Maite Garaigordobil y José Antonio Oñederra, psicólogos

“La mejor forma de prevenir la violencia es construir la convivencia”

Los psicólogos de la Universidad del País Vasco Maite Garaigordobil y José Antonio Oñederra son autores del libro La violencia entre iguales: revisión teórica y estrategias de intervención (Pirámide), un texto en el que realizan una revisión teórica del fenómeno del bullying y de las características que definen una situación de acoso escolar, así como de las consecuencias que se derivan para víctimas, agresores y observadores.

Madrid. D. PEREZ SANZ
¿Qué objetivos persigue vuestro libro?
El objetivo consiste en facilitar información y ofrecer recursos sobre la violencia entre iguales. Se comienza con una revisión teórica del fenómeno del bullying, de las características que definen una situación de acoso escolar, de sus causas, de las consecuencias que se derivan para víctimas, agresores y observadores, de las teorías explicativas sobre la agresividad y la violencia, de los contextos y factores implicados, así como de la prevalencia constatada en diversos estudios epidemiológicos nacionales e internacionales. En segundo lugar, se expone el estudio empírico realizado en la Comunidad Autónoma del País Vasco con 5.983 escolares de 10 a 16 años, y los resultados obtenidos en el mismo. La última parte del libro se centra en la descripción de indicadores de observación para la identificación del bullying, para la identificación de las víctimas, los agresores y los observadores, aportando un conjunto de estrategias y programas para la práctica educativa que pueden ser útiles para la prevención y la intervención en el fenómeno de la violencia entre iguales en la escuela, pautas de acción para los alumnos, los padres, los profesores y profesionales vinculados por su actividad con niños y adolescentes, tales como pedagogos, psicólogos, psiquiatras, pediatras o educadores de tiempo libre.

¿Cómo influye en la violencia entre iguales el hecho de que los padres pasen cada vez menos tiempo con los hijos y que se delegue cada vez más en la escuela?
El hecho de contar con un vínculo de apego que sea seguro y que cubra de forma satisfactoria las necesidades afectivas desde la primera infancia a la adolescencia, ofrece la base para un desarrollo armónico que permite la promoción del desarrollo integral de la persona, así como las buenas relaciones y la comunicación positiva con los demás. Las relaciones afectivas, la autoestima y la capacidad de construir valores positivos hacia los demás, está en íntima relación con los estilos educativos que utilizan los padres. Los niños que habían establecido uniones seguras con sus madres evitaban ellos mismos la intimidación o ser víctima.
Entre los factores del contexto familiar que fomentan la convivencia y la prevención de la violencia se pueden destacan unas relaciones entre padres e hijos basadas en el afecto positivo, en el amor, que fomenten el establecimiento de vínculos de apego seguros, ya que éstos aportan sentimientos de seguridad básica que favorecen el autocontrol de la conducta agresiva. También están los padres como agentes trasmisores de valores socio-morales positivos, que sean modelos de empatía y de conducta prosocial; o los que son capaces de decir “no”, que plantean normas educativas claras y razonadas, supervisando su cumplimiento, que ponen límites que demoren la gratificación inmediata y potencien la graficación a largo plazo: Además están los padres que controlan la exposición de sus hijos/as a modelos de conducta violentos tanto en la realidad como en los  medios (TV, video-juegos…) o los que vuelven a investir a los profesores de su rol de figuras de autoridad actualmente perdido…

¿Nos encontramos ante una crisis de valores?
Sin ninguna duda así es. La familia tradicional va desapareciendo, es normal que ambos cónyuges trabajen y como consecuencia se pasa menos tiempo con los hijos, por lo cual la transmisión de valores dentro de la familia disminuye y se delega, cada vez más, toda la educación de los hijos en la escuela, lo cual es un grave error. La familia es el primer espacio vital y natural de la persona, donde se transmiten los valores de base, donde se aprenden los primeros protocolos de educación, etc. Si la vida en familia y la comunicación padres-hijos es escasa, la educación y los valores de los hijos también será escasa; carecerán de límites disciplinarios, de hábitos de trabajo y estudio, pasarán horas y horas chateando con un lenguaje muy pobre, grosero y vulgar, jugando con la videoconsola en vez de compartir un juego o un paseo con los padres y hermanos sin necesidad de consumir, las conductas violentas observadas en los medios audiovisuales y en la realidad, modelarán su conducta.

¿Hasta que punto la ampliación de la escolaridad obligatoria está influyendo en la desmotivación, y como consecuencia, en el conflicto y en la violencia?
Un adolescente de 14, 15 o 16 años que no se integra ni es capaz de adaptarse al modelo educativo establecido deriva en el fracaso escolar y en consecuencia corre el riesgo de ser protagonista de problemas académico-disciplinares y conductuales. Hay que resaltar que en general poco ha evolucionado la metodología educativa a partir de la ESO, donde en realidad se sigue primando la memorización pura de conceptos para superar un examen como instrumento primordial de evaluación y que los exámenes principales coinciden en 3-4 días, justo los previos a la evaluación trimestral y final. Además de las 7 horas diarias de clases, las tareas para casa son arduas, requieren una disciplina de trabajo y algunas veces necesitan la ayuda de otra persona, con lo que muchos adolescentes no son capaces de seguir este modelo escolar y la desmotivación está garantizada si no hay detrás una familia que impulse, motive, ayude y apoye. Y esta desmotivación suele promover la emergencia de la frustración y la conducta violenta.
Debería haber otra alternativa en la edad de escolaridad obligatoria, más adecuada a otro tipo enseñanza como puede ser la enfocada a aprendizajes profesionales más prácticos y con menos textos teóricos abstractos. Esta alternativa educativa podría resultar de gran ayuda con adolescentes que han manifestado retrasos académicos a lo largo de la educación primaria, pudiendo favorecer su desarrollo, su adaptación y prevenir la violencia.

En vuestro trabajo realizáis una revisión del fenómeno de bullying. ¿De que instrumentos dispone el medio escolar para afrontarlo?
Todos los centros educativos disponen de un protocolo de actuación. Simplemente con que un profesor tenga alguna sospecha o indicio de que se pueda estar produciendo algún tipo de agresión entre alumnos, es suficiente para que lo comunique a los tutores, orientadores, psicólogos o directivos, y realicen las averiguaciones pertinentes siguiendo una metodología ya establecida en el protocolo. Además todos los centros deben de disponer de un Plan de Convivencia que esté incluido en el Plan General del Centro. Toda actuación relativa al fenómeno bullying debe de seguir las pautas señaladas en el correspondiente protocolo que va incluido dentro del Plan de Convivencia del Centro.
Afortunadamente la mayoría de los centros están concienciados con el problema y hay equipos de profesores que trabajan el área de la convivencia escolar, realizan cursos de formación y elaboran planes de prevención e intervención del acoso escolar. También realizan campañas de concienciación con los alumnos como medida preventiva.
Hay muchos instrumentos tanto de prevención como de actuación directa en un caso de bullying. Además hay guías para el desarrollo de programas de intervención que cada centro puede realizar adaptándolos a sus necesidades dentro de su propio Plan de Convivencia. Todo ello lo desarrollamos en nuestro libro para que sirva de ayuda y orientación a los profesores.

¿En que situación nos encontramos con respecto a otros países europeos en lo se refiere al acoso escolar?
La prevalencia de las conductas de acoso en España es similar a la de nuestro entorno europeo, aproximadamente un 3-5% de casos graves de bullying, y un 12-15% de casos de violencia dignos de consideración. En cuanto a los distintos tipos de intervención que pueden realizar las instituciones y los centros educativos, así como en la investigación, también nos podemos equiparar a la media europea.

¿Qué destacáis del estudio realizado en el País Vasco sobre las conductas violentas entre iguales en escolares de 5º y 6º de Primaria y Secundaria?
Los resultados más destacados constatan que la gran mayoría de los escolares se sienten bien tratados por sus compañeros. El índice de bullying obtenido es del 5,8% de víctimas en Primaria y 3,8% en Secundaria. A medida que aumenta la edad disminuyen las conductas intimidatorias. La agresión más frecuente es la de tipo verbal y el lugar donde más agresiones se producen es el patio del colegio. El agresor primordialmente es varón, de la misma clase que la víctima y la mayoría de las agresiones las realiza en grupo exclusivamente masculino. La gran mayoría de los alumnos (Primaria-Secundaria) (87-77,4%) se sienten bien tratados por sus profesores, aunque las relaciones tienden a empeorar significativamente a medida que aumenta la edad. Además, los alumnos observan que un porcentaje considerable de profesores (5,3-12,2%) son maltratados por los estudiantes, y este comportamiento aumenta a medida que se incrementa la edad.
Los resultados han puesto de relieve que un grupo de estudiantes (4,5-3%) siente con mucha frecuencia miedo de acudir al colegio bien sea debido a la relación con otros compañeros (12,5-10,2%) o al trabajo escolar (12,3-11,6%). Los escolares cuando son víctimas de acoso hablan fundamentalmente con sus amigos (22,6-22,8%) y con su familia (29-18,7%). Las víctimas de acoso reciben prioritariamente la ayuda de algún amigo o amiga (30-24,9%). Según los testigos, ellos mayormente suelen intervenir para cortar una situación de agresión y acoso cuando la víctima es su amigo (37,2%-41,1), un porcentaje menor también interviene aunque el agredido no sea su amigo (26,5-24,5%) y otro grupo de alumnos dice que en esta situación informan a algún adulto (22,1-8,9%), no obstante, cuanto mayor es el curso menos informan al adulto, lo que revela que en ESO y especialmente en los varones «la ley del silencio» y el miedo a ser considerado «chivato» funcionan con todo rigor.

¿Y las estrategias de prevención e intervención ante estos fenómenos?
Aunque todos los casos de acoso escolar, violencia entre iguales o bullying se caracterizan por tener determinados elementos comunes, cada situación es única porque los implicados y su entorno así lo son; por tanto, la intervención debe adecuarse a cada realidad y tipos de personalidad. Al ser un fenómeno relacional, no solo hay que intervenir con la víctima, el agresor y los testigos, sino también con los miembros del entorno (otros alumnos, personal docente, no docente y padres). Todas las actuaciones encaminadas a la intervención concreta cuando se identifican situaciones de acoso y a la mejora de la convivencia en general, así como todos los protocolos, deben ser recogidos y englobados metódicamente dentro de un Plan de Convivencia de Centro. La mejor forma de prevenir la violencia es construir la convivencia.
Todas las instituciones educativas, tanto estatales como autonómicas, se han servido de los expertos para la elaboración de los planes de convivencia con sus respectivos programas y protocolos de actuación que cada centro debe adaptar a sus necesidades, y también ofrecen recursos materiales para que el profesorado pueda intervenir directamente. En base a la revisión  que hemos realizado de los recursos que ofrecen las distintas instituciones educativas y de las diversas estrategias de intervención elaboradas por los especialistas, en el libro presentamos cuales son, para quien son, como encontrarlas y como utilizarlas.
En cualquier caso, creemos que en todos los centros educativos, desde educación infantil hasta el final de la educación reglada, se deberían realizar programas para fomentar el desarrollo socio-emocional, es decir, programas que estimulen factores o competencias en los niños/as y adolescentes que afectan positivamente a la convivencia y la prevención de la violencia, entre los que se puede enfatizar: La capacidad para cooperar, para dar y recibir ayuda para contribuir a un fin común; La capacidad para resolver conflictos de forma constructiva, que implica analizar la causa e identificar el problema en colaboración con el otro y el interés se centra en encontrar la mejor solución cooperativamente; La autoestima positiva, saludable, constructiva y ajustada a la realidad, que consiste en la autovaloración global positiva, razonable y optimista que hace la persona de sí misma; para ello la persona elige y sopesa sus virtudes, defectos, capacidades, limitaciones, y también las consecuencias gratificantes de sus comportamientos para su sano bienestar y el de los demás; La capacidad de empatía, tanto en su vertiente intelectual (capacidad del ser humano para ponerse en el lugar del otro, de tener en cuenta sus opiniones, ideas y creencias) como en la emocional (consiste en comunicar los sentimientos propios a los demás y tener en cuenta los sentimientos de los demás); y El control de emociones, es decir, pensar antes de actuar, reflexionar antes de responder, saber controlar los sentimientos… Aunque en los últimos años la sensibilidad hacia el tema de la convivencia ha aumentado considerablemente, la incorporación de estos programas en la escuela sigue siendo una asignatura pendiente.

¿Con qué recursos cuenta el profesor para hacer frente a un problema de estas características?
Afortunadamente, hoy día hay muchos recursos materiales para los profesores, las instituciones educativas de las comunidades autónomas ofrecen ayudas y formación a los centros, pero lo que se necesitan son recursos humanos disponibles y preparados. Hay que evitar cargas de trabajo extra, que la intervención sobre el bullying no suponga otra tarea a sumar, con más reuniones, más cursos de formación, más papeleo burocrático, etc. Lo fundamental es la organización del centro escolar con un buen Plan de Convivencia de Centro elaborado y aprobado, donde haya un equipo docente compuesto de profesores interesados que se encarguen del tema de la convivencia, se formen y haya un responsable que dispongan de un horario propio para tales menesteres.

 

“Si la vida en familia y la comunicación padres-hijos es escasa, la educación y
los valores de los hijos también lo es”

“Un adolescente de 14, 15 o 16 años que no se integra ni es capaz de adaptarse al modelo educativo corre el riesgo de ser protagonista de problemas académico-disciplinares”

“En todos los centros educativos, desde educación infantil hasta
el final de la educación reglada, se deberían realizar programas para fomentar el desarrollo socio-emocional”

“Lo fundamental es la organización escolar con un buen Plan de Convivencia de Centro”

 
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