En este artículo, continuación del publicado en el número anterior, el autor
enfatiza las posibilidades pedagógicas de la teoría de la “inteligencia unidiversa”. Desde una perspectiva práctica, ofrece unas pautas generales sobre la educación intelectual, llamadas a concretarse en función de la etapa educativa y de las circunstancias personales de profesores y alumnos.

Educación intelectual:
nuevas perspectivas (y II)

Valentín Martínez-Otero
Profesor-Doctor en Psicología y en Pedagogía. Universidad Complutense de Madrid

partir de la teoría de  la inteligencia unidiver-

sa, expuesta en el artículo anterior, queremos destacar tres aspectos interrelacionados de alcance pedagógico:
         1. La necesidad de tener en cuenta la circunstancia del sujeto a la hora de estudiar y cultivar la inteligencia. Si la educación intelectual abstrae de considerar los condicionantes sociales, culturales, afectivos, económicos, biográficos, etcétera, resultará en extremo difícil alcanzar objetivos formativos valiosos. El olvido de la persona complica considerablemente el despliegue de su inteligencia. Se ha de hacer un esfuerzo pedagógico por personalizar la educación en este ámbito, a menudo descontextualizado y expuesto a prácticas rígidas y aun excluyentes.
          2. La relevancia de promover formativamente el desarrollo global de la inteligencia. Las diversas aptitudes intelectuales están vinculadas entre sí y es menester que la educación estimule el progreso de la inteligencia tomada en su conjunto. Cuanto más robusto sea el sistema intelectual unitariamente considerado más ricas serán cada una de sus facetas.      
         3. La urgencia de abrir caminos para la intervención educativa en cada aptitud intelectual a través de métodos concretos. En un marco pedagógico global, es necesario activar y enriquecer cada aptitud mediante vías específicas que, lejos de quebrar la unidad intelectual, la fortalezcan, naturalmente desde el cultivo de la singularidad de cada educando.
La triple acción pedagógica señalada asegura que todos los educandos alcancen mediante una praxis contextualizada una estructura intelectual mínimamente consistente, al tiempo que se cultiva la unicidad intelectual de cada escolar. Estos objetivos, en definitiva, permiten personalizar la educación.

La práctica de la educación intelectual

A priori, identificamos una serie de rasgos de la teoría de la inteligencia unidiversa que pueden servir de referencia pedagógica para su educación en entornos escolares:
- Reconoce la unidad y la complejidad de la inteligencia.
- Identifica una nueva estructura aptitudinal, con once aptitudes interdependientes.
- Enfatiza la índole humano-social de la inteligencia.
- Subraya que la inteligencia está integrada en la personalidad.
- Hace hincapié en el dinamismo intelectual, susceptible de mejorarse.
- Destaca la necesidad de cultivar tanto el tronco intelectual como las distintas aptitudes en función de la singularidad de cada educando.
- Impulsa la personalización educativa en el terreno intelectual.
Obviamente, la eficacia de la educación intelectual basada en nuestra formulación va a depender de que directivos y profesores conozcan suficientemente la teoría y participen de sus fundamentos, así como de su capacidad didáctica y motivadora para interesar a los alumnos en las actividades que se realicen.
Además, la proyección pedagógica de lo que vamos diciendo sobre la inteligencia reconceptualizada pasa por tener en cuenta algunos principios generales como: implicación de toda la comunidad educativa; actuación colegiada del profesorado; disposición a innovar; asunción por parte de las distintas áreas de enseñanza, con el asesoramiento de  orientadores y técnicos, de las aptitudes que puedan integrarse en el propio ámbito; sensibilidad a las características y circunstancias de los educandos.
Todas las consideraciones anteriores sobre la educación intelectual han de entenderse en un contexto formativo integral. No en vano, lo que nos planteamos es que el despliegue de la inteligencia unidiversa contribuya al desarrollo de la personalidad. Desde un punto de vista pedagógico, esto comporta la exigencia de buscar caminos concurrentes tanto en lo que se refiere al desenvolvimiento de las distintas aptitudes intelectuales como al cultivo de la unidad de la persona en un marco relacional.
No queremos que se vea nuestro planteamiento como una vía de ensalzar la inteligencia desvinculada de la persona. En error así es el que ha exhibido cierto cognitivismo, desentendido del ser humano y centrado en una mente maquinal, a la postre desvirtuada. Interesa recordar que la acción educativa sobre la inteligencia responde a la necesidad de dar a la vida humana su profundo y verdadero sentido, ligado al discurrir social, y por el cual, la persona, en este caso el alumno, se interesa por el mundo -interior y exterior-, trata de comprenderlo y se conduce con libertad. Operativamente, la autonomía personal, iluminada por la inteligencia, se patentiza en la formulación de un proyecto existencial.
Llegamos por esta senda reflexiva a la práctica educativa, es decir, al proceso concreto que se puede promover en la escuela. En este momento ofrecemos unas pautas generales sobre la educación intelectual unidiversa, cuya concreción, en última instancia, dependerá del nivel educativo (infantil, primario o secundario) y de las características de los participantes, sobre todo de los alumnos, pero también de los profesores.

Pautas generales sobre la educación intelectual unidiversa

Más que contenidos propiamente dichos, que corresponden a las distintas asignaturas que los escolares reciban, se ha de realizar una previsión de actividades encaminadas a la educación de la inteligencia unidiversa (raíces, tronco y ramas).
Entre las actividades han de destacarse:
       - El juego, en su más amplio sentido. Aunque es cierto que cualquier etapa de la vida es apropiada para jugar, es durante los primeros años cuando el juego adquiere más trascendencia, pues impulsa la comunicación interpersonal, la coordinación muscular, exploración y dominio del entorno, etc.
       - Las tareas cognitivas: lectura comprensiva, composiciones escritas, cálculo, etc.
       - Ejercicios estéticos: musicales, poético-literarios, cantos, dibujos, modelados, etc.
       - Prácticas psicomotrices: movimientos, danzas, deportes, dramatizaciones, etc.
       - Interrogaciones y coloquios sobre el sentido de la vida: diálogo socrático que favorezca la apertura a uno mismo, a los demás, al mundo objetivo y a la trascendencia.
Según las actividades, además, adquieren gran importancia las relaciones humanas cordiales, la orientación espacio-temporal, la asunción de valores y el crecimiento moral, el fomento de la creatividad, etc. Para que no queden cabos sueltos, se ha de tener en cuenta el ritmo psicobiológico de los escolares y alternar las actividades grupales e individuales, así como la complementariedad de tareas que exijan atención y manipulación.
El hecho de que actividades como las propuestas ya se están realizando de un modo u otro en nuestros centros escolares, nos lleva a preguntarnos qué aportan indicaciones como las que hacemos. En este sentido, la respuesta pasa por hacer hincapié en la unidiversidad de la inteligencia, esto es, en su carácter holístico, precisamente derivado del reconocimiento de su multiplicidad. Así como la inteligencia humana, en última instancia, se torna fértil cuando se pone al servicio de la vida, también la educación escolar, pese a la diversidad de tareas, ha de mantener la integración si quiere posibilitar el despliegue unitario de la personalidad.
Hoy, en cambio, hay muchos profesores desbordados por el aumento de asignaturas, ya de por sí extensas, y por otras responsabilidades profesionales, lo que torna muy complicado mantener el sentido unitario del proceso educativo. Con facilidad se llega a una desintegración del currículum que, a su vez, empuja al propio educando hacia la disgregación escolar y aun personal. Las reflexiones de Morin (2001, 66) sobre la necesidad de cultivar la unidad y la diversidad respaldan nuestro planteamiento: “La educación debe ilustrar este principio de unidad-diversidad en todos los campos”.
Así pues, creemos que el seguimiento de orientaciones como las que vamos ofreciendo permite estimular esa complejidad intelectual, si quebrar su integración, de la que carece hoy el currículum en buen número de centros escolares, lo que, por otro lado, quizá explique, al menos parcialmente, por qué fracasan tantos alumnos.
 También la idea del metacurrículum, al estilo de lo defendido por Perkins (1995, 102-132), apoya nuestra contestación. Si el currículum ordinario en la escuela se ocupa de los contenidos convencionales, es decir, de la mera cognición, el “metacurrículum” de educación intelectual unidiversa que sugerimos se centra sobre todo en la búsqueda del conocimiento y en el fomento de la comprensión, o sea, en la metacognición. Desde esta perspectiva, se trata de profundizar la enseñanza habitual de las asignaturas, ampliándolas y enriqueciéndolas, en beneficio de la inteligencia y de la persona que se educa.

Referencias bibliográficas

MARTÍNEZ-OTERO, V. (2009): “Propuestas educativas derivadas de la teoría de la inteligencia unidiversa”, Revista Iberoamericana de Educación, 50 (1), pp. 1-11. Disponible en: http://www.rieoei.org/deloslectores/2903Otero.pdf
MORIN, E. (2001): Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, Barcelona, Paidós.
PERKINS, D. (1995): La escuela inteligente. Del adiestramiento de la memoria a la educación de la mente, Barcelona, Gedisa.

vamarope@yahoo.es