Pulsión de escritora

El centenario de la muerte de Carolina
Coronado
motiva un acercamiento a su vida
y obra en la Biblioteca Nacional

Carolina Coronado forma parte del grupo de escritoras de mitad del siglo XIX que lograron habitar el espacio literario y social reservado a los varones. En el cente- nario de su muerte, el Museo de la Biblioteca Nacional y el Museo del Romanticismo recuerdan su valía artística y especial significación en nuestra historia.
JULIA FERNÁNDEZ
Lectora voraz, educada en las ideas liberales, activa partícipe de las sociedades literarias españolas de la época, autora de

Retrato de Juan Eugenio Hartzenbusch [ca. 1837]

15 novelas y 350 poemas, amiga de grandes de la cultura española y europea como Juan Eugenio Hartzenbusch o Víctor Hugo, defensora de una sociedad en libertad, primera mujer que dedica un cancionero a un hombre o que logró ver la similitud lírica entre Santa Teresa y Safo: Carolina Coronado (1820-1911) tiene en su trayectoria elementos biográficos y literarios que la perfilan como una extraordinaria mujer y escritora que trabajó, en una época de grandes limitaciones, por el avance de la sociedad.
Recordarlo, celebrarlo, cuando se cumplen los cien años de su desaparición, es lo que proponen el Museo del Romanticismo y la Biblioteca Nacional a través del homenaje que encierra Carolina Coronado: un universo romántico, la exposición que hasta el 25 de septiembre se muestra en las salas del Museo de la Biblioteca Nacional.
“Carolina Coronado es una de las escritoras, junto a Faustina Sáez de Melgar, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Ángela Grassi o Pilar Sinués de Marco, que en el siglo XIX abrieron la senda de la creación literaria. Nos ha resultado emocionante, al organizar este homenaje, ver cómo llevó a cabo su trabajo en un momento histórico muy cerrado al desarrollo intelectual femenino”, declara Mercedes Pasalodos, comisaria responsable del proyecto.

Cartas a Hartzenbusch

Nacida en Almendralejo, Badajoz, en el seno de una familia con inquietudes intelectuales y afines a las propuestas liberales, Carolina tuvo la “educación de adorno” de la época, con rudimentos de ortografía, gramática, costura, dibujo, música y algún idioma. Fue sin embargo su pasión por la lectura, desarrollada en la biblioteca familiar y en las de otras familias distinguidas del pueblo, junto con su inteligencia, las que construirán su sabia personalidad autodidacta, guiada siempre por un afán de superación extraordinario.
En el recorrido que sobre su vida y obra expone el Museo de la Biblioteca Nacional se pueden ver muestras de este afán por aprender de Carolina, a través de las cartas que  intercambió con un ya reconocido autor de Los amantes de Teruel, Juan Eugenio Hartzenbusch. “A través de las cartas que escribió a Hartzenbusch y que son propiedad de la Biblioteca Nacional”, dice Mercedes Pasalodos, “se manifiestan esas inquietudes, ese deseo de conocer, de que alguien sea su mentor, su maestro, que le vaya marcando las pautas, el camino, para no desviarse y para seguir formándose”.
En algunas de las  22 cartas que se conservan de entre la correspondencia que mantuvieron entre 1840 y 1849, la autora comenta, al que será el principal apoyo de su carrera literaria, los libros que ha leído, sobre si serán suficientes o adecuados; en otras es la pensadora prefeminista que reflexiona sobre la sociedad: “La capital”, escribe, “ha dado un paso más, pero tan tímido y vacilante, que solo concede a las mujeres la lectura de algunas novelas por distracción, y todavía las madres instigadas por su conciencia reprenden a las muchachas por entregarse a un ejercicio que a ellas no les fue permitido. Los hombres mismos, a quienes la voz “progreso” entusiasma en política, arrugan el entrecejo cuando ven a sus hijas dejar por un instante la monótona calceta para leer el folletín de un periódico.”  Porque, como explica Mercedes Pasalodos, “a pesar del reconocimiento y apoyo que le dedica Hartzenbusch, la sociedad decimonónica no estaba preparada para asimilar de forma incondicional el deseo de ciertas mujeres de colarse en ámbitos marcadamente masculinos”.

Libros y manuscritos

Otros escritores de la época como Donoso Cortés, Bretón de los Herreros y Martínez de la Rosa también apoyaron calurosamente el ingreso de Carolina Coronado en el Olimpo de las letras. Le dedicarían palabras y poesías, “aunque conviene no perder de vista el tono condescendiente del que a veces hicieron gala”, apunta la comisaria.
En el recorrido del Museo de la Biblioteca, estructurado temáticamente en “Primeros pasos”, “Relación de Carolina con hazenbou” , “Carolina Coronado y otras escritoras”  y un último dedicado a las obras publicadas, el visitante descubrirá a esta  escritora  a través de documentos manuscritos, como las cartas o la partida de bautismo; artículos en prensa, desde los primeros acercamientos que se hacen a la figura de Carolina Coronado, que ponen de manifiesto que fue una mujer que tuvo cierta repercusión en los medios, hasta los tiempos en que tuvo un gran reconocimiento y se le hicieron numerosos homenajes poéticos, además de algunas primeras ediciones de sus obras. Una obra que es apenas conocida en la sociedad contemporánea y que en conjunto supone quince novelas, entre las que destacan La Sigea, Jarilla, la Rueda de la Fortuna y Paquita; muchas obras de teatro de las que sólo se conserva el texto El cuadro de la esperanza; innumerables artículos, cartas y unos 350 poemas.
La corona de plata que se le entregó a Hartzenbusch en 1880, una pieza que llegó a la Biblioteca Nacional cuando el autor accede a la dirección de esta institución, preside el relato de la exposición. A mitad del XIX fue frecuente realizar homenajes a los poetas importantes como Zorrilla, Quintana o el mismo Hartzenbusch, por sus propios compañeros escritores. En ellos se les hacía entrega de unas coronas de laurel, en plata y en oro. Carolina, como escritora que tenía el respeto de sus contemporáneos, fue invitada frecuentemente a estos homenajes, a escribir en el volumen que se editaba en honor de los escritores homenajeados. Según se cree, hacia el final de su trayectoria literaria, cuando residía en Lisboa, le propusieron darle un homenaje, sin que ella aceptara.
Conferencias, visitas guiadas, talleres escolares y de adultos, mesas redondas y un curioso testigo de todo ello: el carné de Carolina,  son actividades que completan esta recuperación de la escritora, llevada a cabo por el Museo de la Biblioteca nacional, junto al Museo del Romanticismo.