Tradición y orden

El Museo Guggenheim de Bilbao muestra el retorno al clasicismo en la producción artística europea de entreguerras

En la Europa de los años que van de la Primera a la Segunda Guerra Mundial, de ciudades arrasadas y poblaciones diezmadas, emergió un renovado interés artístico por el arte clásico, sobre los anteriores movimientos de vanguardia de la preguerra. La exposición Caos y clasicismo: arte en Francia, Italia, Alemania y España, 1918-1936 sintetiza esta vuelta al clasicismo del arte y la cultura.

JULIA FERNÁNDEZ
Un deseo de recuperar el orden, la organización racional y los valores perdurables, marcó la salida de la pesadilla bélica de los artistas europeos. Frente a la enfática tendencia a la experimentación, a forzar vanguardias capaces de romper los moldes heredados, que se vivió en el inicio del siglo XX con el Cubismo, el Futurismo el expresionismo y otros movimientos, el arte en el periodo de entreguerras quiso buscar su modelo en el equilibrio y la solidez de las formas clásicas. Una fusión de modernidad y antigüedad llegaría a impregnar el quehacer creativo de una Europa asolada por la devastación bélica, que había de ser reconstruida. El creador de la Bauhaus, el alemán Gropius, así lo explicaba retrospectivamente, al escribir cómo se gestó su propia reacción artística, tan en consonancia con la necesaria recuperación social: “Fue evolucionando a partir de una mezcla de profundo abatimiento como consecuencia de la derrota en la guerra y del quebrantamiento de la vida espiritual y económica, y de una esperanza ardiente de construir algo nuevo a partir de los escombros”.

Poética Antigüedad

Esta transformación de la cultura europea es el tema de la muestra Caos y clasicismo: arte en Francia, Italia, Alemania y España, 1918-1936, el nuevo proyecto conjunto de la Fundación BBVA y el Museo Guggenheim Bilbao, que llega a España tras un gran éxito en el Salomón R. Guggenheim Museum de Nueva York. Organizada por el Catedrático de Arte Moderno de la Universidad de Nueva York, Kenneth E. Silver, una destacada autoridad en el arte europeo de entreguerras, y las entendidas Helen Hsu y Vivien Green, entrega, a través de 150 obras de distintas manifestaciones artísticas como pintura, escultura, fotografía, arquitectura, cine, moda o artes decorativas, un análisis de este movimiento de los años posteriores a la Primera Guerra Mundial.
En la muestra de Bilbao, además de las corrientes  Retour à l’ordre (retorno al orden) de Francia, el Ritorno al mestiere (retorno a la artesanía) de Italia y la Neue Sachlichkeit (Nueva Objetividad) de Alemania, se expone un apartado dedicado a nuestro país, con cerca de veinte obras de relevantes artistas españoles, que realizaron trabajos que respondían al signo nuevo de los tiempos.
“Esta exposición”, comentan los comisarios, “examina el retorno al orden en sus manifestaciones principales: el ensueño poético de la Antigüedad en la vanguardia parisina, el renacimiento politizado del Imperio Romano bajo el gobierno de Benito Mussolini, el utopismo funcionalista de la arquitectura de Estilo internacional originada en la Bauhaus, y, por último, la escalofriante estética del emergente nazismo. España, pese a no haber participado en la Primera Guerra Mundial, también vivió una restauración clasicista en consonancia con las tendencias europeas”.

La mentalidad subyacente

Noventa son los autores presentes en Caos y clasicismo, y entre ellos están algunos de los más grandes maestros modernos de la primera mitad del siglo pasado como Georges Braque, Carlo Carrà, Giorgio de Chirico, Otto Dix, Pablo Gargallo, Fernand Léger, Aristide Maillol, Ludwig Mies van der Rohe, Pablo Picasso, Gio Ponti, Émile-Jacques Ruhlmann o August Sander.  Sus obras, mostradas sin seguir  un orden estricto cronológico en ocho secciones, van descubriendo las preocupaciones dominantes y las ambiciones subliminales del arte y el pensamiento europeos del período de entreguerras.
A la sombra de la guerra, la introducción que inicia el recorrido, cuenta con una selección de quince grabados de La guerra de Otto Dix, que describen la destrucción y el trauma causados por la Primera Guerra Mundial. Esas representaciones gráficas de los horrores de la guerra se yuxtaponen con las esculturas de los franceses Aristide Maillol y Auguste Guénot, así como del italiano Amleto Cataldi y el alemán Anton Hiller.
El apasionado seguimiento que se hizo del modelo clásico de  escultura es mostrado en Un yo más perdurable, con obras de Heinrich Hoerle, Suzanne Phocas, pablo Gargallo, Mario Sironi y la fascinante pintura de Julius Bissier Escultor con autorretrato.   
También para los vanguardistas del inicio del siglo, la Antigüedad será el punto de partida para una nueva evolución, tratada en el apartado La vanguardia cara al pasado. En los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, la fragmentación y los experimentos ópticos del Cubismo contrastan de manera chocante con las mujeres voluptuosas, vestidas al estilo griego que se pasean bajo el sol mediterráneo o descasan sentadas en una pose apacible de Picasso, así como con las monumentales canéforas de George Braque.

Escultores y arquitectos

La fotografía, el cine, la moda y las artes decorativas fueron del mismo modo contagiados por este renovado interés por la historia y mitología griega y romana, que había proporcionado durante mucho tiempo a Occidente una narrativa común y arquetipos. Locos por el clasicismo así lo demuestra con un fragmento de una película de  Jean Cocteau, fotografías de Florence Henri y George Hoyningen-Huenen, objetos de diseño de Gio Ponti, mobiliario de Émile-Jacques Ruhlmann y vestidos de Edward Molyneux y Madeleine Vionnet.
Escultores y arquitectos expresaron en un nuevo lenguaje esta recuperación del clasicismo, con formas humanas idealizadas y unas ideas platónicas sobre la armonía geométrica y la belleza de los nuevos materiales. Las secciones Cuerpos clásicos, nueva humanidad y Los constructores resumen sus autores esenciales.
La Nueva Objetividad alemana y el Novecento italiano son los protagonistas de Haciendo clásico lo cotidiano, donde a través de las obras de Fridel Dethleffs-Edelmann, Carl Hofer, Giorgio Morandi, José María de Ucelay, Luigi Trifolio y Feliu Elias, así como los retratos fotográficos tipológicos de August Sander, se demuestra el rigor con que esos movimientos abordaron la representación y el deseo de capturar la realidad objetiva.
El cuerpo como imagen de autenticidad, en contraposición con la mente, y como extraordinario escenario es el tema de Escenificación/Ansiedad. Retratos de gladiadores de Giorgio de Chirico y escenas de deportistas, gentes del circo, del carnaval y de la commedia dell’arte de un grupo diverso de artistas, dan paso al colofón del recorrido: El lado oscuro del clasicismo, una aleccionadora mirada a la búsqueda de las raíces culturales y de la perfección, a medida que la derecha se fue apropiando de ellas. Los fragmentos de la película Olimpiada (Olympia, 1936-38), de la propagandista y cineasta nazi Leni Riefenstahl, proyectados en esta sección, dan fe de cómo el caos del nazismo gustó de expresarse bajo las claves del clasicismo.