Luchando por la vida

El movimiento de la fotografía obrera
expone sus contundentes argumentos en
Una luz dura, sin compasión

Emocionantes en su verdad y radicales en su expresión, las imágenes que fueron producidas entre 1926 y 1939 por el Movimiento de la Fotografía Obrera construyeron el documento social, político y artístico de la vida cotidiana proletaria y de las condiciones objetivas del trabajo industrial. En el Museo Reina Sofía se recoge su historia.

JULIA FERNÁNDEZ
En las primeras décadas del siglo XX la revista alemana ilustrada AIZ propuso a sus lectores que enviaran imágenes que reflejaran la vida y el trabajo del proletariado. La solicitud, dirigida a fotógrafos aficionados, se planteaba por la necesidad de romper el monopolio que las empresas ejercían sobre la imagen del trabajo industrial. En el siguiente número de AIZ, aparecían ya algunas imágenes enviadas, y se daba inicio a la publicación habitual en la revista de reportajes realizados por los fotógrafos obreros. Las imágenes sacaban a la luz unas condiciones de trabajo que tardarían décadas en mejorarse y, a la vez, la toma de conciencia colectiva de una clase social en aumento.
Esta iniciativa fue rápidamente seguida  en  Hamburgo, Berlín, Leipzig, Dresde, Stuttgart y otras ciudades alemanas, donde  se crearon grupos de fotógrafos obreros que daban información de las condiciones en que trabajaban y vivían. Asociados en la VdAFD (Asociación Alemana de Fotógrafos Obreros), pronto editarían una revista propia, la Der Arbeiter-Fotograf.
Casi al mismo tiempo, en la Unión Soviética nacía el movimiento de la fotografía obrera  que tendría su consagración en 1928, con la  presentación en Moscú de dos exposiciones fotográficas sobre el movimiento obrero.
El resto de Europa y Norteamérica secundarían el movimiento en los años siguientes. Entre todos se configuró  un complejo documento gráfico internacional para la historia y la cultura.

Olvidado y reprimido 

El Museo Reina Sofía recoge en la exposición Una luz dura, sin compasión (hasta el 22 de agosto) este gran momento social, político y artístico producido por la fotografía documental proletaria en el mundo de entreguerras.
“Es un momento clave de la historia de la fotografía”, dice Jorge Ribalta, comisario de la muestra, “que a menudo ha sido postergado, marginalizado, olvidado o reprimido. En esta exposición se sitúa en el centro de los debates fotográficos de entreguerras, intentando dar otra visión al relato canónico formalista del surgimiento de la modernidad en la fotografía –Nueva Visión- en los años veinte. Con ello queremos favorecer una nueva historiografía del medio fotográfico, darle a este movimiento la importancia que merece dentro de la Historia de la Fotografía y crear lo que se puede llamar una esfera pública fotográfica”.
La muestra toma su nombre de la exhortación realizada por el crítico Edwin Hoernle a utilizar en estas fotografías “una luz dura, sin compasión”, que fuera capaz de desvelar el fuerte componente político y la firme conciencia de clase de esta corriente expresiva, frente a la visión humanista, clásica, burguesa, del artista compasivo (y por ende superior) con su modelo.
A través de más de 1.000 trabajos, entre fotografías revistas, libros y películas, Una luz dura, sin compasión muestra en el Reina Sofía no sólo una antología histórica de artistas y obras destacadas del movimiento sino también cómo se constituyeron espacios públicos mediante la fotografía documental proletario.

Investigación compleja

El seminario que tuvo lugar en el Museo en enero de 2010, El movimiento de la fotografía obrera. Hacia una historia política del origen de la modernidad fotográfica, está en el origen del proyecto que ahora se exhibe. Coordinados por Jorge Ribalta, los ponentes Erika Wolf, Maria Gough, Devin Fore, Olivier Lugon, Wolfgang Hesse, Christian Joschke, Matthew Witkovsky, Flip Bool, Duncan Forbes, Jordana Mendelson, Simon Dell, Cristina Cuevas-Wolf, Emilia Tavares, John Raeburn, Anne W. Tucker y Naomi Rosenblum trazaron entonces el camino realizado por esta forma de ver y estar en el mundo que marcó parte del siglo, al abordar las peculiaridades de esta experiencia: Fotocorresponsales soviéticos, El movimiento de fotógrafos obreros alemanes, Los Filipov, La fotografía obrera en los Países Bajos, La Workers Film and Photo League Británica, La Revista Der Kuckuck y la Fotografía de la Socialdemocracia Austríaca, La Fotografía social checoslovaca, El Círculo Munka y la Fotografía social Húngara, La Film and Photo League en Estados Unidos, Documental social y Frente Popular en Francia y la experiencia en la Guerra Civil Española.
“No sé cómo transmitir la enorme complejidad de la investigación que hemos realizado por territorios relativamente inexplorados y a contrapelo de un relato pacífico de la modernidad”, comenta Jorge Ribalta. “No sólo fue difícil la localización y el acceso a los materiales y documentos, a veces inexistentes, porque ésta es una historia de perdedores y perseguidos, sino que la amplitud de su escenario, constituido por numerosas y complejas micro-escenas que se producen en diferentes contextos geográficos y lingüísticos, requería de por sí un conocimiento de experto”.
Un libro-catálogo que incluye ensayos y una selección de textos históricos que en gran parte se han traducido por primera vez y la proyección de documentales completan esta rigurosa memoria que el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía aporta del Movimiento de la fotografía obrera.