Grandes miniaturas

Los manuscritos sixtinos recuperados por el cardenal Loredana en 1798 se exhiben en la Biblioteca Nacional

Creados para uso exclusivo de los Papas y para los servicios litúrgicos de la Capilla Sixtina, los cuarenta códices de los siglos XI a XVII que estos días reúne la Biblioteca Nacional son, fundamentalmente, una muestra extraordinaria del desarrollo artístico que la miniatura alcanzó en Roma.

JULIA FERNÁNDEZ
Misales, breviarios, epistolarios, evangeliarios y cánones que desarrollan todas las artes relacionadas con la creación del libro, desde la caligrafía hasta la miniatura y la encuaderna- ción, son el universo documental y  artístico que  estos  días y

como primicia internacional muestra la Biblioteca Nacional. Cuarenta piezas de arte y religiosidad que hasta hace doce años se encontraban sin identificar, dispersas en tres colecciones españolas, y que hoy se conforman como uno de los conjuntos litúrgicos más importantes y preciosos del patrimonio bibliográfico pontificio. La historia del descubrimiento y de su investigación la narra desde el Centro de Estudios Europa Hispánica (CEEH), José Luis Colomer: “Hace años Elena de Laurentiis reveló al CEEH la existencia en bibliotecas españolas de un extraordinario conjunto de manuscritos miniados procedentes del célebre fondo de la Sacristía de la Capilla Sixtina, cuyos tesoros se dispersaron sobre todo durante la ocupación francesa de Roma de finales del siglo XVIII y hoy están repartidos de manera fragmentaria en colecciones públicas y particulares de todo el mundo. Esta investigadora italiana los ha analizado sistemáticamente, reconstruyendo la producción del scriptorium vaticano en el contexto del mecenazgo artístico que auspiciaron los más refinados papas y cardenales entre los siglos XV y XVIII”.

Especial riqueza

Utilizados por papas, cardenales, patriarcas, obispos y arzobispos para los servicios litúrgicos en la Capilla Sixtina, los libros de sacristía como estos códices estaban mucho más profusamente miniados que los de la capilla, utilizados por los cantores. La riqueza artística es la razón de que, a diferencia de estos últimos –conservados en su mayoría en la Biblioteca Apostólica Vaticana- fueran desmembrados, despojados de sus miniaturas, desperdigados en fragmentos por colecciones públicas y privadas de todo el mundo. Algo que no ocurrió con el conjunto que presenta Códices de la Capilla Sixtina, en la Biblioteca Nacional hasta el 9 de enero: al capital de sus miniaturas y  sus encuadernaciones, en las que aparecen los escudos de los propietarios de los códices, los cuarenta manuscritos añaden el valor de la integridad de los volúmenes, algunos con hojas y miniaturas pegadas de códices más antiguos.
Son muchas por tanto las claves encerradas en el recorrido de  Códices de la Capilla Sixtina, un proyecto respaldado por el Centro de Estudios Europa Hispánica, la Catedral Primada de Toledo y la Biblioteca Nacional de España, que además de mostrar códices de los siglos XI, XII y XIII no producidos en Roma, ofrece un panorama general del estado de la miniatura en Roma entre los siglos XV y XVII, con una particular atención al Cinquecento y el Seicento, y nos recuerda el salvajismo de las guerras y el resolutivo gesto de un auténtico preservador y divulgador de la cultura.

Ilustrado español

La memoria del cardenal Francisco Antonio de Lorenzana es la que impregna todo el proyecto que ha sacado a la luz estas valiosas piezas. El fue quien como legado extraordinario de Carlos IV ante la Santa Sede los adquirió durante los trágicos acontecimientos de la ocupación francesa de Roma, que arrasaba con los bienes culturales bajo la “máxima in Urbis direptione”. Para preservarlos de la destrucción y la dispersión, los códices viajaron de la sacristía de la Capilla Sixtina  a Toledo y después  donados a la Catedral primada de esta ciudad, donde aún se conservan en su gran mayoría. Otros fueron a parar, tras varias vicisitudes, a la colección Borbón-Lorenzana de la Biblioteca de Castilla-La Mancha y a la Biblioteca Nacional de España.
Elena De Laurentiis, responsable del hallazgo y comisaria de la muestra, junto con Emilia Anna Talamo, considerada la mejor investigadora  del mundo en códices de cantores de los fondos de la Capilla Sixtina, se emocionaba en la presentación de Códices de la Capilla Sixtina, rememorando el gesto y la personalidad de Lorenzana, nacido en León en 1722 y una de las figuras más significativas de la Ilustración española, mecenas de las artes y las letras: “Fue un iluminado, un humanista ilustrado, que quiso crear una biblioteca de acceso universal. Creía que el arte y la cultura debían  estar abiertos a todos. Exponer públicamente estos códices forma parte de lo que él en vida intentó fomentar”.
El Retrato del cardenal Francisco Antonio de Lorenzana, que Mariano Salvatierra Serrano realizó en 1801, y sus Capa pluvial y Mitra, son algunas de las  piezas que le representan en la muestra, más allá de las valiosas obras que su decidida actuación salvara.

 

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