Celebración de la cultura

Un recorrido por la historia del arte catalán desde la edad media hasta el siglo XX,
a partir de piezas de gran calidad artística dispersas por iglesias, colecciones privadas
y museos, es el gran acto conmemorativo con que el MNAC recuerda sus logrados setenta y cinco años de hacer y compartir cultura.
 

El Museo Nacional de Arte de Cataluña conmemora sus 75 años reuniendo una selección de obras maestras como Invitados de honor

JULIA FERNÁNDEZ
El Museo de Arte de Cataluña, creado a finales de 1934 para conservar, investigar y difundir el patrimonio artístico catalán, ha cerrado en estos meses sus primeros setenta y cinco años de experiencia con un balance que arroja un superávit artístico y social: sus exposiciones, permanentes o temporales, y sus seminarios, conferencias y encuentros han conseguido establecerse como un importante  referente internacional lo sitúa entre las grandes instituciones museísticas.
Poseedor de unas colecciones que explican la riqueza de más de 1000 años de arte catalán este museo ha querido celebrar su aniversario mostrando en diálogo con su rica colección una selección de obras de maestros del arte catalán que cubren su mismo arco cronológico llegadas de todo el mundo, para ofrecer así una visión singular e irrepetible de lo mejor de la historia del arte en Cataluña. La muestra Invitados de honor. Exposición conmemorativa del 75º aniversario del Museo Nacional d’Art de Catalunya, organizada por el MNAC con la colaboración de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, con sus más de ochenta obras, totalizan el recorrido por el Románico, el Gótico, el Renacimiento, el Barroco, el siglo XIX y los tres decenios del XX, que este gran Museo sintetiza.

Majestad de Beget

“Es la primera vez que el Museu Nacional d’Art de Catalunya plantea una exposición en la cual las diferentes áreas de colecciones han trabajado conjuntamente y que reúne obras de todas las técnicas: pintura sobre tela y sobre madera, pintura mural, la escultura en piedra, en mármol, en madera y metal, la orfebrería, manuscritos, dibujos, acuarelas y fotografías, y también un mueble modernista”, comenta la comisaria Cristina Mendoza sobre una muestra que reúne no sólo obras que se conservan en colecciones públicas o privadas sino algunas que todavía hoy se encuentran en su lugar de origen, en iglesias y catedrales de diferentes sitios de la geografía catalana y en instituciones públicas. Algunas de ellas, como el retablo de la Virgen de l’Escala, de Joan Antigó, procedente de la iglesia del monasterio de Sant Esteve, en Banyoles, como la Majestad de Beget, una obra capital de la escultura románica catalana, procedente de la iglesia de Sant Cristòfol de Beget, un lugar de peregrinación, se han desmontado por primera vez y restaurado para esta conmemoración.
San Carlomagno, de Jaume Cascalls, gran obra de la escultura gótica catalana de uno de los principales escultores de la segunda mitad del siglo XIV en Cataluña; el frontal de altar bordado de Sant Jordi de la capilla del Palau de la Generalitat, realizado en 1450 y que ha sido sometido a un largo proceso de restauración; o el frontal bordado de Jesús y los Evangelistas del Museu Episcopal de Vic, son otros “invitados de honor” de un recorrido que muestra asimismo piezas muy relevantes que, por diversos motivos, se encuentran actualmente fuera de España, como, por ejemplo, el relieve de Pere Oller del sepulcro del rey Fernando I de Antequera procedente del monasterio de Poblet y hoy en el Museo del Louvre; una Anunciación de Bernat Martorell, del Museo de Bellas Artes de Montreal; Mediterránea, de Arístides Maillol, del Museo de Orsay; o La masovera de Joan Miró, del Centro Georges Pompidou.

Una Renaixença

Este brillante diálogo de obras singulares son como un brindis al logro que ha llegado el Museu Nacional d’Art de Catalunya en sus 75 años de historia. En su origen, el movimiento de la Renaixença, que a lo largo del siglo XIX propiciaría la recuperación del patrimonio arqueológico y artístico catalán, abandonado y muy deteriorado como consecuencia de la desamortización eclesiástica; esas piezas recuperadas se reunirían en la capilla de Santa Àgata, que en 1880 pasaría a ser llamado Museo Provincial de Antigüedades de Barcelona.
Once años después, la cesión de uno de los edificios de la Exposición Universal de 1888 para uso de esta colección supondría la creación del primer Museo Municipal de Bellas Artes, que en 1906 ya publicaría un catálogo de trescientas cincuenta piezas: “Las colecciones más numerosas eran las del siglo XIX y concretamente las obras contemporáneas, la mayoría de las cuales habían sido adquiridas en las exposiciones internacionales de bellas artes e industrias artísticas que se habían celebrado periódicamente en Barcelona a partir de 1891”, señala Cristina Mendoza,  coordinadora de esta conmemoración del MNAC.
Será a través de estos certámenes, en los que los artistas catalanes ven la posibilidad de entrar en el museo de su ciudad y por lo que comienzan a presentar sus mejores obras, como se enriquecerá la colección del Museo Municipal con los mejores artistas catalanes del momento.

Frontales románicos

En cuanto a los fondos antiguos el museo contaba con algo más de cincuenta obras medievales, renacentistas y barrocas, entre las que estaban piezas tan relevantes como los frontales románicos del siglo IX, de Avià, de la Seu d’Urgell y de Mosoll, la tabla gótica con la Anunciación y Epifanía del círculo de Ferrer y Arnau Bassa, la Virgen de los “Consellers”, de Dalmau, El martirio de san Bartolomé, de Ribera, o San Francisco de Asís de Zurbarán, todas ellas, salvo la obra de Dalmau, adquiridas entre 1903 y 1906. Aún hoy, son éstas las piezas más emblemáticas del MNAC.
La creación en 1907 de la Junta de Museos; la Misión a la Raya de Aragón, liderada por Josep Puig i Cadafalch, que dio a conocer definitivamente las pinturas románicas de las iglesias de los Pirineos; la instalación entre 1921 y 1924 de las pinturas murales románicas en el Museo de Arte y Arqueología, en el palacio de la Ciudadela; la adecuación del Palacio Nacional de la Exposición entre 1931 y 1934 como definitiva sede del Museo de Arte de Cataluña y, la creación, entre 1990 y 2004, del Museu Nacional d’Art de Catalunya, son páginas de la historia que los Invitados de honor celebran.

 

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