Un paso más hacia la educación integral

El desarrollo socioemocional de los niños puede ayudar a mejorar los resultados escolares, según se desprende de un congreso internacional celebrado en Santander

Atender el desarrollo socioemocional de niños y jóvenes en el ámbito escolar puede ayudar a la mejora del rendimiento académico. Esta es una de las ideas barajadas en el II Congreso Internacional de Inteligencia Emocional que ha reunido recientemente en Santander a más de 400 profesionales y expertos de 17 países.

Madrid. A. LEGORBURU
La Fundación Marcelino Botín ha organizado este encuentro en el que representantes del ámbito de la salud, la educación y la empresa, pudieron analizar los últimos avances en Inteligencia Emocional en diferentes campos. Emilio Botín, presidente del Banco Santander y de la Fundación Marcelino Botín, ha comentado que la celebración de este Congreso en Santander representa un apoyo a la actuación que la Fundación realiza dentro del programa Educación Responsable, expresando su convencimiento de que una de las mejores formas de contribuir al progreso de nuestra sociedad es fomentar el desarrollo emocional y social de niños y jóvenes, ayudándoles a ser autónomos, competentes, responsables y solidarios.
Uno de los puntos tratados durante el encuentro fue que diferentes estudios han demostrado que la Inteligencia Emocional previene riesgos como la violencia o consumo de drogas y alcohol en los niños y adolescentes. Pero que también incide en su crecimiento positivo y bienestar personal y social, haciendo que sean menos vulnerables.
Según el profesor John Mayer, precursor de la IE, ésta implica la habilidad de percibir, valorar y expresar las emociones con exactitud, así como para acceder y generar sentimientos que faciliten el pensamiento y la habilidad para regular las emociones, promoviendo un crecimiento emocional e intelectual.

Aprendizaje en las escuelas

El profesor de Psicología en la Universidad Loyola de Chicago, Joseph Durlak, dijo que está demostrado que atender el crecimiento socioemocional de los niños y adolescentes “mejora su rendimiento académico”. Este experto americano consideró que promocionar capacidades personales, sociales y emocionales debe ser una prioridad en la formación de niños y jóvenes. Explicó los componentes del aprendizaje socioemocional, como el desarrollo de la autoestima, al empatía, el autocontrol, la responsabilidad y los beneficios que tiene su desarrollo, ya que, según el profesor, mejora la capacidad para enfrentarse a los retos, la adecuada gestión de las emociones, el interés hacia los demás, el trabajo en equipo, el establecimiento de relaciones positivas con otros y el rendimiento académico. Durlak apuesta por incorporar el aprendizaje socioemocional en los currículos escolares y cree necesario que la Administración educativa promueva el uso y evaluación de estos programas y por formar al profesorado en su aplicación.
Por otro lado, el catedrático de Fisiología Humana en la Universidad Miguel Hernández, de Elche, Carlos Belmonte, destacó en su conferencia el asombroso progreso que se ha producido en el conocimiento de los mecanismos que determinan la operación del cerebro y su vinculación con las emociones. Indicó que estos hallazgos repercutirán de un modo decisivo en el modo de entender y juzgar la conducta humana y llevarán a una nueva dimensión de la educación porque habrá fundamentos científicos de lo que se esta haciendo.

Reconocer y gestionar las emociones

David Caruso, profesor de la Universidad de Yale, explicó durante su conferencia que cuando se dirige a los directivos, profesores o alumnos para descubrirles las claves de la IE se basa en cuatro puntos esenciales: “primero, hay que identificar las emociones, después utilizarlas. Les ayudo a pensar en cómo se sienten. En tercer lugar, deben identificar las causas de esas emociones. Por último, tienen que aprender a gestionarlas a la hora de tomar decisiones”. De esta forma, agregó “enseñamos a estas personas a ser lógicos y racionales. Las emociones nos ayudan a encontrarnos y a sobreviven el mundo que nos rodea”. “Con la ausencia de emociones es prácticamente imposible tomar una buena decisión”, apuntó el profesor.
La directora del Programa Educativo de la Fundación Marcelino Botín, Fátima Sánchez, explicó que este reconocimiento de las emociones de los demás, que señala Caruso, crea empatía y de esta forma se evitan “muchas situaciones conflictivas”.

Educación Responsable

Desde el año 2004, la Fundación Botín aplica el programa “Educación Responsable” -basado en la IE- en 97 colegios de la región cántabra. “La IE les ayuda a que cuando reciben presión de otros compañeros para hacer algo con lo que no están de acuerdo, puedan tomar una decisión sin crear un conflicto, ya que explicaran cómo se sienten y el motivo por el que no van a hacer”, explica Fátima Sánchez. A través de este programa, explica la directora, “sabemos que consiguen un mejor bienestar emocional, mejoran sus relaciones sociales, previenen problemas conductuales y el consumo de alcohol, droga y violencia y consiguen un mayor rendimiento académico”.
También tienen en marcha otro programa piloto en tres colegios cántabros en los que se aplica Educación Responsable de forma intensa. “Una vez dos equipos de la Universidad de Cantabria hayan evaluado la repercusión de este programa a finales de año, se decidirá si se aplica a otros colegios”, finaliza Fátima Sánchez.
A este respecto, los periodistas le preguntaron a John Mayer durante el Congreso por el motivo de que la IE no esté más extendida en el mundo empresarial y en la educación. Mayer indicó que existen dos motivos: “Por una parte, en el mundo occidental está muy presente el pensamiento griego, que cree que la lógica es la fuente de información fiable, mientras que las emociones los son menos, por lo que no son un buen recurso para toma de decisiones, todo lo contrario de lo que defiende la IE”. Por otro lado, según, el conocimiento de las emociones se desarrolló hace unos 400 años, “pero permanecía como reconocimiento de culto entre un número reducido de especialistas. Es algo que no ha sido desarrollado plenamente por los científicos hasta los años 80 del pasado siglo”.

El profesor David Caruso, segundo por la derecha, en un momento de su intervención.
(Foto: R. Ruiz)
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