Escritos para la memoria

La Biblioteca Nacional expone  los manuscritos más importantes dejados por los moriscos antes de su diáspora

Los manuscritos más importantes de los últimos musulmanes españoles, de apariencia arábiga pero bajo la que late un lenguaje castellano aún fresco y emocionante, son, en el IV Centenario de la expulsión de los moriscos por Felipe III, el bello y doloroso recordatorio de nuestra desmembración cultural.

JULIA FERNÁNDEZ
Son parte de los libros moriscos que aparecieron al derribar casas antiguas en el Valle del Jalón, en Aragón, envueltos en paños de lino y con piedras de sal, ocultos entre los muros. Escritos en árabe, pero sin ser árabe,  los primeros arabistas que se  enfrentaron  a  su  estudio  los  creyeron  turcos  o  de

alguna lengua africana. Mucho más tarde se descubriría que estaban en lengua castellana, pero escritos con las letras árabes que transcriben el sonido de las palabras españolas, y que se trataba de los testimonios escritos y gráficos que los moriscos habían escondido en su diáspora forzada por Felipe III y la Inquisición.
“En el momento de su expulsión”, explica Alfredo Mateos Paramio, comisario de Memoria de los moriscos, “algunos núcleos de moriscos que vivían en comunidades homogéneas en el interior, lejos del mar y de la esperanza berberisca, decidieron confiar sus libros al adobe de sus casas. Prepararon huecos especiales, añadieron piedras de sal o saquitos de espliego para preservarlos de la humedad y los envolvieron también cuidadosamente en paños de lino”.
Años después aflorarían al derribar casas antiguas, deslumbrando con su “escritura aljamiada” -del árabe “aljamí”, extranjero-, un híbrido romance y árabe sólo usado por los 70.000 a 100.000 moriscos de Aragón: “Quizás”, supone Alfredo Mateos, “porque muchos de ellos estaban olvidando el árabe y utilizaron esa fórmula para seguir apegados a su pasado islámico”. Un sistema de escritura con el que, continúa Mateos, “el español se suma a la experiencia de idiomas como el turco, escrito en letras árabes y en letras latinas, en diferentes momentos de su historia”.

Carácter fronterizo

En el siglo XIX, gracias a la labor de coleccionistas y estudiosos como Pascual de Gayangos, Eduardo Saavedra, Francisco Guillén Robles, Pablo Gil, Julián Ribera y Miguel Asín, los manuscritos aljamiados empiezan a desvelar sus secretos y a ser publicados parcialmente. Al importante fondo de la antigua biblioteca real, hoy Biblioteca Nacional, se une la compra por el Estado de la colección de Gayangos y hallazgos importantes como el de una habitación oculta en una casa de Almonacid de la Sierra, en 1884, con más de un centenar de manuscritos, de los que 60 fueron salvados de la ruina o de la quema y pasaron a integrar la colección de la Junta de Ampliación de Estudios y posteriormente los fondos de la Biblioteca Tomás Navarro Tomás.
Su materia islámica predominante, el léxico salpicado de arabismos y su específico carácter fronterizo entre culturas, no ha propiciado que se produzca el paso de los estudios especializados a un conocimiento más amplio y general, en un país que, como dice Alfredo Mateos, “es reacio a integrar aún en su cultura su herencia musulmana”.  
La exposición Memoria de los moriscos. Escritos y relatos de una diáspora cultural, hasta el 26 de septiembre en la Biblioteca Nacional, la primera que se realiza con un número tan amplio de manuscritos relevantes de la literatura aljamiada, viene a paliar el desconocimiento de esta literatura aljamiada, divulgando,  en el IV Centenario del abandono de los moriscos de Aragón de sus casas, el singular tesoro que son estas obras en la historia de cultura española. 

Mapa cultural

Procedentes de los fondos de la Biblioteca Nacional y de la Biblioteca Tomás Navarro Tomás, así como de otras importantes bibliotecas de dentro y fuera de España, los 64 manuscritos que son exhibidos en esta Memoria de los moriscos  resumen los principales ámbitos de los textos aljamiados y dibujan  un auténtico mapa de la cultura de los últimos árabes españoles.
Desde los testimonios más significativos originados en el siglo XV, hasta las últimas palabras del exilio morisco recogidas en Túnez en el siglo XVIII, el recorrido contiene tesoros como la primera traducción completa del Corán en castellano; los tratados doctrinales y autobiográficos del Mancebo de Arévalo, que recorre los caminos de España en el siglo XVI entrevistando a musulmanes a escondidas de la Inquisición; el Alkitab de Samarqandí, colección de relatos ejemplarizantes delicadamente ilustrado, incluido por la Biblioteca Nacional en su Biblioteca Digital Hispánica; o el primer mapa topográfico de Aragón, realizado en esos mismos años, y en el que figuran todavía poblaciones moriscas que poco después quedarían desiertas.

 

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