Madrid ofrece a los colegios decidir
un tercio del programa escolar

La Comunidad de Madrid ha dado el primer paso para que los centros escolares de Primaria y Secundaria puedan decidir un tercio (hasta el 35%) de las materias que se imparten en el centro. La medida supone fijar un programa con más horas de música, de matemáticas o de inglés, por ejemplo, en función del programa de cada centro.
La autonomía de las escuelas para buscar las mejores soluciones según su contexto se ha alzado en los últimos años como una de las recetas más recurrentes para mejorar la enseñanza; así se desprende, por ejemplo, de distintos estudios de la OCDE, como el informe PISA. La propuesta madrileña abunda en esta idea y es, sin duda pionera; sin embargo, la Consejería de Educación madrileña admite que beneficiará sobre todo a los colegios privados y concertados. Centros públicos, sindicatos y oposición plantean dudas sobre esta medida.
En concreto, el proyecto de decreto aprobado ayer permite ceder el 35% del currículo a los centros. Fijar el resto de las asignaturas es una atribución del Ministerio de Educación, que establece el contenido básico de materias obligatorias y las horas mínimas que deben ser impartidas. La consejera de Educación de Madrid, Lucía Figar, aseguró que se trata de ceder a las escuelas las competencias educativas que corresponden al Gobierno regional, aunque la Administración mantiene la última palabra, ya que tendrá que aprobar los contenidos que propongan los centros en cada proyecto individual. La consejería no aclaró quién ni cómo evaluará la adecuación de esos proyectos, pero dejó claro que esperan que el nuevo reparto no suponga más gasto para las arcas regionales. Excepto Cataluña, hasta ahora nadie había ido tan lejos en la autonomía de centros.
Figar admitió, sin embargo, en conversación con este periódico, que beneficiará sobre todo a los centros privados y concertados, que llevan años solicitando poder fijar parte de su programa, como aseguraron ayer desde la FERE, federación católica y mayoritaria en la educación concertada. En cuanto a los públicos, explicó que el control será mayor, porque tendrá que valorar el coste económico de modificar el currículo. En estos casos, la reforma permitirá a algunos centros reforzar materias en función de las necesidades de sus alumnos. Por ejemplo, una escuela podrá ampliar las horas de Matemáticas o Lengua si sus estudiantes necesitan apoyo en estas materias, según Figar.
Distintos especialistas consultados consideran la idea, en principio, acertada, pero plantean algunas dudas sobre las dificultades organizativas a salvar y algún que otro temor. Sin los medios necesarios, "puede incluso contribuir a incrementar desigualdades", dice el catedrático de la Universidad de Sevilla Jesús Palacios. El profesor de la Universidad de Barcelona Álvaro Choi abunda en la idea: "Por ejemplo, es posible que en centros de barrios con un perfil socioeconómico bajo acaben optando por dedicar el 35% de horas extra a clases de refuerzo en matemáticas o lengua mientras que, en centros de zonas más acomodadas, puedan destinar ese tiempo a enseñar una segunda o tercera lengua extranjera".
El hecho es que el impacto en las escuelas públicas puede ser muy pequeño, ya que tienen muy poco margen real: no pueden cambiar sin más la plantilla de profesores de la que disponen. "Si lo que querían es mejorar la flexibilidad de los centros deberían haber reforzado los profesores de apoyo y los desdobles, que es justo lo que han recortado", dice Miguel Recio, responsable de estudios de la Federación de Enseñanza de CC OO de Madrid. Los privados y concertados pueden cambiar las plantillas con más facilidad.
"La posibilidad de concretar el currículo no es nueva para los centros, sí lo es el porcentaje", aseguró Santiago Gómez, presidente del Consejo de Directores de Colegios Públicos de Madrid. José Antonio Martínez, presidente la asociación nacional de directores de institutos públicos (Fedadi) cree que el reparto "conlleva riesgos". "Puede ser muy peligroso porque el título que se da a un alumno variará mucho de un centro a otro", según Martínez.
Al catedrático de Sociología de la Complutense Mariano Fernández Enguita le perece "a priori, perfecto". "Existe el riesgo, claro está, de que tal adaptación sea puramente pasiva, pero hay que confiar en los profesionales y en las Administraciones, a la vez que exigirles responsabilidades". También insiste en que debería ir acompañada de otras iniciativas: "Es necesario mejorar notablemente la calidad de los proyectos educativos de centro, reforzar las competencias de los directores y sus equipos, mejorar la formación del profesorado y dar pasos decididos en la evaluación de los centros".

S. Alcaide / P. Álvarez.
El País. 4 de marzo de 2011.