En este artículo, su autor enfatiza la trascendencia de la creatividad, en muchos aspectos todavía enigmática e infravalorada, con objeto de animar a las familias y a las instituciones escolares a que la detecten y potencien se escriben estas reflexiones. La educación, ya desde la infancia, es la gran impulsora de esta facultad que tanto contribuye a la realización personal y social. Se trata, en definitiva, de promover un estilo formativo capaz de abrir nuevos caminos.

Creatividad y educación

Valentín Martínez-Otero
Profesor-Doctor en Psicología y en Pedagogía
Universidad Complutense de Madrid


Es hora de que se valore de verdad la innovación en cualquier ámbito y de que se dediquen más esfuerzos a desvelar las dimensiones implicadas en el proceso creador. La creatividad ha de estimarse desde el punto de vista individual y colectivo, porque es esencial para el desarrollo de la personalidad y el progreso social. Antaño la mitificación de la creatividad perjudicó considerablemente su cultivo desde la escuela y la familia. A menudo la asociación de la creatividad con un don servía de pretexto para no fomentarla. Naturalmente nadie duda de que haya personas especialmente creativas, incluso en su grado más elevado. Es el caso de los genios. Ahora bien, más allá de estos prodigios, la posibilidad de desarrollar la creatividad, en mayor o menor grado, está al alcance de todos. No nos referimos, claro está, a una originalidad que desemboque forzosamente en descubrimientos, inventos o realizaciones artísticas de extraordinaria magnitud, sino a la capacidad de iluminar la vida cotidiana. Toda persona, en virtud de su unicidad, está llamada a ser original, es decir, posee el caudal necesario para alejar de sí los automatismos y las presiones homogeneizadoras.
La creatividad puede irradiar cualquier ámbito de la vida (personal, familiar, laboral, social, etc.). Así como cabe colorear, en mayor o menor cuantía, la actividad laboral, también es posible agrisar el tiempo libre por falta de ideas. Toda persona, por definición irrepetible, es potencialmente innovadora, siempre que acredite formación suficiente y tonifique su voluntad. Sacudir la pereza, centrarse en una ocupación o tema que agrade y merezca la pena, y administrar la energía y los recursos personales que se poseen, por escasos que puedan parecer, son claves de la creatividad.

La creatividad en la infancia

Si se trata de niños, conviene, desde luego, contar con un ambiente familiar apropiado que brinde oportunidades para favorecerla. Qué papel corresponde a la familia en cuanto estimuladora de la creatividad es cuestión que en la actualidad se investiga de modo creciente. Algunos estudios se centran en las características del clima familiar de algunos genios mientras que otros trabajos se interesan sobre todo por las notas destacadas que supuestamente impulsan la creatividad en cualquier niño. En general, puede afirmarse que la familia influye en el florecimiento de la creatividad tanto por contribuir a la estructuración de la personalidad a través de las relaciones personales con padres y hermanos como por proporcionar estímulos intelectuales, culturales y sociales. A este respecto, es especialmente relevante la ocupación saludable del tiempo libre. No es lo mismo, por ejemplo, pasar varias horas diarias ante el televisor que echar a volar la imaginación a través de la lectura combinada con el despliegue de los sentidos merced al contacto con la naturaleza y con la relación interpersonal gratificante y orientadora en un contexto deportivo o lúdico.
En efecto, una vía de gran importancia para fomentar la creatividad la encontramos en la actividad lúdica. El juego es un asunto muy serio en la vida del niño, ya que le permite relacionarse, liberar energías, divertirse, así como adquirir y afianzar habilidades. Mientras juega, el niño rompe las ataduras en que le instala la cotidianeidad, asume riesgos, ensaya alternativas y ensancha su horizonte. El juego ofrece ocasiones áureas para el despliegue del potencial creativo. Ahora bien, es menester sustituir esos juegos que acrecientan las “comparaciones odiosas” y la rivalidad, por los que impulsan el espíritu de cooperación y transforman la realidad gracias a la imaginación.

El papel de la familia y la escuela en la creatividad

No quebremos la magia infantil con imposiciones angostas. El desprecio de la fantasía da lugar a un pensamiento estereotipado, uniforme, mecánico y cautivo. Aún hoy encontramos en algunas familias y escuelas actitudes bloqueadoras de la sensitividad infantil, que impiden la espontaneidad lúdica, la formulación de hipótesis originales, el disfrute de la belleza, etc. En estos casos, aunque se gane en orden y en repetición, posiblemente se pierda en dilatación personal. La capacidad del niño para abrirse al mundo con “ojos nuevos” se reduce, su universo mengua. Cuán distinto es lo que sucede en el hijo o alumno que es estimulado a investigar y a valorar su entorno, a desplegar su autonomía con actividades diversas en las que se ejercitan todos los sentidos. En estas situaciones el niño vibra, ve, oye, toca, saborea y disfruta. Valora lo que hay y hasta es capaz de imaginar lo que podría haber.
El impacto de la convivencia familiar en la eclosión de la creatividad está fuera de toda duda, por lo que sugerimos a los padres que impulsen un ambiente abierto, esto es, el que favorece en el niño la exploración, la indagación y el descubrimiento. En el hogar, la flexibilidad y la libertad bien entendidas, en las antípodas de la permisividad, constituyen una excelente plataforma creativa. Se sabe que un clima excesivamente rígido, programado y dogmático constriñe el proceso creador. Igualmente desaconsejable es la indiferencia o la sobreprotección. Dado que la educación familiar puede inhibir o estimular cualquier brote de originalidad, se torna fundamental respetar las ideas de los hijos, despertar y avivar su curiosidad, confiar crecientemente en sus razonamientos y decisiones, animarles a expresarse, orientar sus acciones, etc. Evidentemente, no se trata de consentir caprichos ni de despreciar la experiencia ni el asesoramiento de los mayores. A menudo la creatividad se beneficia de los “andadores” que proporcionan los adultos, siempre que no se ahogue la fantasía infantil y que no se desaproveche la capacidad para abrirse a nuevas vías de realización y a soluciones singulares. La personalidad creadora, a partir de un buen caudal de conocimientos, esfuerzo suficiente, capacidad asociativa y cierta intuición, se despliega al máximo cuando hay posibilidad de opinar, de disentir, de reflexionar y de ensayar, incluso de equivocarse.
En esta época de tecnificación es aún más perentorio desarrollar los sentidos del niño con actividades en la naturaleza, consumada maestra, a la vez que se les infunde el deseo de saber, la observación, la autonomía, el espíritu crítico y, cómo no, el amor a la belleza. Todo ello sin pasar por alto que la creatividad requiere ilusión y tenacidad. Con razón se ha dicho que en materia de creatividad el 1% es inspiración y el 99% transpiración. Como al burro de la popular fábula de Tomás de Iriarte (1750-1791), a veces suena la flauta por causalidad, pero es sabido que para tocar bien este u otro instrumento se precisa dedicación y esfuerzo.
También en el mundo de la ciencia se reconoce la existencia del azar. Para designar que algo sucede inopinadamente se suele emplear la palabra ‘serendipity’, cuyo origen, en 1754, se sitúa en la obra “Los tres príncipes de Serendip” de Horace Walpole. Serendip es en realidad el nombre de la isla de Ceilán y los príncipes de la narración eran protagonistas de maravillosas casualidades. Pues bien, por fuera de algunos hallazgos fortuitos extraordinarios, a menudo buscados, las actividades científicas, incluso las artísticas, siguen un rumbo gradual. Sin negar el influjo de la inspiración, la creatividad, en general, se presenta como una constelación de conocimiento, preparación, motivación, habilidad y entrega.
Análogamente, en la infancia es más fácil progresar en cualquier área, si en lugar de dejarlo todo al albur, se ejerce una prudente labor acompañante, mediadora y alumbradora. De esta suerte, se crea el caldo de cultivo apropiado para el despliegue de la fantasía y la curiosidad inteligente, el fortalecimiento de la volición y la vigorización del espíritu, pues no hay creatividad que valga si únicamente se confía en la espontaneidad infantil. Por todo ello, se debería armonizar su iniciativa con un encauzamiento suficientemente flexible. El niño, de hecho, sale beneficiado por el concurso sinérgico de dos fuerzas; una natural, que le inclina a inquirir, y otra pedagógica, que le orienta. Con carácter aplicativo, en el centro educativo cabe tener en cuenta los intereses de los alumnos a la hora de realizar actividades encaminadas a alcanzar los objetivos establecidos en las programaciones oficiales, de la misma manera que en casa hay posibilidad de contemplar las aficiones de los hijos para estimular su potencial creativo y a la par reforzar ciertas áreas escolares. Una vez más se torna fundamental la colaboración entre la familia y la escuela.

El ambiente

La constatación de que hay desemejanzas interindividuales “naturales” en la creatividad infantil, advertidas, por ejemplo, en las realizaciones escolares y en los juegos, no ha de suponer un recorte del compromiso educativo. Sería craso error caer en el fatalismo de pensar que todo está prefijado por la biología. En el terreno que nos ocupa la genética tiene su influencia, pero de ahí a soslayar el impacto del ambiente va un abismo. Por tanto, un entorno educativo apropiado es indispensable para el despliegue de la creatividad, como muy bien saben los padres y profesores. A ello se debe que decoren la habitación o el aula de los niños. Estas atmósferas, configuradas a partir de mixturados elementos materiales y psíquicos, se dejan sentir en su estado anímico, en el modo de responder a los estímulos y en sus producciones.
Con objeto de acrecentar la acción del ambiente familiar y escolar sobre la creatividad infantil, brindamos algunas recomendaciones generales que pueden practicarse, según los casos, con ocasión de programas de televisión, actividades físico-deportivas, juegos, talleres (jardinería, marquetería, cocina, etc.), tareas escolares, etc.: Cultivar la autonomía; favorecer la curiosidad; animar a los niños a que formulen preguntas sobre cuanto les rodea; fomentar la comunicación y la participación; evitar el dogmatismo y la intolerancia; impulsar los métodos heurísticos (los que favorecen la indagación y el descubrimiento); posibilitar la reflexión y el ensayo; estimular la sensibilidad y la fantasía; desarrollar los sentidos; promover el contacto con la naturaleza, y alentar el espíritu crítico, la motivación y el trabajo.
En definitiva, gracias a la creatividad puede el niño abandonar el cuarto oscuro en que algunas tendencias educativas obsoletas pretenden encerrarlo, para transitar gozoso hacia la luz de la vida. La creatividad abre una gran ventana que invita a contemplar y gozar la realidad. Esta mirada atenta, ilusionada y fecunda permite descubrir en cada momento un nuevo fulgor que se contagia.


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