En la presente colaboración, su autor incide en una cuestión de capital importancia en el ámbito del proceso educativo, cual
es el currículo, y expone, a título de reflexión, como, a falta de una propuesta de realización del currículo que dé garantías
de éxito, muchos docentes siguen depositando su confianza
en el libro de texto, buscando la seguridad que da un camino transitado y conocido.

Trabajar en clave de currículo, asignatura pendiente

Raúl Etxandi Goñi
Psicopedagogo. Maestro de Educación Primaria y Educación Especial.
Departamento de Educación. Gobierno de Navarra

L   único  camino  es el currículo.

O cuando menos, el mejor de cuantos conocemos hasta la fecha. Y sin embargo, parece que seguimos atascados en ese barrizal, sin superar el reto de elaborar proyectos curriculares operativos. En pleno naufragio entre lo que las leyes nos piden y lo que los docentes podemos conseguir, frecuentemente echamos mano de ese salvavidas que nos llega en forma de libro de texto. Porque, a fin de cuentas, siempre lo hemos hecho así y la tradición da seguridad.
La LOGSE nos lanzó el primer desafío. Los docentes debíamos elaborar nuestros propios currículos y tomarlos como referencia para actuar cada mañana en el aula. Las propuestas que los teóricos nos dieron a los prácticos sobre cómo elaborarlo eran sistemáticas y factibles. Sobre el papel. Y el papel lo aguanta todo. Pero luego hay que someter la teoría al contraste con la realidad y ha sido precisamente allí donde las formas de elaborar el currículo que se proponían han obtenido resultados modestos.
A día de hoy los docentes seguimos en gran parte sin tener el currículo como referencia para la práctica diaria. En muchos casos el Proyecto Curricular se ha convertido en un documento burocrático, el cual cumplió su función una vez que recibió el visto bueno de inspección.
La imposibilidad de lograr el objetivo esencial –la elaboración de un currículo operativo- pudo llevar a pensar que la Reforma había fracasado. Nosotros creemos que no es así. En realidad han sido las formas propuestas de elaborar el currículo las que no han dado el resultado esperado. A partir de lo que ahora sabemos, después de haberlas puesto en práctica, es preciso reformarlas. Simplificarlas. Que no se haya conseguido el objetivo esencial no significa que este haya perdido validez. De hecho, no hay evidencia científica que lo cuestione.

La LOGSE, primera acometida

El primer intento de trabajar en clave de currículo vino con la LOGSE y no logró un gran éxito. Las razones son varias. El profesorado no había sido ejercitado para ello ni en su formación inicial ni en la continua. Y, sobre todo, más allá de los textos técnicos elaborados por teóricos, faltaban ejemplos de buenas prácticas y se carecía de suficientes centros de referencia donde los docentes pudieran acudir, observar, y retornar a sus colegios e institutos para trasladar el saber adquirido. Por el contrario, el MEC publicaba ejemplificaciones de extensísimas programaciones didácticas que, por el esfuerzo burocrático que suponían, tenían una viabilidad más que dudosa.
La LOE insiste en el mismo aspecto: el currículo es esencial. Nos atrevemos a conceptualizar la LOE como una LOGSE reducida y enriquecida. Reducida porque aquellos contenidos conceptuales, procedimentales y experimentales son simplificados apareciendo únicamente como contenidos. Enriquecida porque, siguiendo las pautas europeas, se añaden las competencias.
Por desgracia, la LOE no está solventando los defectos que la aplicación de la LOGSE trajo consigo. Siguen sin existir protocolos simples de elaboración curricular, faltan ejemplos de buenas prácticas y centros de innovación que sean referentes. A todo esto se añade la confusión en torno a las competencias. Quienes están a pie de aula no las entienden y cuando los teóricos acuden a ofrecer sus charlas estas muchas veces se quedan en las definiciones o constructos teóricos sin que resuelvan la cuestión que, con toda lógica, tienen en mente los docentes: ¿cómo se aplican?
Y en esas estamos. Y no parece que haya una propuesta institucional para desatascar esta situación, porque ni siquiera se conoce que haya un diagnóstico preciso de la misma.

Lo bueno por conocer

Simplificando la cuestión para hacerla manejable, creemos que la elección de uno u otro camino -el libro de texto o el currículo- es el factor que nos sitúa en las prácticas educativas del pasado o las del futuro. A falta de una propuesta de realización del currículo que dé garantías de éxito, no es de extrañar que muchos docentes sigan depositando su confianza en el libro de texto buscando la seguridad que da el irreducible “siempre se hecho así”. Porque, comprensiblemente, existe miedo a lo desconocido, a salirnos del camino asfaltado e internarnos en el bosque.
Así las cosas, los profesores más innovadores encuentran muy dificultosa la misión de instaurar metodologías avanzadas cuando la coordinación docente no se desarrolla en torno a los contenidos del currículo, sino que el concepto coordinación llega incluso a entenderse como poner en común en qué página del libro se encuentra cada aula y establecer un mismo examen en una fecha idéntica. Incluso las iniciativas de calibración y homogeneización de algunos planes de calidad dan soporte a esta práctica.
En contraste, puede pensarse en el equipo docente que entiende que años de preparación universitaria no pueden desembocar en el uso ortodoxo del texto editorial. Que para tan corto viaje no hacía falta tanta alforja. Profesores que pretenden elevar el nivel profesional apostando por lo bueno por conocer, esto es, dando un salto hacia un trabajo en el aula que mira al currículo elaborado por los propios enseñantes.
De todo lo anterior concluimos que difícilmente podemos llegar a las competencias LOE sin el paso previo del trabajo en torno al currículo que propugnó la LOGSE.  Es preciso conseguir  un documento curricular que permita a cada docente desarrollar su actividad de acuerdo con su personalidad pedagógica. Y esto sólo es posible cuando existe un currículo ya que en la realidad es difícil diferenciar un proyecto innovador de un intento de subvertir el orden establecido. Y la inspección en ocasiones se posiciona valientemente con quienes promueven el cambio y, otras veces, se suma a la procesión de antorchas y al fuego purificador.
En síntesis, el proyecto curricular únicamente es válido en la medida en que el documento es operativo y de uso cotidiano para los docentes.  Las dificultades que hasta ahora a muchos nos ha planteado su elaboración obligan a evitar procesos farragosos y a plantear la necesidad de nuevas formas de realización más simples y más breves.
Si dichos nuevos procedimientos de elaboración curricular cuentan con el soporte de ejemplificaciones de buenas prácticas que muestren cómo se ha hecho en centros pioneros en los que se pueden realizar rotaciones, entonces habremos aprendido de las dificultades del pasado y estaremos ensayando nuevas soluciones para un objetivo que sigue siendo necesario.

E mail: retxandi@pnte.cfnavarra.es

 

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