Esta sección está abierta a todos aquellos profesores que realizan trabajos de innovación en el aula, unidades didácticas, proyectos interdisciplinares o que pongan en marcha nuevos métodos de aprendizaje en clase. Los textos, de una extensión máxima de tres folios, deben llegar en disquete a COMUNIDAD ESCOLAR (Alcalá, 34. 6ª planta. 28071 Madrid), o a nuestra dirección de correo electrónico.

No existen los errores, sólo los resultados

Una festiva representación teatral de “Los tres cerditos” protagonizada por niños de tres años les enseña que el camino es la meta

Tradicionalmente, en nuestro centro, el ciclo de Educación Infantil celebra el final del trimestre con una pequeña fiesta, que incluye, además de música y almuerzo, una representación teatral a cargo de cada uno de los niveles educativos; es decir, en diciembre les toca a los de cinco años, en abril a los de cuatro y, al finalizar el curso, a los pequeños de tres años.

Como tutora de 1º de Educación Infantil, desde principio de curso, sé que este momento va a llegar, y mi cabeza se llena con grandes ideas y proyectos. Han sido tantos los artículos leídos, y los seminarios en los que hemos participado sobre aprendizaje constructivista y la realización de proyectos de investigación, que no encuentro mejor ocasión para ponerlos en práctica que ésta. Pero se acerca junio, llega nuestro turno, y yo me siento como si estuviera delante de un folio en blanco en un examen: ¿Cómo empiezo? ¿Qué obra representamos? ¿Cómo hacer participar a los 23 niños y niñas del grupo? ¿Querrán participar? ¿Se aprenderán el texto?... Al comentarlo con mis compañeras de inglés y euskera se ofrecen a ayudarme. Se nos ocurre que hacer un pequeño teatro en los tres idiomas puede ser interesante.
En busca de inspiración, recuerdo un seminario en el que Alicia Vallejo, pedagoga y asesora educativa, nos habló sobre la organización del aula y la importancia fundamental de juego en el ciclo de Educación Infantil. Vuelvo a repasar documentación y encuentro un artículo sobre el juego dramático, y es aquí dónde empiezo a tener las cosas un poco más claras.
Desde que comenzamos el curso, el cuento de “Los tres cerditos” ha estado más o menos presente en clase: cada cierto tiempo piden que lo contemos después del almuerzo, les encanta ver videos en los que el lobo insiste en derribar las casa de los tres cerditos, en los patios se persiguen cual lobos hambrientos y desde que descubrimos una canción sobre la familia que utiliza a los tres cerditos como argumento, les encanta escucharla.

La mejor opción

Tenía claro que, si íbamos a hacer una representación, Los tres cerditos era la mejor opción, pero ¿cómo hacer participar a los 23? Tras pensar en ello, mis compañeras y yo encontramos una solución: duplicar personajes e incluir otros que normalmente son omitidos en la mayoría de las versiones (como papá y mamá cerdito, un campesino, un leñador y un albañil, que ayudan a los tres cerditos a hacer sus casas).
Aprovechando la representación de los niños y niñas de cuatro años en vísperas de las vacaciones de Semana Santa, en la asamblea comentamos lo que hemos visto y el hecho de que todo el grupo haya preparado un teatro para nosotros. Tras cambiar sensaciones y opiniones llega la propuesta: ¿Os apetece que nosotros hagamos una representación e invitar a todos para que vengan a verla? ¿Qué os parece si preparamos el cuento de Los tres cerditos?
Por fortuna su respuesta fue afirmativa, hasta aplaudieron y se abrazaron. Ya no podían parar: empezaron a pedirse personajes, manifestaron la necesidad de máscaras para  disfrazarse, y el hecho de que teníamos que invitar a los demás cursos a venir a clase… se estaban emocionando. Antes de continuar pensando en el posible miedo escénico les recuerdo el hecho de que tenemos que actuar delante de los demás y que nos estarán mirando, pero apenas se inmutan por el comentario y es más adelante cuando me hago consciente de que el miedo escénico es un complejo adulto y que tal y como señala Vallejo, para ellos todo este montaje es un juego en el que por casualidad hay gente mirando.

Los ensayos

En mayo empezamos a trabajar, y lo primero que quisimos comprobar es que conocían el cuento. Para nuestra sorpresa algunos no tenían del todo claro el orden de los acontecimientos. Lo que si tenían clarísimo es que el lobo se quiere comer a los cerditos. El orden de las casas o qué cerdito hace la casa de ladrillo son detalles sobre los que tocó insistir. Entre todos escribimos el cuento en la pizarra y es aquí donde se ve la influencia que sobre ellos han tenido las diferentes versiones que hemos leído. Una vez hecho esto, pusimos también en común las cosas que necesitábamos: máscaras (con gomas), un lobo, una casa de paja, otra de palitos y otra de ladrillos, fuego, una cacerola y un sitio donde sentar a la gente… Ensayamos todos los días y lo que más nos animaba a nosotras, como adultas, era que ellos eran los que pedían ensayar. Probamos a colocarnos de manera diferente, hicimos señales en el suelo, utilizamos música para marcar tiempos, gesticulamos, modulamos nuestra voz, cantamos, bailamos y repetimos el texto.
El hecho de hacer la función mezclando las tres lenguas que se imparten en el grupo, no fue inconveniente alguno, lo que importaba era que se entendía que el lobo era feroz y que los cerditos asustados conseguían escapar y cantar alegremente al final. Por falta de tiempo, nosotras junto con las familias, nos encargáramos del atrezzo, dejando para ellos el trabajo dramático. Cuando estuvo todo preparado, repartimos las entradas para informar a nuestros compañeros sobre la fecha, la hora y el lugar del espectáculo.
Llego el día, y una vez que el público estuvo sentado y nosotros colocados en nuestros puestos, comenzó la función. El resultado, nada tuvo que ver con lo imaginado al empezar. Tuvimos que improvisar personajes; alguno en el último momento se arrepintió y no quiso participar; los más tímidos se sentían cómo pez en el agua; una máscara mal sujeta no hacía más que molestar al actor que no se dio cuenta de que le tocaba decir su frase; otro ilusionado con la visita de su primo mayor no dejaba de mirarle olvidándose de su papel; la sujeción de una de las casas (un paraguas) motivo una pequeña riña delante de todos… pero al final, todos salieron a bailar la canción y el público nos aplaudió.
Las inseguridades iniciales se habían hecho realidad, nos equivocamos, tropezamos y algunos no sabían lo que había que hacer, pero aún así, todos nos divertimos. La preocupación por el resultado final, hizo que el teatro se quedará en lo superficial, es decir, en preparar una fiesta para final de curso. Sin embargo lo que he aprendido de todo esto, es que realmente para ellos ha sido un juego, y que los juegos son gratuitos, se hacen por el placer de hacerlos y por el placer de entrega. Sin darme cuenta, lo más importante lo habíamos conseguido, se habían implicado todos en éste reto, que les gustaba y con el que disfrutaban. Si hubiéramos seguido nuestras ideas iniciales se hubiera podido profundizar más creando un contexto de aprendizaje completamente diferente: investigando más sobre el teatro y el arte dramático; profundizando en los personajes; respetando más sus necesidades; dejándoles participar más en la creación de decorados y disfraces o en la toma de decisiones… sin duda son tareas pendientes para el próximo proyecto.
Esta experiencia, ha servido para darme cuenta de que a veces nosotros mismos somos nuestro mayor obstáculo. Nos lo hemos pasado bien y queremos repetir, pero la próxima vez disfrutaremos más del proceso y nos preocuparemos menos del resultado.

Uxue Igal Abendaño
Maestra de Educación Infantil.

Bibliografía

VALLEJO, A. Juego dramático y proyectos de trabajo. Debates y aportes desde la didáctica. Ediciones y Novedades Educativas,2009.

 

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