Javier Ballesta, profesor titular del Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de Murcia

“La educación debería ser la estructura
que consolide a la ciudadanía”


Educar en tiempos revueltos (Grao) es el último libro del profesor Javier Ballesta, un texto que recoge una selección de artículos publicados en prensa entre 2004 y 2009. Estas crónicas profundizan en la realidad educativa y analizan la labor docente, la convivencia escolar, la formación universitaria y la responsabilidad de los medios de comunicación en el ámbito de la enseñanza.

Madrid. ROSAURA CALLEJA
Javier Ballesta Pagán (Cartagena, 1958) estudió Magisterio y Pedagogía, ha ejercido como maestro y profesor titular de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de Murcia. Autor de diversos libros, su labor docente e investigadora se centra en el ámbito de la tecnología educativa. Además, colabora en diferentes revistas educativas y en la sección de opinión del diario murciano La Verdad. En la actualidad, dirige la revista de investigación educativa  de  la  Uni-

“La sociedad,
la familia, los medios de comunicación, la calle, tienen que valorar el trabajo y la dedicación del profesorado”

“La agresividad se proyecta en la escuela, pero tiene su origen en la calle, en la familia y en el entorno social”

“Hace falta más implicación, proyección del reconocimiento a la docencia, pero no como una imposición”

“La educación pública sigue siendo “la cenicienta evaluada” y quizás necesite menos evaluaciones y más apoyos y recursos”

 

versidad de Murcia y distintos cursos sobre medios de comunicación y educación en la Universidad Internacional del Mar. 

En el prólogo de su libro se hace referencia al oficio de mediación entre la escuela y la ciudadanía, ¿podría aclararnos en qué consiste?
Entiendo que la educación es un proceso social, cultural, comunicativo y de intercambio de experiencias personales, de informaciones recibidas y de aprendizajes adquiridos. La labor educativa de los docentes no acaba en el aula, tampoco debe quedarse limitada a las cuatro paredes y a las historias académicas. Los protagonistas de la educación somos los ciudadanos, los que aprenden en una sociedad multicultural, donde no hay límites y por ello, desde ahí, los medios masivos de comunicación tienen su papel, su espacio y su influencia. Y es desde estos medios desde donde tenemos que generar espacios, huecos para repensar la educación, más como un proceso opinable, sugerible, abierto a generar corrientes, desde donde se diga, desde donde se afirme y se denuncie, para no caer en la indiferencia, en la neutralidad. Considero que tenemos que mediar, establecer puentes, conexiones y estar en los medios, porque son un escenario necesario para educar y allí los del oficio también mucho tenemos que decir.

La muerte de Cristina Martín en Seseña pone de actualidad, nuevamente, el problema de violencia en la escuela. ¿Cuáles son, a su juicio, las claves para solucionar este problema?
Sin duda el fenómeno de la violencia en la calle, en la sociedad va más allá de la etiqueta, mal puesta, de violencia en la escuela. Considero que estamos inmersos en malos tiempos para la tolerancia, el respeto, poner y establecer límites. Hemos entrado en un torbellino de enfrentamientos a todos los niveles, desde donde se visualiza una agresividad que se hace patente en los grupos, entre jóvenes y adultos y en muchas direcciones. Considero que hay que insistir mucho más de lo que se hace en parar esta tendencia que irrumpe desde fuera, desde la calle y que también se proyecta en los centros educativos y, sin duda, en aulas poliédricas que chispean, que calientan la templanza de sus buenos docentes. Las escuelas y los institutos recogen esa semilla y allí se proyecta, pero el asunto viene de la familia, de los amigos, de la falta de aclarar y poner las cosas en su sitio. Hemos perdido el sentido común, el respeto a la experiencia añeja, no ejercitamos el diálogo como base y no se ejerce, de hecho… porque cada uno acampa por donde puede, donde cree, donde piensa y esto, a la larga, da malos resultados. Las relaciones interpersonales se han deteriorado y no tenemos tiempo de dedicarnos a decirnos lo que pensamos, a expresar lo que llevamos dentro y, a la postre, caemos en cien mil trampas seductoras que nos dejan al borde del precipicio.

En los últimos meses, Ángel Gabilondo ha mantenido reuniones con grupos políticos, agentes sociales y representantes de las comunidades autónomas para alcanzar un Pacto por la Educación. En su opinión, ¿es viable lograr este acuerdo social y político?
Es urgente, debe ser urgente aclararnos con la educación y llegar a cerrar un pacto, acuerdos, conseguir puntos comunes entre los implicados que somos muchos: familia, docentes, alumnado, políticos y sindicatos, asociaciones, ciudadanos…
Creo que hay que hacer un esfuerzo entre todos por aclarar y poner en orden el sistema educativo, pero sin entablar posiciones radicales o encontradizas. A la altura de esta destemplanza que llevamos en la educación son muchas las voces que miran este proceso del pacto, como si fuera de un episodio político más, entendido como otro punto de fricción, como ocurre con  la crispación política que padecemos y es una auténtica lástima que no sepamos distinguir, clarificar y argumentar sobre qué y cómo cambiar las rutinas o malos resultados que constatamos. Creo que habría que dejarse llevar por el deseo de solucionar y ver con buenos ojos que la educación es tarea de todos, y para todos. No podemos seguir con estos ciclos dicotómicos basados en el culto al partido político y al pacto con los nacionalistas, según convenga, para así educar en este país. La educación debería ser la estructura que consolide a la ciudadanía y para ello habrá que organizar y fundamentar un esquema básico donde podamos coincidir la mayoría, pero no basado en una diferencia mínima o escasa de votos. Pasar del cliché del voto, del partido a la mirada horizontal y transversal de que educar hoy no es legislar, no es decretar, sino simplificar, organizar, generalizar y a la vez buscar lo que nos une, lo que tenemos que cambiar porque no funciona, sin perder ese sentido, ese mejorar, o progresar.

¿Qué medidas se deberían adoptar para reforzar la autoridad del profesorado?
En principio hay que reconocer que los docentes necesitan ser valorados, necesitan mucho más reconocimiento social, no quiero decir que obtengan privilegios, ni se conviertan en personajes respetados bajo el símbolo de una autoridad impuesta. El valor y el oficio de educar, de formar en los centros tienen que ser aceptado como un punto básico sobre el que hay que proyectar un compromiso mayor del que se viene desarrollando. Hace falta más implicación, proyección del reconocimiento a la docencia, de su valoración, de su respeto, pero no como imposición. Sin duda, aquí la sociedad, la familia, los medios de comunicación, la calle también tienen que valorar su trabajo y dedicación. Sin embargo, las propias empresas educativas, las administraciones tienen que ver, organizar y significarse en buscar un acercamiento a sus docentes con planes concretos de mejora de su desarrollo profesional, formativo, motivador. Las medidas estarán también en función de la valoración general, desde la comunidad educativa, hacia la mejora de su educación, en su centro, en su zona de influencia y aquí deberían implicarse todos los agentes sociales, culturales y educativos. No se puede separar a los docentes de este contexto.

Distintos informes internacionales ponen de manifiesto los deficientes resultados escolares de nuestros alumnos. ¿Qué actuaciones deberían ponerse en marcha para mejorar estos resultados? ¿Cuál es su modelo educativo para lograr el éxito escolar?
Es importante aceptar los malos resultados, para analizar qué está pasando dentro de la escuela, dentro de la ESO. Los resultados hay que reinterpretarlos y son el dato que nos dice quizás que no sabemos o no nos aclaramos con un modelo educativo que no funciona. Ante este hecho, lo primero es asumir los puntos débiles, los fallos, porque queremos mejorar. Creo que la educación pública y a ella nos referimos, en nuestro país y en algunas autonomías se constata que las diferencias son mayores y está escasa de recursos humanos para atender a la diversidad, la multiculturalidad, las diferencias en los grupos de alumnos. Al mismo tiempo, sabemos que esa heterogeneidad, sin duda, influye al ser medida por un mismo rasero. Esto significa que habría que valorar los centros, al alumnado en función de esas diferencias que condicionan el resultado final. En este sentido la realidad nos dice que la pública sigue siendo la “la cenicienta evaluada” y que quizás necesite menos evaluaciones y más apoyos, recursos, medios para despegar.

¿Qué opina de la influencia de los medios de comunicación y la denominada “telebasura” entre los jóvenes?
Los medios son sin duda influyentes en los jóvenes y en los niños. Ahora, como sabemos el problema no es el canal, mucho más el contenido. Los mensajes, las propuestas que nos ofrecen, el espejo en el que nos miramos... Los medios deberían potenciar sus departamentos de formación, sus productos formativos y dejarse llevar por la opinión de los educadores. Se debería apostar por programaciones formativas, más contenidos de interés cultural, con más nivel, con más rigor y contar con equipos multiprofesionales en su realización.
Deberíamos hacer también un gran esfuerzo por colaborar más entre docentes, pedagogos y periodistas. Los medios tienen que apostar por ello y la sociedad exigirle más calidad. En este sentido, la Universidad debería ser un modelo formativo  para educar en y para los medios. Se debería integrar la actualidad, la información científica, literaria, cultural, de Opinión que divulgan los medios de comunicación, en las materias. Los universitarios deberían formarse accediendo a contenidos propuestos en los medios y éstos divulgar mucho más este tipo de actuaciones, así como colaborar más con las universidades. Esta simbiosis, con empresas formativas sería igual que en propuestas de actuación con las Consejerías de Educación, Concejalías de Ayuntamientos, sobre contenidos formativos.
En este sentido, no vendría mal que se potenciaran campañas para atraer a los menores y poner de moda, así como publicitar el culto al trabajo bien hecho, proponer ejemplos constructivos donde los valores humanos se destacan, el saber como una meta realizable, aprender todo lo que se pueda dentro y fuera de la escuela…

Algunos estudiantes universitarios han manifestado su oposición a la integración española en el Espacio Europeo de Educación Superior. ¿Qué opina de este proceso?
El proceso denominado Bolonia del que tanto se habla, a mi modo de ver, supone en líneas generales una orientación, una manera de proyectar la universidad en el marco europeo. Sin embargo, lo más importante será el cambio de mentalidad de docentes universitarios y de alumnos que tendrán que ser más responsables en su propia formación. En cuanto a los docentes hay sus más y sus menos, pero en el alumnado creo que se tiene que dar también un cambio. No olvidemos que el modelo de universidad está en función de las inercias, de la trayectoria formativa y de las ratios de alumnos. En este sentido, la masificación de determinadas titulaciones, sobre otras, por ejemplo será un valor a tener en cuenta en el desarrollo de todo lo que se quiere realizar: las tutorías grupales, la atención individualizada, la autonomía, etc. Me parece que las críticas han venido más por cuestiones económicas, de pago de tasas, de implantación de máster…y creo que aquí, también, las diferencias entre universidades es un hecho, así como la escalada competitiva que se nos avecina entre lo privado y lo público y dentro de las universidades públicas. Quizás esta marejadilla competitiva no sé si nos llevará mar adentro, al fondo del mar o nos devolverá a la arena de la orilla.

 

arriba