Laborar y expandir

El  Museo Nacional de Ciencias Naturales celebra los cien años de su sede recuperando un periodo fundamental de su historia

Fue hace cien años cuando el Museo Nacional de Ciencias Naturales encontró la sede que le permitiría llevar a cabo su proyecto científico y de difusión en España. Las situaciones y personalidades que rodearon este hecho protagonizan la muestra Hace 100 años, un documentado homenaje a los grandes logros culturales y científicos conseguidos en la época.

JULIA FERNÁNDEZ
No es sólo una memoria ilustrada del Museo y de cómo se fraguó su actual asentamiento en el que era el Palacio de la Industria y las Artes, aunque entre sus piezas se encuentren todos  los documentos de su constitución, desde que Carlos III

creó el Real Gabinete de Historia Natural en 1771, después de la adquisición por el Estado de las colecciones que Pedro Franco Dávila había reunido en París, y los planos originales de todas sus sedes anteriores, la primera en la calle de Alcalá, en el Palacio del Conde de Saceda, hoy Real Academia de San Fernando; la Biblioteca Nacional, donde se asentó a finales del siglo XIX y principios del XX o, incluso, de la sede prevista y que al final no pudo ser, como el Museo del Prado de Villanueva.
Tampoco es sólo el recuento del quién y cómo de la conformación de una gran institución científica y cultural, aunque se recuerde a personalidades de su historia como Ignacio Bolívar, director del Museo de Ciencias Naturales que impulsó el conocimiento de la historia natural en España, o Santiago Ramón y Cajal, presidente de la Junta para Ampliación de Estudios, una institución intelectualmente solidaria con el Museo durante décadas; y se muestre una galería con imágenes de los científicos que desde su labor en el Museo contribuyeron al avance de la Ciencia en España.
La exposición Hace 100 años el Museo estrenó sede (1910-2010) sobre todo es un buen relato, sentido y sobriamente estructurado, del ejercicio de esta institución por la modernización de nuestra ciencia y cultura.

Un director ejemplar

Ignacio Bolívar, a la cabeza del Museo de Ciencias Naturales en esta época, sobrevuela el relato de Hace 100 años el Museo estrenó sede, al ser quien llevó a cabo el traslado y por el que esta institución alcanzará un extraordinario desarrollo durante el primer tercio del siglo XX.
“Bolívar luchó por una sede más amplia, enriqueció las colecciones, trató de conseguir mejores infraestructuras tanto como Museo como centro de investigaciones científicas, una función esta última que se vio muy beneficiada por estar el Museo durante estos años funcionando con la Junta para la Ampliación de Estudios”, afirma Soraya Peña, vicedirectora de exposiciones y programas públicos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, que cree que el proceso que se da en el Museo al inicio del siglo XX no es un hecho aislado: “Es una época en la que la cultura y la ciencia cobraron especial relevancia en España. Se vivió un movimiento de auge que se vio truncado por la Guerra Civil”.
Ejemplos de esta especial situación es la influencia que tuvo la Junta para la Ampliación de Estudios en la trayectoria del Museo, ya que no sólo intervino en la consecución de los nuevos locales sino que fue un factor decisivo para el desarrollo intelectual del Museo, ya que a partir de 1912 comenzara a publicarse las tres series de trabajos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, donde aparecieron publicados importantísimos trabajos de Ignacio Bolívar, Ángel Cabrera, Romualdo González Fragoso o Lucas Fernández Navarro, entre otros.
También la larga colaboración intelectual que el Museo mantuvo con la Real Sociedad Española de Historia Natural es recogida en esta muestra. Hasta 1971, y a lo largo de sus 140 años de existencia, la que es la institución científica privada más antigua que existe en España estuvo físicamente ligada al Museo en sus distintas sedes, dándose entre ambas un fructífero intercambio que supuso, entre otras cuestiones, la entrada en la Biblioteca del Museo de múltiples publicaciones de instituciones de todo el mundo que permitió a los científicos que trabajaban en el mismo un rápido conocimiento.

Derivación de las colecciones

El elefante africano que hoy recibe al visitante en el vestíbulo es una de las muchas intrahistorias del Museo que narra esta exposición. Donado por el Duque de Alba en 1913 tras una expedición africana, su piel de 600 kilogramos permaneció durante 10 años en los sótanos del museo. Fue naturalizado por uno de los hermanos Benedito, contando como único dato informativo con la medida de los colmillos. Después de elaborar varios bocetos escultóricos de diferentes dimensiones en bronce, piedra, barro, madera, cerámica y terracota, construyó un armazón utilizando madera, tela metálica y escayola, algunos de los huesos del elefante y los ojos de cristal, para después recubrir todo por la piel ya curtida y encolada, sujeta con alfileres. El proceso de naturalización se llevó a cabo en el Real Jardín Botánico y finalizó en 1930, desde donde posteriormente fue trasladado al Museo de Ciencias Naturales por el madrileño Paseo de la Castellana para el gran asombro de los viandantes.
Y además, objetos que ilustran la historia del Museo como una cámara fotográfica para microfotografía de Carl Zeiss o piezas venidas de las exploraciones científicas en las colonias españolas en África; las imágenes del montaje del Diplodocus donado por Carnegi o la memoria de ejemplares que formaron parte del Museo y que a partir del siglo XX pasaron al Museo Nacional de Antropología, Etnografía y Prehistoria, el Museo Nacional del Prado, la Biblioteca Nacional, el Museo de Artes Decorativas o el Museo de América… Todo se recuerda en el recorrido estructurado por el catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad de Alcalá, Alberto Gomis.

100 años después

“El Museo está viviendo un momento de gloria: tiene todas las salas de exposiciones permanentes abiertas y las temporales también. Siempre ha sido un museo de referencia para los españoles, pero este año se está dando el caso de que muchos turistas extranjeros italianos, franceses, portugueses han empezando a venir de forma mayoritaria. Las renovadas salas permanentes de Paleontología y Arqueología, que cuenta con todos los avances en museología y nuevas tecnologías, en las que se están mostrando un mayor número de fósiles, minerales y rocas, se exponen los dinosaurios, y en la que hay una representación de los fósiles de homínidos de todo el mundo de tal manera que se puede seguir muy bien cómo han sido las migraciones, la evolución, han sobrepasado estas Navidades las expectativas más optimistas de visitantes”, resume la vicedirectora de exposiciones Soraya Peña sobre la situación que vive un Museo de Ciencias Naturales, que estos días celebra el centenario de su sede, un bello palacio con fachada de ladrillos de diferentes colores y elementos cerámicos, con un cuerpo central, ocupado por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales, y dos alas simétricas rematadas por sendos pabellones, coronado con una espléndida cúpula que da carácter al edificio.