La sociedad de nuestros días coincide en considerar la música como un adorno, es decir, no forma parte esencial en nuestras vidas, sino que se considera algo secundario. En el presente artículo, su autora expone cómo esa percepción que tenemos de la música no es la más adecuada y es, por esa razón, por la que la música está perdiendo el valor que tiene y está pasando a tener un fin muy distinto del que, a su juicio, realmente debería tener.

¿Qué valor le damos,
hoy en día, a la música?

Elisabeth Miranda de los Santos
Diplomada en Educación Musical

NTIGUAMENTE,    todos     los

pueblos orientales dieron a la música una importancia considerable, uniéndola íntimamente a la vida religiosa y cívica. Esta importancia confunde al occidental racional y crítico. Dos hechos, sin embargo, pueden aclarar el problema: la música tenía entonces un carácter más espiritual, y el ser humano una constitución y un estado anímico diferentes de los del hombre de nuestros días.
Actualmente, una corriente cultural tiende a considerar la música como un factor importante para la formación de la personalidad humana, ya que crea un clima particularmente propicio para despertar las facultades creadoras y, además, porque puede dar vida a la mayor parte de las facultades humanas y favorecer su desarrollo.
En el pasado, a menudo se limitaban a enseñar en lugar de educar, a favorecer el mero virtuosismo, todo ello en detrimento de los valores vitales. Pero, particularmente desde principios de siglo, se manifiesta una reacción: los métodos se hacen más activos, se apela desde la infancia a las posibilidades creadoras; la vida se antepone a la perfección formal.
La música enriquece al ser humano por medio del sonido, del ritmo y de las virtudes propias de la melodía y la armonía; eleva el nivel cultural por la noble belleza que se desprende de las obras de arte, reconforta y alegra al oyente, al ejecutante y al compositor. Por todo ello, la música es considerada casi unánimemente como un factor cultural indispensable.
En este apartado, nos surgen innumerables preguntas: ¿Tiene la música un valor esencial en la escuela? ¿Es considerada la música como el resto de las asignaturas? ¿Es la música una asignatura teórica o práctica? ¿Se estudia la música de nuestros tiempos o sólo la música del pasado? Estas son cuestiones que nos hacemos cuando reflexionamos sobre el valor de la música en la enseñanza y es aquí donde vamos a intentar contestarlas.

Finalidades de la educación musical

Los objetivos específicos de la educación musical son: Disfrutar la música, escuchando o ejecutando, y además comprenderla -leer, escribir, componer-. ¿Creéis que son estos objetivos los que pretenden cumplir todos los profesores de música?
Si buscamos en cualquier enciclopedia o libro la finalidad general de la educación musical, nos encontraremos la siguiente: “Todo niño debe vivir, en presencia real, todos los actos creadores del pasado, de participar en la creación continua del hombre. El arte (la música) es búsqueda e invención de los fines”. La música puede ser considerada como el arte que atraviesa el conocimiento y todos los estratos de la vida humana. Debería ser el centro de la educación y no estar aislada, como pasa en la actualidad.
Por todo lo dicho, hay que evitar que el arte se convierta simplemente en un refugio en nuestras vidas, sin que sea posible vivir artísticamente en su sentido pleno. La necesidad de arte es una necesidad esencial, que no se puede apreciar hasta que no hayan sido satisfechas las necesidades primarias (comer, beber, reproducirse…) e igualmente esenciales.
Una de las finalidades principales de la educación musical que quiero destacar, es la de: enseñar a escuchar, ya que está realmente olvidada y es que, los jóvenes de nuestros días no están acostumbrados a escuchar, ya que el valor que tiene la música en sus vidas es totalmente secundario (efectos sonoros en los juegos o películas, ruidos…). Este objetivo es esencial y no siempre se lleva a cabo. Para enseñar a los alumnos a escuchar, el profesor debe dirigir y conducir la escucha a disponerse para oír lo inaudito, lo inesperado, evitando el rechazo de los alumnos. Hay profesores que creen que el oído musical es algo innato y que, por tanto, no se puede educar, sino que se tiene o no se tiene. Ellos creen que si no lo tienes, no hay remedio y, muy probablemente, te dirán: “Como no tienes oído, no puedes cantar,…” y te mandarán a realizar otras tareas. Esta concepción es una percepción muy pobre de la música, ya que si este mismo profesor no cree en los valores que ésta tiene, ¿cómo va a ser capaz de transmitírselos a sus alumnos? No se puede transmitir algo en lo que realmente no se cree. Para enseñar es esencial que el profesor crea en lo que está diciendo, sólo así será capaz de transmitirlo.
En definitiva, hay que seleccionar y clasificar, en común, adecuadamente los objetivos de la educación musical, pero ¿es esto tan fácil? ¿Por qué hay tantos problemas a la hora de concretar estos objetivos? El problema llega cuando observamos que la música es un arte y que, estamos haciendo referencia a su enseñanza. ¿Es lo mismo enseñar arte que historia? ¿Se enseña lo mismo? Al estar refiriéndonos a un arte, entran en juego valores más abstractos, espirituales, que no se pueden clasificar tan rápidamente como los valores concretos, añadiendo, además, las creencias que tienen los diferentes docentes que la imparten. Por ello, existe un gran desconcierto a la hora de la organización de esta “materia”.
Refiriéndonos de nuevo a su organización, ¿es suficiente una hora a la semana? ¿Está entonces, también, la ley restándole importancia a la música? ¿Ayuda este factor a que le demos muy poco valor a la música? En mi opinión, todo influye.

El potencial educativo de la música

Existe una estrecha relación entre: “Comer mal” (escuchar sólo determinados estilos de música) y tener una pobre formación artística. Esta relación nos da a entender que si nos centramos solamente en unos determinados estilos y géneros y obviamos los restantes, no estamos conociendo todas las perspectivas de la música y, por tanto, nuestro aprendizaje no está siendo completo, sino que es un aprendizaje empobrecido, parcial.
Este hecho ocurre hoy en nuestras escuelas y es que, muchos profesores consideran que la música “clásica” comprende todo el panorama musical, es la única existente, y que, por tanto, es la única que debe enseñarse. ¿Es esa una visión enriquecedora de la música? En mi opinión, el profesor debe estar más disponible frente a la novedad que preocupado por transmitir la herencia y organizar la admiración, pero debe ser capaz también de esta transmisión. Está claro que esa educación musical está incompleta y, por tanto, el niño no va a poder contar con todas las alternativas y perspectivas que existen, teniendo, con ello, una educación musical pobre. Por ello, se debe enseñar una educación musical completa, con todas sus vertientes, opciones, dificultades, conflictos, virtudes, dotando, con ello, a los alumnos de una buena formación musical para poder apreciar y distinguir. Para ello, el educador (y músico) debe ser un doble artista que debe llevar a los alumnos aquella música que tenga calidad (sea de la época y del género que sea) y, por tanto, potencial educativo.

Relación de la educación musical con otras áreas

¿Puede considerarse la educación musical una asignatura? ¿Es realmente igual que el resto de las asignaturas?
La educación musical no debe verse sólo como una asignatura, sino como un proceso educativo que pretende satisfacer las necesidades reales de la clase y una experiencia interdisciplinaria, que conlleva la colaboración de diferentes asignaturas, como son: Educación Plástica, Lengua y Matemáticas. En un momento determinado, puede establecerse la relación con las siguientes asignaturas: Conocimiento del Medio, Educación Física, Religión e Inglés.
La principal diferencia de la Educación Musical con respecto a otras áreas es que la educación musical es una materia que procura la autoexpresión (al igual que la educación plástica y la educación física), sin embargo, el resto de materias que pueden enseñarse se limitan a satisfacer la necesidad de adquirir conocimientos. Por ejemplo: la Historia es una materia para adquirir conocimientos, y consiste (tal vez erróneamente) en la transmisión de un conjunto de hechos desde la mente del maestro a la de sus alumnos. Sin embargo, la música es una materia predominantemente expresiva, como el arte, la escritura creativa, o elaboraciones de todo tipo. Es decir, debería ser esto; aunque, por el gran énfasis puesto en la teoría, en la técnica y en el trabajo de memorización, se vuelve, predominantemente, mera adquisición de conocimientos. Mientras alentamos la autoexpresión en las artes visuales, el paralelo en música suele ser en general muy poco más que memorizar "El mono en el árbol" para algún acto social de fin de año.
En una materia que da conocimiento, el maestro tiene todas las respuestas y el alumno tiene una cabeza vacía lista para asimilar información. En una clase programada para la creación no hay maestros; sólo hay una comunidad de estudiosos. El maestro puede iniciar una situación haciendo una pregunta o planteando un problema; a partir de ahí, su papel como maestro ha terminado. Podrá continuar participando del acto de descubrir, pero ya no como maestro, no como persona que ya conoce la respuesta.
Entre las artes, la enseñanza de las artes visuales está muy adelantada respecto de la enseñanza de la música, ya que se le otorga mayor importancia a la vista que al oído, siendo este último el primer órgano que se desarrolla. Me planteo una pregunta, ¿son todas las artes abstractas en un mismo sentido? Creo que la respuesta a esta pregunta es, rotundamente NO. Si comparamos, por ejemplo, el mundo de la pintura con el de la música, nos encontraremos con que el cuadro que pinta el artista es un elemento sólido que se puede encontrar en un lugar determinado: museo. Sin embargo, las partituras de los músicos son instrucciones para intérpretes, pero no es la obra musical en sí; parece como si la obra solo existiera en la mente del compositor, ejecutante y oyente. Es una abstracción que quizás nunca se pueda concretar perfectamente.

Importancia de la familia en la educación musical

Como ya es sabido, la familia es el grupo social que más influencia ejerce sobre la personalidad del niño y, por consiguiente, sobre su sensibilidad musical. Los padres con su actividad educadora van a determinar los intereses, capacidades y actitudes de sus hijos hacia la educación musical. Por todo ello, nos encontramos en las aulas alumnos con diferentes intereses en relación con la música y he de decir que esos intereses son proporcionalmente directos, en la mayoría de los casos, a los intereses de sus familias.
Ahora nos planteamos el siguiente caso, ¿qué pasaría si un niño suspende la “materia” de música? ¿Se le da la misma importancia que si un niño suspende, por ejemplo la asignatura de Lengua? He observado en muchos casos este ejemplo y todos coincidían: Si el niño suspendía Música no se le daba importancia, pero si el niño suspendía Lengua, entonces sí había repercusiones: clases particulares, castigos. Entonces, me planteo yo: ¿por qué no se le da el mismo valor? Cuando he observado estos casos, he preguntado el por qué de esta situación, el por qué ese desprecio a la música y siempre han contestado lo mismo: “La música no sirve para nada, los niños sólo cantan y bailan. En un futuro, no les servirá para nada. Por ello, no pasa nada si suspenden esa asignatura, ya que no tienen que estudiar apenas, sólo practicar. Creo que deberían quitar esa asignatura del colegio”.
Entonces digo yo, ante esta situación, ¿qué podemos esperar dentro de un aula? ¿qué importancia les darán los niños a la música, si viven eso en sus casas? Por ello, creo que el trabajo debería empezar por concienciar a las familias del valor de la música y sólo con ello conseguiremos que los niños la valoren.
En la sociedad capitalista en la que vivimos, la música constituye un producto de consumo más, debido al dinero que mueve. En nuestra sociedad, el consumo de los medios de comunicación se debe al aumento del tiempo libre y la disponibilidad de recursos económicos.
A continuación, haremos un breve repaso de los principales medios de comunicación y su influencia en la sociedad.

Medios audiovisuales. Estos medios favorecen el proceso de enseñanza-aprendizaje, sin sustituir la labor del profesor. En todos los medios audiovisuales, la música tiene una gran importancia, ya que sin ella estos medios carecerían, en muchas ocasiones, de valor. Probad, por ejemplo, en quitar el volumen en una película de miedo, ¿a que ya no da tanto miedo? ¿a que ya no parece una película de terror?

Cine. Debemos formar a los alumnos en la crítica y la reflexión activa para que sean unos consumidores conscientes. Como he dicho anteriormente, este es uno de los medios audiovisuales donde la música tiene una gran importancia. ¿Sería lo mismo una película con música que sin música? He de decir que, las bandas sonoras son muy reconocidas y valoradas en nuestra sociedad. De hecho, recibe premios en determinados festivales de cine. Por todo lo dicho, hay que prestarle mucha atención a este medio.

Vídeo. Es el medio que tiene mayor impacto en la escuela.

Televisión. La televisión provoca en el niño la atención y les incita a participar en juegos, canciones, acertijos; es por todo eso y por la facilidad de adquisición, que vemos su posible utilidad en el aula. Dentro de la programación televisiva, se destacan dos programas infantiles, cuyo fin es el de aumentar el conocimiento y las actitudes hacia los sonidos: Barrio Sésamo (dirigido a niños de 2-6/7 años) y el Show de Comenotas (francés) para los más mayores.
En este medio, la música también cobra una gran importancia ya que está presente en la mayoría de los ámbitos: en la cabecera de los telediarios, en las novelas, en los programas, en los anuncios, en las series, en los documentales…

Radio. La radio tiene mayores posibilidades de complemento del sistema escolar   debido a su valor económico, su accesibilidad y su ubicuidad. Entre la radio y la televisión existe una gran competitividad para ser las primeras en difundir las noticias que más relevancia tenga en determinados momentos.

La música en el tiempo libre

La sociedad considera a la música como la parte “ociosa” de la vida (también de la educación). Esto fue demostrado en un estudio realizado en Málaga: La ocupación de tiempo libre más utilizada es la de “oír y practicar música” con un 18%, mientras que ver la televisión cuenta con un 15%. Si nos ponemos a pensar en estos datos, nos daremos cuenta de su veracidad.
En un día de nuestra vida cotidiana, cuando nos encontramos en nuestro tiempo libre, ¿qué hacemos? Si nos fijamos en los más pequeños de la casa, nos encontramos con que un porcentaje considerable está apuntado a clases extraescolares de música, o bien de baile, ya sean sevillanas, flamenco, etc. Continuamos con los adolescentes, y observamos que en su tiempo libre, la mayoría acude a discotecas, para bailar o, frecuentemente, realizan la denominada “botellona” donde uno de los principales elementos, aparte del alcohol, es la música “a toda voz” en el coche. Además, hay muchísimos jóvenes que se apuntan a “bandas de música” porque les llama la atención estas agrupaciones y porque quieren aprender a disfrutar de la música, siendo partícipes de ella y colaborando en determinados actos públicos: Semana Santa, Corpus Christi, Reyes Magos… Los adultos, en sus ratos libres, suele poner la radio, en cadenas donde se escuchan, mayoritariamente, canciones de actualidad; suelen ir a karaokes; a clases de baile… Y por último, los ancianos, muy parecido a los adultos, suelen poner la radio e ir a clases de baile.
Si nos fijamos ahora en los actos sociales, de carácter extra oficiales, a los que acudimos en nuestro tiempo libre y que están inmersos en nuestra cultura, observaremos la importancia que la música tiene en ellos: Carnavales, Feria, celebraciones religiosas (bodas, bautizos, comuniones, Navidad, Semana Santa, Corpus Christi), cantos realizados a diferentes sectores del deporte: equipos de fútbol, de baloncesto…
Aquí se demuestra la importancia que le otorgamos a la música, como factor secundario. Es decir, en nuestro tiempo libre buscamos el divertirnos con la música, pero sin embargo, no queremos llegar a entenderla, dándole un valor muy simplificado de diversión y entretenimiento. Deberíamos ir más allá y tener la inquietud de querer saber qué es eso que estamos escuchando, qué significa, quién lo ha hecho, cómo se llama, por qué suena así, por qué me gusta. Sólo así estaremos dándole a la música el valor que realmente se merece.

 

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