El palacio del coleccionista

Los ambientes originales de la casa-museo Cerralbo muestran el gusto artístico y la forma de vida del aristócrata decimonónico

Es una de las más grandes colecciones privadas de arte reunidas en España y uno de los escasos ejemplos de los palacios de la aristocracia de finales del siglo XIX y principios del XX que se conservan con su ambientación original. Y, sobre todo, es la apuesta extraordinaria de un mecenas a favor de la sociedad.

JULIA FERNÁNDEZ
“Que perduren siempre reunidas y sirvan para el estudio de los aficionados al arte (…) tal y como se hallan establecidas y colocadas por mí, sin que jamás se trastoquen ni por ningún concepto, autoridad o ley se trasladen de lugar, se cambien objetos ni se vendan”, exigía en su

testamento Enrique de Aguilera y Gamboa, XVII marqués de Cerralbo, respecto a la conservación y exhibición de las colecciones artísticas que llegó a reunir a lo largo de su vida. Su voluntad, ochenta años después de su muerte, tras una década de rehabilitación y reformas y de cuatro años cerrado al público, se ha visto íntegramente asumida en un renovado proyecto artístico-cultural que se sitúa entre la lectura histórica y el discurso personal de un aristócrata humanista, coleccionista  y reconocido arqueólogo que potenció métodos modernos de documentación, que viajó con su familia por España y Europa tomando apuntes en museos y galerías y adquiriendo objetos artísticos, con el afán altruista de construir un futuro museo, al modo de las galerías italianas.

Inventario original

El nuevo Museo Cerralbo que ha reabierto sus puertas en Madrid ha recuperado los ambientes originales de la planta principal del palacio, donde se desarrollaba la vida pública y social de los marqueses de Cerralbo, siguiendo pautas científicas e históricas que obtuvieron en 2008 el reconocimiento de los Premios Europa Nostra, con una Medalla en la categoría de Conservación del Patrimonio. Sus colecciones se presentan restauradas y ubicadas correctamente las piezas, gracias a la ayuda de una importante fuente documental como es el inventario que realizó el primer director del Museo, el arqueólogo Juan Cabré, y la documentación fotográfica de la época, que han hecho posible también suplir las piezas destruidas o desaparecidas a lo largo del siglo XX, principalmente durante la Guerra Civil Española.
No ha podido ser tan exacta la recuperación de la planta de entresuelo del palacete, donde discurría la vida privada de la familia del marqués de Cerralbo. En este caso, una reinterpretación de la escasa documentación sobre esta área de la vivienda, junto con la profundización en las costumbres decorativas de la época, logra suplir las continuas modificaciones llevadas a cabo por la familia y las reformas realizadas en durante los años 40. También se ha tenido como fuente para la reconstrucción del espacio y sus piezas la colección Villa-Huerta, donada por Amelia del Valle y Serrano, hija de los marqueses, de la que se han seleccionado un número de piezas que refuerzan los ambientes recreados.
Tras su rehabilitación, el Museo Cerralbo se constituye así en el único palacio, de los muchos que había en Madrid hacia 1900, que mantenga su apariencia original, lo que permite a un visitante conocer cómo vivía la clase social poderosa y pudiente de la época, y poder comparar el modelo con otros ejemplos europeos.

Diversidad de objetos 

El escenario resulta impactante, desde el gran portal a las habitaciones privadas de los marqueses de Cerralbo y sus hijos, con el despacho donde el marqués atendía a sus administradores y proveedores, el comedor estival, el gabinete de verano de la marquesa de Villa-Huerta o el dormitorio del marqués en su viudedad. Son la parte más privada de una mansión, donde la familia hacía su vida diaria y recibía a parientes y amigos íntimos, que en la segunda planta se abre a un paseo singular por colecciones artísticas que sorprenden por la diversidad de sus objetos: pintura europea de los siglos XVI al XIX, esculturas, dibujos, estampas, monedas, medallas, objetos arqueológicos, armas y armaduras, además de una amplia representación de las artes decorativas de toda época y estilo que, junto a los fondos bibliográficos y documentales antiguos, componen un total de 50.000 objetos.
En la Armería, por ejemplo, se exhiben más de cuatrocientas piezas entre panoplias, armas y armaduras, dispuestas al modo de las salas de armas medievales y en las paredes de su Comedor de Gala, con una mesa en madera de caoba y nogal para veinticuatro comensales, que acogió a políticos, literatos y personajes influyentes de la sociedad finisecular, cuelgan pintura naturalista, bodegones y floreros de los siglos XVII al XIX, realizados por Juan Fernández el Labrador, Giusseppe Recco y Cristoforo Munari, entre otros. El Despacho y la Biblioteca da cuenta con sus más de siete mil volúmenes, de la personalidad del que fue un gran hombre de ciencias y letras, con materias como Numismática, Arqueología, Historia, Geografía, Literatura, Religión, Derecho y Política, así como monografías de viajes y manuscritos.