Imágenes de poder

Una serie de retratos de las élites virreinales y nacionales de México

narra la historia
de su construcción como nación
El modo en que los novohispanos de todas las clases y grupos sociales solían representarse a sí mismos como símbolos de poder, riqueza y valores morales colectivos, y el cambio producido hasta llegar a ser
un veraz espejo del nuevo México republicano, es el hilo conductor de la singular síntesis sobre arte e historia que exhibe el Museo de América.

JULIA FERNÁNDEZ
Un acercamiento, coincidiendo con la celebración del bicentenario de la Independencia, a la forma cómo se construyó la nación de México, es esta De novohispanos a mexicanos: retratos de una sociedad en transición, una exposición que trae al Museo de América, en Madrid, el esplendor de un género, el del retrato novohispano y mexicano en el tránsito del siglo XVIII al XIX, a la vez que realiza el complejo camino que llevó del Antiguo Régimen a la sociedad contemporánea, de la monarquía a la nación, en la que fue, sin ninguna duda, el territorio más rico de la monarquía Católica de América.
En ese camino está el cambio radical en el concepto de individuo y, derivado de él, el cambio en la forma cómo las personas fueron imaginadas y representadas. Frente a la persona como máscara característica del barroco, reflejo del grupo al que pertenece, aparecerá la persona como verdad del mundo moderno, el ser individual definido por características físicas y sicológicas únicas. También las distintas identidades colectivas de una sociedad fragmentadas en castas, naciones, estamentos, etc., con derechos diferentes y diferenciados serán sustituidas por una nueva en la que la pertenencia a una nación común convirtió a los individuos en iguales, al menos desde el punto de vista legal.

Obsesión genealógica

Cuarenta y dos retratos son los que han seleccionado Tomás Pérez Vejo y Marta Yolanda Quezada, los comisarios del proyecto avalado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México y  por la embajada del país en España, para este relato en imágenes que ahora llega a nuestro país y cuya primera impactante escena ocupan Los clanes familiares, con dos grandes lienzos que documentan las variaciones en la forma de representarse de dos grupos familiares claramente diferenciados: de un lado, las familias de la vieja élite criolla, asentadas en la Nueva España en el siglo XVI y primeros años del XVII y de origen mayoritariamente castellano-andaluz, una especie de aristocracia tradicional vinculada a la tierra y a la burocracia que muestran en sus retratos una clara obsesión genealógica, con interminables listas de títulos y apellidos. De otro, las familias nuevas, llegadas a la Nueva España a finales del siglo XVII y primeras del XVIII, de origen mayoritariamente vasco-cántabro, una especie de burguesía de mineros y comerciantes, aunque en muchos casos ennoblecida, en cuyos retratos desaparecen las largas listas de apellidos, sustituidas si acaso por referencias a su origen en la Montaña o País Vasco.
La nación de los montañeses, con 11 de los 13 retratos que adornaban la sala de Juntas de la Cofradía del Cristo de Burgos, la de los montañeses, en la ciudad de México, es, en esta narración, el lugar donde se revela las fórmulas elegidas por una nación del Antiguo Régimen para exhibir su poder y su importancia social. Algo que queda definitivamente expresado en el apartado dedicado a La representación del poder, con retratos tanto del poder político (virreyes y jefes de estado) como de poder eclesiástico (obispos) y de la administración civil (funcionarios), relativos al tránsito de la Nueva España al México independiente.

Ideas ilustradas   

El nacimiento de la modernidad implicaría un cambio en la forma que Los artistas, científicos y hombres de letras se hicieron representar. Forma un capítulo de gran interés en la muestra al ser una manifestación del desarrollo en la Nueva España las ideas ilustradas. Su influencia también está en La vida privada, el apartado que cierra la muestra y que expresa las diferentes maneras de representar la familia, los hombres, las mujeres y los niños. Del ideal de una familia jerarquizada, puesta bajo la protección de alguna imagen religiosa, a otra regida por los afectos; del individuo del retrato dieciochesco, inmerso siempre en una red de relaciones sociales, al retrato decimonónico de un ser autónomo individual.
“Es una muestra”, dicen Tomás Pérez Viejo y Marta Yolanda Quesada, “que contribuye a una mejor comprensión de los complejos procesos en los que se enmarcó el proceso de Independencia. Parece ya hora de intentar una lectura desde dentro, desde el interior de las élites que la hicieron posible, de cuáles fueron sus motivos, motivaciones y sentimientos. Nadie se acuesta un día siendo ‘español’ frente a indios y castas y se levanta otro siendo ‘mexicano’, junto a indios y castas, frente a los españoles. Todo proceso de cambio en las formas de identidad colectiva es siempre de una complejidad extrema. Los cambios en la forma de representarse de las élites novohispanas/mexicanas puede ser una buena guía para estos objetivos”.

 

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