El autor se interesa en este artículo por el impacto de Internet en la educación. Sostiene que esta tecnología reclama más atención pedagógica, tanto para maximizar los aspectos positivos como para minimizar los negativos. Precisamente, en este contexto general, se centra en el creciente problema de la ciberadicción entre escolares y ofrece algunas orientaciones básicas sobre cómo rentabilizar el manejo de esta herramienta.

El valor de Internet
en la educación

Valentín Martínez-Otero
Profesor-Doctor en Psicología y en Pedagogía de la Universidad Complutense de Madrid

NTERNET,   la   red  de  redes,

constituye un fenómeno social de primera magnitud crecientemente influyente. Con su llegada, las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) han recibido un impulso impresionante. La malla mundial de ordenadores es un extraordinario escaparate virtual que permite acceder, rápida y económicamente, a todo tipo de información. Internet, al establecer rutas informativas entre usuarios de todo el planeta, a los que brinda un sinfín de posibilidades, reduce y amplía, a la par, nuestro complejo mundo. Y es que, así como la “aldea global” anticipada por McLuhan (1911-1980) es más transitable hoy que cuando el célebre teórico de los medios de comunicación acuñó la expresión, también parecen dilatarse nuestros horizontes vitales. Claro que, tampoco faltan indicadores para el descontento, como los que se descubren en la llamada “brecha digital”, esto es, en la desemejanza entre quienes tienen acceso a internet y los que no. Mas, si las posibilidades de uso e infraestructuras varían considerablemente según las personas y las regiones, a veces dentro de un mismo país, otro tanto ha de decirse de la competencia digital, sumariamente entendida, en el marco de las TIC, como un conjunto de habilidades relacionadas con la búsqueda, selección, registro, análisis e intercambio de información, transformable en conocimiento. En gran medida, la carencia de esta competencia nos permite hablar de analfabetismo digital, por cierto muy extendido.
En sus décadas de existencia internet ha experimentado un crecimiento vertiginoso que obviamente también se ha dejado sentir en el mundo de la escuela. No sabemos lo que el futuro nos deparará, pero lo que resulta indudable es que, esta tecnología, que tantas posibilidades abre a la formación, reclama una mayor atención por parte de todos en lo que se refiere al uso que de ella se hace.

Posibilidades educativas de internet

Las posibilidades educativas de internet son espectaculares. Como muestra cabe citar la facilidad con que se accede a todo tipo de datos y contenidos. Internet es una fuente inagotable de información, una gigantesca biblioteca virtual, un descomunal centro de documentación y recursos. Desde luego, no todo está en internet, pero sí muchos materiales valiosos. En esta magna red se puede hallar información útil para los centros escolares: documentos históricos, noticias, imágenes, bases de datos, revistas especializadas y científicas, diccionarios, etc. Hay incluso materiales elaborados por otros profesores, al igual que programas educativos de diversa índole. En el ámbito de la educación especial han de recordarse sus beneficios al permitir, por ejemplo, que alumnos con restricción de movimientos puedan seguir cursos sin necesidad de desplazarse, a la vez que favorece el ajuste del proceso de enseñanza-aprendizaje al ritmo de cada escolar. Un buen número de alumnos con determinadas discapacidades se han beneficiado de internet en aspectos como la comunicación, el desarrollo cognitivo merced a programas específicos, la autonomía y la adaptación al entorno. Asimismo, se usan cada vez más tanto por los profesores como por los alumnos todos los elementos de relación y comunicación virtual sincrónica o asincrónica: correo electrónico, foros de debate, charlas, etc.
Con la sintética exposición anterior se demuestra que la escuela debe seguir incorporando de la mejor manera posible este moderno recurso educativo. Internet puede ser muy beneficioso en el ámbito educativo si se utiliza con moderación y se pone al servicio de la reflexión, la actividad, el sentido, la búsqueda y la participación en un marco de colaboración. Se sabe, empero, que esta fabulosa invención aún se usa poco en algunos centros escolares y no siempre de forma apropiada.
El tiempo mueve las alas a gran velocidad e internet nos trae el futuro sin preparación para desenvolvernos en él. Su pujanza es imparable, y de lo que se trata es de utilizarlo de la mejor forma posible, maximizando sus beneficios y neutralizando sus riesgos, previamente identificados. Hace ya unos cuantos años Marías (1985), en su opúsculo Cara y cruz de la electrónica, tras reconocer los aspectos positivos de las técnicas electrónicas, capaces de transformar las condiciones de vida, alertaba de sus peligros, a menudo derivados de su manejo imprudente, cuando no manipulador y dominador. Algunas de las tentaciones en que, según el ilustre filósofo (1985), es fácil caer cuando el uso es inadecuado son: la automatización del saber, en gran medida derivada de la copiosa y deslavazada información almacenada en “bancos de datos”; la tendencia a la cuantificación, a menudo advertida en ámbitos complejos que requieren un estudio profundo refractario al mero tratamiento “numérico”; la propensión a simplificar la existencia, lo que contribuye a distorsionarla; la reducción de la realidad humana a los modelos de las ciencias de la naturaleza, lo que se aviene mal con la flexibilidad que precisa la consideración de la vida; la limitación de la esfera del saber a lo alcanzable a través del ordenador, así como la preocupante renuncia a la razón.

Uso inadecuado

La experiencia muestra que algunos de los pronósticos señalados, si no todos, se están verificando, al menos en un considerable sector poblacional. Si tomamos como referencia de análisis lo que acontece en las aulas, confirmado por suficiente literatura científica, comprobamos que un buen número de alumnos -quizá también de profesores- no se libran de un uso inadecuado de internet. De hecho, cabe hallar motivos de zozobra no sólo en el plano cognitivo, sino también en las vertientes afectiva, social y ética, cuya descripción pormenorizada excede con creces las posibilidades de este artículo. El polimorfo e inquietante fenómeno que se está produciendo no ha de dejar impasible a la Pedagogía, pues es saludable aspirar a que la tecnología, lejos de recortar el desarrollo personal, lo enriquezca. 
Hoy los niños crecen asomados a singulares ventanas en las que se presentan paisajes artificiales donde casi todo es posible. El poder de internet se patentiza en su capacidad para facilitar la información, la evasión, el divertimento, la aventura y la superación de límites espaciales y temporales, sin necesidad de abandonar el asiento y apenas con mover un dedo. El mundo feliz, sin embargo, muestra su peor faz cuando reparamos en las muchas consecuencias nocivas que la red está generando. Al igual que sucede en televisión, en la malla electrónica todo se presenta al mismo nivel. Hasta los mismos valores corren el riesgo de subvertirse. Como dice el emblemático tango “Cambalache” del músico argentino Discépolo (1901-1951): “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. ¡Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor! No hay aplazaos ni escalafón, los inmorales nos han igualao...”.

La ciberadicción

Es cierto que en el balance entre ventajas e inconvenientes internet sale bien parado, lo que no ha de ser óbice para que se prevengan o corrijan sus daños. En la vertiente negativa, internet se presenta como una tecnología que frecuentemente se usa de forma inadecuada y abusiva, lo que provoca confusión, aislamiento y adicción. En muchos pequeños y jóvenes cibernautas que utilizan esta tecnología sin ningún tipo de control se pierden las referencias sólidas, se debilita la comunicación con el entorno escolar, familiar, etc., y no son pocos los que quedan “enredados”. Alonso Fernández (2003) al referirse al espectro dañino de internet señala que los perjuicios de la red afectan más a los que la utilizan para entretenerse o comunicarse, que a los que se limitan a usarla como herramienta de trabajo. Siguiendo a este autor, y antes de sistematizar propuestas pedagógicas para la incorporación positiva del medio en la escuela, nos centramos en el creciente problema de la ciberadicción:
* Aproximadamente un 10% de los usuarios de internet en el mundo han quedado atrapados por algún “cebo adictivo de la red” (información, juego, compra-venta, comunicación o interacción social y sexo).
Internet posee capacidad adictiva polifacética o múltiples riesgos de enganche.
* En internet la “realidad externa” es sustituida por la “realidad virtual”. Fácilmente se modifica la experiencia subjetiva del cibernauta. Aumenta, por ejemplo, la sensación de anonimato, de libertad y de poder, así como la asunción intencionada de una identidad falsa.
* La amplia disponibilidad, el bajo coste y fácil manejo de la red aumentan su potencia adictiva.
*Las personas más vulnerables a la ciberadicción son las inseguras, las que se infravaloran  y las introvertidas.
El perfil del adicto a internet corresponde a menudo a un joven estudiante o a un profesional liberal, de alto nivel cultural, urbano, de clase media o alta, en situación de aislamiento o conflicto con su entorno humano próximo, etc.
La ciberadicción prende sobre todo en usuarios solitarios con consumo superior a las diez horas semanales o que dedican sesiones prolongadas, por encima de las dos horas seguidas.
El grupo de hackers o “piratas de la red” está particularmente expuesto a los efectos nocivos de internet, pues sus sesiones se acompañan de abuso de drogas y de potente estrés competitivo.
La ciberadicción se confirma cuando se cumplen los cinco datos siguientes: organización de la existencia en torno al uso de internet; pulsión irrefrenable e incontrolada de manejar la red; fuerte placer durante la conexión; repetición cíclica de las dos secuencias anteriores con un intervalo corto; consecuencias nocivas por incumplimiento de obligaciones, desatención personal, etc.
La descripción anterior en modo alguno ha de llevarnos a satanizar el medio. Se ha pasado revista al problema de la adicción a internet para que se prevenga y se impulse su utilización responsable. Las posibilidades educativas de internet son enormes, pero apenas se aprovechan, ya que se utiliza a menudo como fuente de entretenimiento.
La constatación de que un buen número de escolares utilizan descontroladamente internet, ya en locales creados ad hoc (salas de ordenadores, cibercafés, etc.), ya en el propio domicilio o en el de algún amigo, advierte del peligro que corren de quedar atrapados en la “telaraña electrónica”. La cibertela, tejida con hilos de (des)información, consumo, relación, sexo y juego, apresa cada vez a mayor número de incautos usuarios. La consecuencia es que la araña extiende sus dominios. Con sus múltiples patas se mueve deprisa para devorar a sus víctimas y seguir creciendo. El aspecto repugnante del monstruo sólo se ve cuando ya es demasiado tarde, porque la mayor parte del tiempo se oculta inmóvil en su propia oscuridad.
La alarma se dispara si el escolar pasa cada vez más tiempo frente al ordenador con descuido de sus deberes y descenso del rendimiento, al igual que si reduce considerablemente o abandona sus aficiones y sus relaciones con familiares y amigos. Es frecuente incluso que se irrite si se le llama la atención o si se limita su manejo de la máquina.
Aunque la fijación excesiva a internet no es necesariamente patológica, el ciberabuso empuja hacia el terreno de la adicción. Es bueno recordar que lo que verdaderamente caracteriza la conducta adictiva, más que la frecuencia de utilización, es la pérdida de control, la anómala relación con internet, que termina por absorber al usuario, la necesidad de conectarse y el saldo claramente negativo para el navegante, en situación más o menos grave de naufragio.
Dentro de la población escolar, los más vulnerables a la ciberadicción son los niños y adolescentes tímidos, inseguros, solitarios ávidos de sensaciones y relaciones, con baja autoestima y escasas habilidades sociales, con fantasía descontrolada y déficit de atención, así como aquellos que presentan una psicopatología previa (depresión, trastorno de ansiedad, otra adicción, etc.). Con todo, conviene subrayar, en línea con lo señalado por Echeburúa (2000), que es posible que algunos escolares hagan un uso inadecuado y contraproducente de la red, sin que en rigor se deba hablar de adicción.

Orientación básica de utilización de internet

Se ofrece a continuación una pauta básica de utilización que debe aplicarse, con las oportunas modificaciones, en la escuela y en la familia:
* Utilizar internet primordialmente para obtener información, esto es, como herramienta de trabajo y no de ocio.
* Potenciar la actividad del educando y la búsqueda responsable e inteligente, lo que supone un conocimiento previo de bases de datos.
* Limitar el tiempo de conexión a internet, que no debe superar las dos horas diarias y mejor si se introduce un descanso.
* Promover en los alumnos la navegación compartida y el trabajo cooperativo.
* Proteger a los escolares del material nocivo mediante filtros de seguridad y explicaciones sobre los perjuicios de determinados contenidos.
* Analizar los valores que se difunden en internet y estimular la reflexión y la crítica.
* Situar los ordenadores en lugares abiertos y de trabajo académico, donde la disposición espacial favorezca la relación interpersonal y la conversación.
* Establecer las normas de uso del correo electrónico.
Para sacar el mayor provecho de las recomendaciones anteriores se requiere la introducción responsable de internet en las clases, por ejemplo, mediante la paulatina autorregulación del alumnado al realizar tareas específicas y el modelado ejercido por los profesores. Procede recordar, al fin, que para defenderse de las amenazas de internet se precisa la concurrencia de esfuerzos personales, familiares, escolares y sociales/comunitarios.

Bibliografía

-Alonso Fernández, F. (2003): Las nuevas adicciones, Madrid, TEA Ediciones.
-Echeburúa, E. (2000). ¿Adicciones sin drogas?, Bilbao, Desclée de Brouwer.
-Marías, J. (1985): Cara y cruz de la electrónica, Madrid, Austral.
-Martínez-Otero, V. (2006): Comunidad educativa. Claves psicológicas, pedagógicas y sociales, Madrid, CCS.

 

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