZ
A las puertas de su III Centenario, la Real Academia Española estrena el proyecto que sintetiza dos de los principales objetivos que dieron pie a su existencia. Los artículos primero y quinto de sus estatutos estipularon que la RAE “divulgará los escritos literarios, especialmente los clásicos,…y procurará mantener vivo el recuerdo de quienes en España o en América, han cultivado con gloria nuestra lengua” y que se ocupará en “publicar las obras cuya difusión considere importante para el conocimiento general de nuestra  lengua  y  de  nuestras  letras, procurando que las ediciones

Originales de referencia para la Biblioteca Clásica. (Foto: Paco Campos)

sean correctas, asequibles y estén dignamente presentadas”. Ciento once títulos fundamentales, que atraviesan siete siglos de nuestra literatura, de Mio Cid a finales del siglo XIX, estudiados críticamente por filólogos pero accesibles al lector, elegidos en función de su representatividad y con la voluntad de reflejar diacrónicamente la evolución de la literatura en español escrita a ambos lados del Atlántico, dan respuesta a estos mandatos que se habían convertido en una vieja aspiración académica.

 Decantación del tiempo

En la dirección del proyecto se encuentra el académico Francisco Rico, que ya diseñó y dirigió la colección de clásicos publicada, como la actual, por Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores. Esta anterior iniciativa forma la base de la actual Biblioteca Clásica. A los títulos que originariamente vieron la luz en esa colección y que ahora aparecerán en versiones renovadas y puestas al día, la Real Academia ha incorporado nuevos textos hasta construir un conjunto cerrado de 111 volúmenes, algunos de ellos con varias obras.
Con un trato preferente a los textos narrativos y en prosa, por resultar hoy más atractivos y accesibles, y sin pretensiones de ser exhaustiva, ninguno de los grandes libros ni de los grandes escritores españoles faltan en esta Biblioteca Clásica, donde también hay una muestra suficientemente representativa de los hispanoamericanos hasta bien entrado el siglo XIX.
La decantación del tiempo ha sido la guía de una selección académica que, para el secretario de la Real Academia Española y catedrático de Teoría de la Literatura Darío Villanueva, no pretende fijar el canon literario español, sino contribuir a su formulación con una propuesta de textos fundamentales. “El canon es una entidad autorregulada por el devenir de la literatura y ningún crítico individual ni institución alguna puede arrogarse su determinación. Nadie tiene legitimidad (ni capacidad) para establecer el canon de una literatura tan rica y universal como la española”, nos dice, “pero los 111 títulos de la Biblioteca Clásica de la RAE son difícilmente discutibles. Hay un amplísimo consenso acerca de ellos, si bien vale aquí la frase tópica: son todos los que están aunque no estén todos los que son. Pero sí gran número de ellos”.

Un destinatario abierto

Patrocinada por la Obra Social “La Caixa”, y con un ritmo de ocho títulos por año, cuatro en primavera y cuatro en otoño, la Biblioteca Clásica se acaba de poner en marcha editando Cantar de Mio Cid, Milagros de Nuestra Señora, de G. De Berceo, Gramática sobre la lengua castellana, de A. De Nebrija, y La vida del Buscón, de F. De Quevedo, para continuar en este mismo año con La Celestina, de F. De Rojas, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, Lazarillo de Tormes, de “Lázaro de Tormes” y La Dorotea, de Lope de Vega.
Una singularmente cuidada producción de Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores respalda esta aventura de recuperación renovada de nuestros clásicos, que no sólo está dirigida a estudiantes universitarios, de enseñanza media, profesores e investigadores sino a cualquier persona interesada por la literatura en general y por las letras españolas en particular. “Se ha procurado”, señala Darío Villanueva, “articular el trabajo de los editores de la mejor forma posible para que cualquier lector pueda aprovecharlo sin menoscabo del disfrute más puro y genuino de los textos. Porque así son los clásicos: si una muchacha guatemalteca de hoy lee, por caso, el Lazarillo o María de Jorge Isaacs como si fuesen obras contemporáneas suyas; si encuentra alguna dificultad de comprensión, el aparato crítico se lo resuelve; y si quiere saber más sobre la obra o sus autores, conocidos o no, tiene un amplio estudio, de lectura muy asequible”.
En todos los casos, el lector entra directamente en el texto, al que sólo antecede una breve introducción sobre el autor y la obra, mientras todos los materiales de carácter más especializado se sitúan al final del volumen.
Al mismo objetivo de prioridad del lector responde la anotación en dos estratos: a pie de página y al final del tomo. Las notas a pie de página explican de manera clara y sucinta la materia, palabra o alusión que las motiva, con el desarrollo justo para no hurtar ningún elemento esencial a la comprensión, pero sin pormenores ni disquisiciones que entorpezcan la fluidez de la lectura. Las notas complementarias, al final del tomo, permiten profundizar en las cuestiones someramente tratadas en las notas al pie, exponiendo los fundamentos y los problemas de las explicaciones que allí se dan, a la luz de las aportaciones del editor y de toda la bibliografía al respecto.

Maestros de lectura

Otras dos modalidades, la Biblioteca clásica del estudiante y la Biblioteca clásica de bolsillo, completarán en los próximos años este proyecto, que ya tiene en la web académica (http://www.bcrae.es) un gran apoyo, al poderse consultar de forma gratuita ediciones de gran calidad de algunas obras clásicas, pero distintas a las que se publican en papel. Entre los títulos disponibles hay obras de Garcilaso de la Vega, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Leopoldo Alas Clarín, Antonio de Nebrija, Jorge Manrique y Zorrilla.
Grandes textos en diversos soportes –la digitalización para distintas plataformas digitales está en proceso- que quieren recuperar el esencial aporte de los clásicos para la sociedad. Una tarea en la que, para el secretario de la RAE Darío Villanueva, deben también implicarse los profesores: “La Real Academia Española no se olvida de que la voz de nuestros clásicos resonará hoy y mañana en la medida en que nuestro sistema educativo, esforzadamente atendido por los profesores de lengua y literatura, tome este objetivo como uno de sus empeños indeclinables. George Steiner, gran figura del humanismo actual, quisiera ser recordado como un “buen maestro de lectura”. Y el prematuramente desaparecido comparatista e intelectual palestino, Edward Said, afirmaba, asimismo, poco antes de su fallecimiento que su trabajo como humanista era precisamente la lectura de textos fundamentales, procedieran de donde procedieran. Lo que yo enseño ─concluía Said– es cómo leer”.