En la presente colaboración, su autora, licenciada en Psicopedagogía y educadora en activo, abre un espacio de reflexión sobre cómo plantear desde el ámbito de la enseñanza un aspecto crucial en el proceso educativo, cual es la educación socioafectiva del adolescente y la formación de su sensibilidad, factores no sólo necesarios sino imprescindibles para favorecer su desarrollo personal y social.

Educar la sensibilidad: reflexiones desde la práctica
con adolescentes con dificultades de comportamiento

María del Carmen Girón Calero 
Profesora en activo y Licenciada en Psicopedagogía

ERNABÉ  Tierno  ha  ahondado

en el desarrollo de la autoestima de los jóvenes y adolescentes, considerando la sensibilidad un aspecto importante en la expresión de emociones y en la configuración de la personalidad adolescente.
Otros autores han ofrecido un enfoque didáctico-psicológico, considerando la sensibilidad un “ingrediente” básico de la emoción, la relación con uno mismo, con los demás y con el entorno. Una cualidad imprescindible en la educación socioafectiva del adolescente.
La sensibilidad es la cualidad personal socioafectiva que permite percibir, sentir e integrar en el plano psicológico y emocional; emociones, sentimientos, placeres, ilusiones y pensamientos.
Es por tanto, una de las mejores herramientas para controlar comportamientos disruptivos, desadaptados, desatentos, con escaso control en adolescentes; sobre todo, en edad escolar.
La sensibilidad es educable y está integrada e influida por factores psicológicos, emocionales y contextuales. Por tanto; es un componente necesario para favorecer el desarrollo personal y social del adolescente, no sólo consigo mismo, sino en su relación con los demás.
La educación en la sensibilidad facilita el aprendizaje, mejora la interpretación y comprensión de mensajes en los textos y su dramatización, agiliza la interpretación y resolución de problemas matemáticos; así como, el contacto con el medio más próximo para alumno y su experimentación.
Es importante, educar en el trato con los demás, la sensibilidad por los progresos pequeños, su valoración, por el entorno, los compañeros y las pequeñas gratificaciones diarias; ya que, educar el interior es la esencia de nuestros actos, pensamientos y emociones y ello está muy relacionado con nuestra sensibilidad.

Aprender a controlar

Los alumnos con dificultades de comportamiento requieren aprender a controlar sus emociones e impulsos y pensamientos sobre las acciones; para ello, es aconsejable que aprendan lo siguiente:

1.-Controlar los sentimientos por medio de la sensibilidad hacia sí mismo, sus sentimientos, emociones, ya que el control pasa en primer lugar, por la emoción, la sensibilidad hacia sí mismo, autocontrol, permitiendo mostrar en el exterior la mejor parte de su interior.

2.-La sensibilidad se relaciona con los demás, en esta esfera, es necesario el control del comportamiento dañino hacia los demás; la sensibilidad favorece el respeto, pero va más allá, mejora la comprensión hacia los demás y por tanto, esto permite controlar este comportamiento disruptivo.

3.-La sensibilidad invita a prever las consecuencias de los actos y pasa inevitablemente por un proceso, en primer lugar, intrapersonal para continuar hacia el interpersonal. Por tanto, es la mejor estrategia de relación, de interiorización del “yo” y del “otro”.

Como conclusión, el comportamiento disruptivo, desadaptado, desatento, entre otros, es un fiel reflejo entre otros aspectos, de una disarmonía emocional, falta de sensibilidad interior, que está condicionada por factores personales y sociales.
Es por tanto, la sensibilidad una actitud que debería ser educada en cada una de las materias, no sólo aquellas relacionadas con el arte, la historia, o la música; sino sin perder el norte de la educación, contribuir al desarrollo  integral de la persona del educando, formar parte de cada una de las programaciones didácticas, desde edades tempranas.
Todos los adolescentes con dificultades de comportamiento, en sus diferentes grados y modalidades (TDAH, compulsivo, antisocial, entre otros), pueden controlar sus emociones y acciones, que vemos en el exterior.
Algunos requieren ayuda neuropediátrica, pero sino existe una ayuda psicológica, terapéutica, que invite al adolescente a conocerse mejor a sí mismo, a controlar emociones, a romper estereotipos, a relacionarse con el entorno de una forma positiva y a descubrir en sí mismo aquello que se denomina, sensibilidad, junto a una colaboración y ayuda familiar estrecha; las dificultades se agravan en la edad adulta, pudiendo quedar secuelas imborrables.
Desde los centros educativos y según la experiencia como docente, es más fácil educar en estos casos desde la cercanía, el contacto directo con la familia, la terapia y el seguimiento individual, la experimentación de emociones positivas, el autoconocimiento, la educación en valores y habilidades sociales de relación interpersonal; son entre otras las estrategias didácticas-psicológicas más importantes en el trabajo diario.
Estos adolescentes requieren de nuestra ayuda, su familia de nuestra colaboración y los centros asistenciales de la orientación pedagógica, que permita desde un trabajo coordinado, educar la sensibilidad que todos y cada uno de ellos posee y que deben aprender a educar a través de las acciones y las relaciones consigo mismo y con su entorno. La sensibilidad ayuda al adolescente a “ser”, en todo el sentido de la palabra.

 

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