Mecenas de la Antigüedad

El Palacio Real recuerda el gran impulso que la Corona española dio a la  Arqueología a lo largo del siglo XVIII

 
 
En el siglo XVIII la nueva dinastía borbónica dio  un impulso fundamental al estudio de la Antigüedad. Excavaciones en Italia y América, y la conservación del Patrimonio Histórico y Arqueológico nacional, son grandes hechos de un tiempo que marcaron una nueva dimensión cultural. El recorrido expositivo “Corona y Arqueología en el Siglo de las Luces” lo recuerda.

JULIA FERNÁNDEZ
El Palacio Real de Madrid, uno de los más ricos y monumentales del mundo, fue el centro ideológico donde se gestó una brillante política cultural, apenas conocida y valorada fuera de los círculos científicos. Basada en la consideración del Renacimiento del mundo antiguo como modelo de civilización, buen gusto y experiencia de buen gobierno -por lo que era necesario su conocimiento si es que se quería atender con acierto las tareas de Estado- dio logros tan rotundos como la creación de la Biblioteca Real y de las Reales Academias de la Historia, de Bellas Artes de San Fernando y San Carlos en Méjico, además de la formación de importantes colecciones que están en la base del Museo del Prado, el Museo Arqueológico Nacional, el Museo de América, el Gabinete de Antigüedades y la Biblioteca Nacional. Las colecciones del Palacio Real reflejaban la gran potencia cultural de la Corona de España; entre ellas, ninguna resultó tan trascendental como la referida a la Arqueología.
Durante todo el siglo XVIII, la nueva dinastía borbónica impulsará y desarrollará expediciones humanísticas que contribuirán al fomento de la arqueología y los estudios de antigüedades, así como a la modernización cultural y científica de países integrados en la Monarquía Hispánica, como Méjico, Brasil o Nápoles, situando el Reino de España a la cabeza de los avances sociales, tecnológicos y reformistas de Europa.

Pompeya y Herculano

La exposición “Corona y Arqueología en el Siglo de las Luces”, hasta el 11 de julio en las salas temporales del Palacio Real, recuerda esta especial dedicación de la realeza a la Arqueología. A través de 180 piezas, procedentes de Patrimonio Nacional y de la Academia de la Historia, y con aportaciones de las más importantes instituciones españolas, su recorrido escenifica la evolución de los estudios sobre la Antigüedad a lo largo del siglo XVIII, entregando además una brillante página de la historia de nuestra cultura.
“La exposición muestra”, dicen los historiadores Martín Almagro y Jorge Maier, comisarios del proyecto, “cómo la política de la Corona española constituyó una de las más espectaculares aportaciones en la historia de la Arqueología, en la que destaca el descubrimiento de Pompeya y Herculano, y que culminó con las primeras leyes de protección del patrimonio Histórico”.
El magnífico escenario que ofrecen las salas de exposiciones del Palacio Real se ha adaptado para desarrollar estas ideas, dando una visión de conjunto de unas actuaciones arqueológicas que influyeron en toda Europa y que contribuyeron a enriquecer  decisivamente el Patrimonio Cultural español.   
La página más espectacular de la Historia de la Arqueología, el descubrimiento de Herculano y Pompeya de entre las cenizas y lavas, en 1738 y 1748 respectivamente, en una expedición promovida por el monarca español Carlos III, es uno de los grandes referentes de esta Corona y Arqueología, que destaca también los primeros estudios científicos sobre las culturas americanas prehistóricas y al desarrollo de las primeras medidas legislativas para proteger y conservar el Patrimonio Histórico y Arqueológico en España. 

Hacia el Neoclasicismo

Cuadros, muebles y piezas de adorno, esculturas, inscripciones, monedas y medallas, junto con libros, documentos y los retratos de reyes, políticos, estudiosos y artistas que son parte de esta historia, ilustran, a lo largo de once salas, la tradición de los estudios sobre la Antigüedad en España, desde el Siglo de Oro al profundo cambio, dentro de la continuidad, que supuso la ambiciosa política cultural de Felipe V; la Real Academia de la Historia como fruto y, a la vez, como institución promotora de dicha política; el impulso recibido en los reinados de Fernando VI al organizarse las primeras misiones científicas; la etapa de esplendor que supuso el reinado de Carlos III, al que cabe definir como “Rey Arqueólogo”; el reflejo en el arte de la época de los descubrimientos de Pompeya y Herculano; el inicio de la arqueología islámica; el desarrollo de los estudios sobre la Arqueología Americana y la creación de la real Academia de San Carlos en Méjico, al servicio de esta política cultural; y, por último, a la culminación por Carlos IV de estas actuaciones, con las leyes de protección del Patrimonio Histórico.  
“Todas estas actividades, hasta ahora sólo conocidas por especialistas en sus respectivos campos, pero nunca analizadas en su conjunto, permiten comprobar que fueron fruto de una acertada política cultural de la Corona, mantenida con constancia a lo largo de todo el Siglo de las Luces”, afirman los comisarios Martín Almagro y Jorge Maier, para quienes, este interés por la Antigüedad, “también supuso una renovación del gusto estético en Europa, con el triunfo del Neoclasicismo”, constatable en la propia decoración del Palacio Real y en todas las Bellas Artes en España y América.   

 

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