Esta sección está abierta a todos aquellos profesores que realizan trabajos de innovación
en el aula, unidades didácticas, proyectos interdisciplinares o que pongan en marcha nuevos métodos de aprendizaje en clase.

Los textos, de una extensión máxima de
tres folios, deben llegar en disquete a COMUNIDAD ESCOLAR (Alcalá, 34. 6ª planta. 28071 Madrid), o a nuestra dirección de correo electrónico.

La música moderna del siglo XX, del jazz al rock

La Universidad Jaime I de Castellón incluye en su programación una asignatura sobre estos géneros musicales contemporáneos

El curso La música moderna del siglo XX, del Jazz al Rock fue la propuesta de curso que presentó el autor de la presente experiencia a la asesoría técnica del programa de formación de la Universidad para Mayores de la Universitat Jaume I de Castelló. Era el primer curso de esta temática que se dirigía a la educación de personas mayores de 55 años. Después de su evaluación fue aceptado y ofertado como asignatura de 2º ciclo del curso académico 2008/09 y fue impartido, en un principio, en la sede principal de la universidad.

Después del interés y la motivación demostrada por el alumnado en el período académico 2008/09, el curso La música moderna del siglo XX, del Jazz al Rock fue programado para el curso 2009/2010 en todas las sedes de la Universitat Jaume I e impartido en los municipios de Vinaroz, San Mateu, Morella y Villafranca, próximamente se realizará en las localidades de Sagunto y Segorbe.
Como objetivos generales del curso nos propusimos disfrutar de la audición de obras musicales como forma de comunicación y como fuente de enriquecimiento cultural y de placer personal interesándose por ampliar y diversificar sus preferencias musicales y analizar obras musicales como ejemplos de la creación artística y del patrimonio cultural reconociendo las intenciones y funciones que tienen con el fin de apreciarlas y relacionarlas con sus propios gustos y valoraciones.

Asimismo, nos planteamos utilizar de forma autónoma y creativa diversas fuentes de información: medios audiovisuales y otros recursos gráficos para el conocimiento y disfrute de la música y aplicar la terminología apropiada para comunicar las propias ideas y explicar los procesos musicales y elaborar juicios y criterios personales, mediante un análisis crítico de los diferentes usos sociales de la música.

Objetivos específicos

Como objetivos específicos de nuestras actividades a lo largo del curso nos propusimos los siguientes:
- Reconocer, identificar y relacionar los elementos básicos del lenguaje musical (ritmo, armonía, melodía, textura, dinámica y timbre) mediante el análisis en la audición.
- Conocer los elementos de la forma musical. Reconocer la estructura interna de determinadas composiciones organizadas de acuerdo con las llamadas formas repetitivas, con estribillo e imitativas.
- Distinguir por medio de la audición los estilos y las estéticas más importantes de la historia de  la música moderna.
- Situar cronológicamente los compositores e intérpretes más representativos de los estilos y las estéticas musicales.
- El análisis de la música, como hecho social, cultural y su relación con las otras artes en distintas épocas, mediante la audición de distintos estilos, géneros y formas.
- Reconocer y valorar los elementos extramusicales en la obra escuchada.
- Reconocer de forma visual y auditiva las diferentes familias de instrumentos y los principales representantes de cada familia, a lo largo de la historia de la música moderna.
- Identificar los grupos vocales e instrumentales con más tradición en cada una de las épocas y estilos.
- El estudio de la presencia de la música y de su consumo a través de los medios de comunicación social y las nuevas tecnologías. Su relación con la creación musical y sus reproducciones mecánicas.
- La valoración de la función del autor, director, intérprete, técnico de sonido, productor musical, etc.
En el ámbito de los contenidos, y concretamente en los relativos al Jazz, el desarrollo del curso partía de sus orígenes, los cantos de trabajo y los espirituales, y desde allí seguir la evolución del Jazz a través de sus diferentes formas y estilos: Ragtime, Blues, estilo Nueva Orleans y Dixieland, Swing, Be Bop, Cool, Hard Bop, Free Jazz y Jazz Rock.
Asimismo, y en el ámbito del Rock, abordamos durante el curso sus origenes y su desarrollo a lo largo del Siglo XX en sus diferentes etapas: Rock'n'Roll 1951-57, 1957-1962, 1961-1964, 1964-1965, 1963-1965 y la Contracultura durante los años 1965-66.

Experiencias y reflexiones

En las primeras sesiones realicé una pequeña encuesta sobre los gustos y preferencias musicales del alumnado y progresivamente trasladé el interés hacia la música moderna y el jazz. Después de que voluntariamente los estudiantes expresaran sus predilecciones, la primera cuestión que les planteé fue: ¿les gusta el jazz? La mayoría de los alumnos contestó que no les gustaba y manifestaron su favoritismo por otras músicas, entre ellas, la música española, aunque no concretaban de qué período histórico o estilo, el recital lírico, la música folklórica, la copla, la música ligera, de baile, etc. La gran mayoría, aunque no todos fueron entusiastas, calificaron la música clásica como la manifestación artística por excelencia por encima de otras músicas y sólo un pequeño porcentaje afirmó que conocía algunos artistas o agrupaciones históricas de jazz, asistía a conciertos o, en el menor de los casos, escuchaba habitualmente jazz.  No debatí con ellos, simplemente les invité a que hicieran un esfuerzo en la audición y compararan el efecto y la sensación que les produce los distintos estilos de jazz. A continuación, realicé la reproducción de 3 audiciones distintas de jazz: Dixieland, Swing y Be bop. El sonido de la primera pieza les pareció antiguo aunque les recordaba el baile de Charleston o el carácter divertido y festivo de los desfiles que amenizaban las bandas de New Orleans; la segunda les remitió a la época de las grandes orquestas como las de Glenn Miller o Benny Goodman, el baile del fox-trot y a las películas como Sonrisas y Lágrimas; la tercera les resultaba extraña, rara y, en el peor de los casos, incoherente, demasiado extravagante o incomprensible. Se identificaron con las dos primeras y generalmente, rechazaron la tercera. Inmediatamente después pregunté: ¿todo es jazz? Después de algunas vacilaciones nadie se atrevió a afirmar que sí. No contesté a la pregunta y realicé 3 nuevas audiciones pero ahora del repertorio de la música considerada como culta, seria o clásica, se trataba de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi, la 5ª sinfonía de Beethoven y, premeditadamente, una pieza completamente contrastante con las anteriores, Trenody de Penderecki, después empleé las preguntas: ¿todo es música clásica? ¿supongo que las 3 piezas les habrán gustado? Los alumnos dudaron o no contestaron.
Después de la expectación provocada por la ausencia de respuestas el alumnado quedó muy sorprendido cuando les advertí que las 3 primeras audiciones eran 3 ejemplos representativos de estilos distintos de jazz. Las etiquetas son odiosas, sin embargo, mi primer objetivo fue sensibilizar al alumnado y demostrarles que la música está en constante evolución, que no pueden infravalorar el jazz si no conocen los estilos, del mismo modo, que no deben afirmar que les gusta toda la música clásica cuando su catálogo musical se ha detenido en el repertorio del período clásico-romántico. La evolución del jazz ha sido vertiginosa, en un mismo siglo han convivido infinidad de estilos e incluso se ha llegado a alcanzar la fusión con otras músicas además de la originaria mezcolanza afro-americana. Esta condición presenta al oyente un problema de asimilación y predisposición hacia esta música, es decir, a un aficionado al jazz tradicional le cuesta entender qué relación tiene el jazz de vanguardia con los orígenes y debe realizar un gran esfuerzo para superar la predisposición negativa a escuchar sus representantes más contemporáneos.

Los nuevos métodos de educación musical

Uno de los comentarios que surgió y que más se repitió en todos los grupos y ediciones del curso lo originaron aquellos estudiantes que de jóvenes se iniciaron en la música o tenían alguna relación con la misma, comentaban que el maestro de la escuela, la banda o el coro afirmaba que no se podía tocar un instrumento sin conocer y profundizar en el solfeo o la “solfa” como ellos le llamaban, sentenciaban que era una condición indispensable. Esta tradición también fue un requisito del plan 66, normativa que organizaba los estudios de música en los conservatorios españoles hasta la aparición de la LOGSE. El antiguo y extinguido programa exigía que el alumno estuviese matriculado en un curso de solfeo por encima del que cursaba de instrumento. Sin duda alguna, esta decisión estaba motivada por la mayor importancia que se le daba a la lecto-escritura en lugar de la educación auditiva, es decir, la tendencia generalizada era priorizar el conocimiento y dominio de la notación musical frente al oído, el sentido más importante para el desarrollo del futuro músico.
Puesto que uno de los máximos objetivos de la asignatura y del programa completo de la Universidad para Mayores, por encima de los contenidos específicos, es la formación humanística del estudiantado, decidí hacer un paréntesis para analizar y reflexionar sobre el problema. Para ello, inicié el tema con una reflexión: sí ustedes afirman que no se puede tocar música hasta que no se domine el solfeo por la misma lógica a la que llegan a su conclusión los bebés tampoco podrían hablar hasta que no fuesen capaces de escribir las palabras. Si esto fuese así no podrían pronunciar los primeros balbuceos y los sonidos más deseados por sus progenitores: papá, mamá. ¿Cómo es que los bebés aprenden a hablar sin tener conocimiento del proceso de lecto-escritura? La reacción fue de esperar, los comentarios se solapaban, los más conservadores veían agredido el método de enseñanza tradicional que hace años practicaron, la temperatura de la clase ascendía y el nivel de participación en el debate iba in crescendo. La respuesta más afortunada de los alumnos fue que los bebés aprenden por imitación reproduciendo los sonidos que escuchan en su entorno. Esta afirmación me brindó una oportunidad espléndida para continuar y justificar mi exposición.

El jazz como especialidad en la titulación superior

Entre los alumnos surge la cuestión en torno a ¿cuál es la formación del músico de jazz?, ¿qué tipo de instituciones ofertan estos estudios? y ¿cuáles son las salidas profesionales del estudiante de jazz? En un principio les informo de que los primeros músicos de jazz apenas tenían estudios formales de música y eran prácticamente autodidactas, posteriormente con la difusión internacional de esta música y el interés demostrado por los estudiosos y musicólogos fue introduciéndose en el terreno de las instituciones y la administraciones educativas. Así pues, les informo que el jazz como especialidad en las titulaciones de música de grado superior fue implantado en multitud de países, especialmente en Estados Unidos y Europa, excepto en España hasta la reforma educativa de la LOGSE. Llegados a este punto, me detengo para hacerles una reflexión: si realmente la improvisación tiene la aplicación pedagógica que se merece y atendiendo a las enseñanzas profesionales como es el caso de las Enseñanzas de Régimen Especial, ¿por qué la reforma de la LOGSE a mediados de los años 90 aprueba y resuelve por ley especialidades como el Jazz o el Flamenco con el nivel de titulación superior y después de casi 14 años existen muchos conservatorios españoles que no han implantado estas enseñanzas?, ¿es que acaso no existen especialistas? ¿deben ser titulados o simplemente acreditar una larga vida laboral o experiencia profesional? ¿qué comité de selección o tribunal debería juzgar estas pruebas selectivas?, ¿tendría la formación adecuada para realizar su labor?. Después de este imperdonable retraso, ¿por qué todavía no se han convocado pruebas selectivas para dotar a los centros de funcionarios de carrera que impartan estas disciplinas y sin embargo, las autoridades educativas se limitan simplemente a crear bolsas de trabajo para justificar la presencia de estas especialidades y salvar del paso esta situación? Inmediatamente después de esta argumentación estaban todos asombrados, la gran mayoría desconocía esta situación e incluso no sabían que la autoridad educativa, en gran número de estados, reconocía los estudios formales de jazz, se encargaba de programar y ofertar esta disciplina como titulación superior y era equiparable a los estudios de Licenciatura y actualmente al Grado.
A modo de conclusión cabe destacar que a través del curso conseguimos desarrollar los siguientes objetivos:
- Formar oyentes y fomentar la educación musical para personas adultas.
- Valorar otras músicas distintas a la denominada clásica o culta.
- Disfrutar de la audición de la música moderna y el jazz.
- Tomar conciencia de la importancia de la música en directo, de la figura del intérprete, compositor e improvisador.
- El reconocimiento y la discriminación auditiva de instrumentos, formas y estilos.
- Conocer y evaluar otros métodos de educación musical alternativos a los tradicionales.
- Valorar la especialidad de Jazz como titulación superior de música.

José María Peñalver Vilar
Universitat Jaume I de Castelló, Facultad de Ciencias Humanas y Sociales,
Departamento de Educación, Área de Música
penalver@edu.uji.es