En el presente artículo, su autor, presidente de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España, abre un espacio de análisis y reflexión sobre el fracaso y el abandono escolar, y sugiere una serie de propuestas para incidir en la imprescindible corrección de las disfunciones existentes en este ámbito concreto de nuestro sistema educativo.

La orientación en la lucha contra
el fracaso escolar

Juan Antonio Planas Domingo
Presidente de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España


Los informes sobre la situación educativa española ponen de relieve que el fracaso y abandono escolar lejos de remitir siguen aumentando por lo que se hace necesario cambiar el rumbo del Ministerio de Educación y de las Comunidades Autónomas e implementar medidas más efectivas.
En ese sentido, pensamos que la mejora del Sistema de Orientación contribuiría a mejorar esas tasas de fracaso y abandono y aumentaría el éxito escolar en la mayor parte del alumnado. En la mayoría de los países de la Unión Europea los educadores, las familias y agentes sociales coinciden en el papel importantísimo de los Servicios de Orientación en el Sistema Educativo actual. Son la pieza clave para detectar a tiempo cualquier problemática educativa o personal en los alumnos, asesorar al profesorado y orientar a las familias.
Se está observando cada vez con mayor nitidez que la orientación es progresivamente más importante en la sociedad actual. Los profesionales de la educación vemos prioritario que se tengan más en cuenta las medidas preventivas. Es necesario intervenir en los problemas antes de que se hagan más serios e irresolubles. Cuando un niño empieza a tener los primeros problemas de aprendizaje simultáneamente se produce una disminución en su autoestima. Con expectativas de fracaso escolar el alumnado empieza a desmotivarse, a perder hábitos de estudio y a no tener interés por las actividades escolares. Ese círculo vicioso es muy complejo de romper. Cuando se plantean medidas exclusivamente paliativas en la adolescencia se están desperdiciando unos años fundamentales para prevenir e intervenir efectivamente en los problemas de aprendizaje. Y, posiblemente, esas medidas en la adolescencia llegan demasiado tarde.
El papel que asigna a los orientadores la LOE es imprescindible para que funcionen determinados programas. Es necesaria la evaluación psicopedagógica para que el alumnado acceda a los programas de aprendizaje básico (PAB), programas de refuerzo, orientación y apoyo (PROA), programas de integración, programas de educación compensatoria, diversificación curricular, programas de cualificación profesional inicial (PCPI) o programas dirigidos a alumnos de altas capacidades. Es paradójico que por un lado, se asignen cada vez más funciones y, por otro, se escatimen recursos humanos.
Hay que asesorar al profesorado en cuanto a problemáticas que antes no existían o se desconocían, como los alumnos disruptivos, la desmotivación, el déficit de atención, la hiperactividad, las ludopatías, la anorexia, la bulimia, el ciberbullying o la drogadicción. También precisan orientación en temas como: materiales específicos para trabajar en esa diversidad, agrupamientos más reducidos, las nuevas tecnologías aplicadas a la educación, información sobre instituciones especializadas, mejora de la tutoría, medidas para mejorar la convivencia en la comunidad educativa, etc. Igualmente, pautas educativas para trabajar con los alumnos discapacitados, grupo que presenta una grandísima variabilidad en cuanto a la tipología, los requerimientos y los programas de intervención a desarrollar con ellos, así como una necesidad importante de coordinar las actuaciones de todos aquellos profesionales que trabajan con estos alumnos.

Asesoramiento a las familias

Por otro lado, el asesoramiento a las familias es clave, porque la sociedad es cada vez más compleja. Los padres lo tienen mucho más difícil. En frecuente encontrar en nuestras aulas problemas como celos, ansiedad, stress, desobediencia, temores irracionales, agresividad verbal, violencia física, trastorno negativista desafiante, etc. Con las exigencias laborales o con el aumento de familias monoparentales aparecen problemas desconocidos hasta ahora. Por tanto, hacen falta profesionales preparados en esas problemáticas tan específicas y con un profundo conocimiento de las necesidades educativas y laborales de nuestra sociedad. Por todo esto abogamos por un buen sistema de orientación desde la primera infancia hasta la madurez.
Tal como manifiesta la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) abandonaron la Universidad sin titulación 90.500 alumnos que supone un 42% de abandono con respecto al total. Una cifra muy superior a la media europea del 16%. Las cifras de abandono escolar en todas las etapas educativas e incluso en la propia Universidad ponen de manifiesto que es necesario un cambio profundo en la metodología docente, en la orientación educativa, en la formación inicial y permanente del profesorado, en los currículos educativos y en los espacios y tiempos escolares. El propio Ministro de Educación y anterior Presidente de la CRUE, Ángel Gabilondo, plantea la necesidad de una formación pedagógico-psicológica seria en forma de competencias docentes, para atender la compleja realidad de la situación de las aulas contemporáneas. “Es importante una formación rigurosa en psicología evolutiva y del aprendizaje, y que ofrezca recursos didácticos motivadores y de atención a la diversidad”.
Según mi parecer, el nuevo rol de la orientación debe ser mucho más ambicioso dirigido a la formación y al asesoramiento al profesorado tanto a nivel individual como colectivo, y no tanto a las intervenciones clínicas centradas en unos pocos alumnos. En la nueva dimensión de la orientación debe abarcar a toda la comunidad educativa, es decir, a la totalidad de los alumnos, de los profesores y a las familias.
Estimamos que, tal como ya se están planteando en la mayor parte de los países de la Unión Europea, hay que adaptar las funciones de los servicios de orientación a las necesidades de la sociedad actual. En ese sentido se puede aprovechar nuestra formación psicopedagógica y experiencia docente en la formación del profesorado, tanto de Infantil y Primaria como de Educación Secundaria. Hay que rentabilizar los efectivos actuales y ampliar su número para poder hacer efectivo realmente el papel de formación del profesorado. Se van a instaurar los másteres para el profesorado en Secundaria sustituyendo al CAP. El gran cambio es que el profesorado necesitará unas prácticas reales en los centros educativos. Para ello se seleccionarán determinados centros y profesores para que sean los tutores de los futuros profesores. Se supone que van a ser personas con prestigio y experiencia profesional. Proponemos que se cuente con los orientadores para formar a los tutores de prácticas.

Profesorado

La Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) y la Fundación SM han promovido el estudio La situación de los profesores noveles 2008. Según este estudio, al 55,9% del profesorado no le parece bien el vigente modelo de acceso a la docencia, mientras que el 62,7% cree que debería cambiar “para tener en cuenta las nuevas funciones que se exigen al profesorado. En cuanto a su formación inicial, el 64,6% pensó que “no había relación entre lo que le pedían en las oposiciones y lo que era enseñar”, y el 61,6% comprobó “lo difícil que era trabajar en la enseñanza”. Por último, el 55,5% considera que los estudiantes actuales son peores que los de hace unos años, porcentaje que se eleva al 62,2% en el caso de los profesores de Secundaria y al 63,2% entre los que llevan más de 30 años de docencia. Tal y como se refleja en las conclusiones del estudio, una posible explicación vendría dada por “los cambios sociales acaecidos en los últimos tiempos, “que en ocasiones han llevado a una mayor permisividad de los alumnos por parte de sus padres, y a un menor respeto hacia el profesor”. No es fácil adaptarse a las nuevas demandas sociales, y más en tiempos de cambios tan rápidos. Ahora la sociedad es más exigente con los docentes, y no sólo les pide que eduquen en conocimientos, sino que se adapten además a los nuevos problemas en matearía de educación sexual, violencia e integración, y sienten que las familias no colaboran lo suficiente”.
Según ha manifestado Álvaro Marchesi, “las nuevas generaciones son más difíciles de enseñar porque les cuesta más aprender, atender y estarse quietos, pero tienen otros valores que no tenían los anteriores, como una mayor capacidad de trabajo en equipo y el control de las nuevas tecnologías. Hoy la enseñanza es más difícil que antes y lo será mas en el futuro”.
Por otro lado, una de las piezas fundamentales que no se están teniendo en cuenta en la formación del profesorado tal como mantienen especialistas como Rafael Bisquerra o Carlos Hue, es la Educación Emocional. Tanto los alumnos como los profesores deben tener una sólida formación en este ámbito. Gran parte del malestar docente y de los problemas de convivencia se deben a que tanto los profesores como los alumnos no están gestionando adecuadamente los conflictos tanto personales como relacionales. Por ello, este tipo de formación sería preferible que la impartiesen personas con formación y experiencia psicopedagógica.
Coincidimos con planteamientos realizados por parte de profesores con reconocido prestigio, como Joaquín Gairín Sallán o Mario Martín Bris, de otorgar más relevancia a los aspectos psicopedagógicos y a la experiencia práctica. Lo que es indudable es que un asunto tan primordial para la mejora de la calidad del sistema educativo, no puede caer en el error de perpetuar el anterior CAP. Si la formación se convierte de nuevo en algo teórico alejado de la práctica diaria volveremos a fracasar. No puede supeditarse este asunto a un reparto de poder entre los distintos Departamentos Universitarios que incidan de nuevo en conocimientos específicos propios de la titulación de grado. El futuro profesorado precisará de experiencias directas y ejemplificaciones concretas de la compleja tarea de enseñar tal como dinamizar un aula, llevar a cabo una entrevista, motivar a los alumnos, o resolver conflictos en el aula. Es difícil que personas que no están trabajando directamente en los colegios de infantil y primaria o en los centros de Educación Secundaria puedan ofrecen en exclusiva esta formación tan práctica.
La competencia emocional en los futuros profesores debe ser previa al resto de competencias docentes o investigadoras. Si un profesor no tiene habilidades sociales y no posee recursos para dinamizar un grupo, llevar a cabo una entrevista o resolver un conflicto de convivencia, todo su bagaje intelectual y científico le va a servir de bien poco. A nuestro parecer en la formación del profesorado debería primar sobre todo este tipo de aspectos ya que en las titulaciones de grado de cualquier especialidad apenas se tienen en cuenta estas competencias. Incluso abundando en este tipo de competencias, es imprescindible que cualquier profesor tenga la suficiente madurez emocional para dedicarse a esta compleja tarea de educar.

Modelo común

Uno de los objetivos de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España, entidad que aglutina a 22 asociaciones de profesionales de estos ámbitos de prácticamente de todo el Estado, es la propuesta de un modelo común, y por otro lado, propuestas acerca de la construcción de los elementos comunes de los diversos modelos.
Hay una serie de reflexiones relacionadas con la orientación que es preciso tener en cuenta:
1.- La orientación educativa es, desde el punto de vista del alumnado, un derecho que ha de concretarse y garantizarse en un conjunto de servicios y actividades que el sistema educativo ha de ofrecer, tal como plantea la LOE
2.- El modelo organizativo y funcional de la orientación, propuesto en el sistema educativo establece que la orientación tiene un papel relevante en la nueva concepción de la educación. Su desarrollo no sólo se debe a una demanda social, que efectivamente existe, sino también a la exigencia de los nuevos planteamientos de la Educación, que la convierten en uno de los factores que van a contribuir a la calidad y mejora de la enseñanza.
3.- Los criterios que establecen el nivel de calidad de la enseñanza hacen referencia a que la educación ha de preparar para la vida, a través de un diseño curricular flexible, que ofrezca una opcionalidad progresiva y que considere la necesidad de tener que dar respuesta a la diversidad de los alumnos.
4.- La escuela debe preparar a todos los alumnos para desenvolverse en la vida, para ello tiene como objetivo prioritario el desarrollar al máximo todas sus capacidades, desarrollo armónico e integral de la personalidad del alumnado. Esta idea presupone la presencia dentro del proceso educativo de todos los ámbitos de la personalidad humana: ámbito cognitivo, afectivo, psicomotriz, afectivo y social). En este sentido, y de ahí su importancia, la orientación se identifica con la propia educación. Superando el concepto tradicional de educación, significa algo muy diferente a adiestrar o informar simplemente. Toda educación es orientación en cuanto prepara para la vida, la preparación en la toma de decisiones para la vida. Se educa a la persona entera, y no sólo a una parte suya. Se educa a la persona concreta, individualidades con particularidades propias que la educación ha de respetar y contribuir a desarrollar.
5.- Es precisa una intervención orientadora para prevenir las dificultades de aprendizaje y no sólo asistirlas cuando han llegado a producirse, anticipándose a ellas y evitando, en lo posible, fenómenos indeseables como los de abandono, del fracaso y de la inadaptación escolar. Concretamente en educación infantil y educación primaria es preciso evitar los problemas educativos mediante la elaboración conjunta y puesta en práctica de programas de intervención psicopedagógica y orientación educativa:
6.- El sistema educativo reconoce que la escuela no puede atender a todos los alumnos de la misma manera. Por tanto, se debe planificar una escuela que se adapte al alumno, inclusiva, integradora y flexible que tenga en cuenta las individualidades y permita desarrollar al máximo las capacidades y potencialidades educativas de cada alumno, creciendo como personas en el respeto a las diferencias. El orientador debe colaborar en los procesos de elaboración, desarrollo, evaluación y revisión de los proyectos curriculares que deben recoger medidas de atención a la diversidad. En lo que se refiere a la atención individualizada colaborará con el profesorado en lo relativo a la propuesta, seguimiento y evaluación de adaptaciones curriculares. De igual manera, formulará propuestas a la Comisión de Coordinación Pedagógica sobre las medidas extraordinarias y adaptaciones curriculares. El profesorado necesita asesoramiento y apoyo al proceso de enseñanza y aprendizaje de sus alumnos.
7.- Las alteraciones comportamentales y conductas asociales que conllevan el riesgo de desvincularse del proceso de aprendizaje (absentismo, fracaso escolar, conductas antisociales y autodestructivas...). Es necesario prevenir para que esto no ocurra y llevar a cabo acciones conjuntas que posibiliten la erradicación de estas conductas una vez que se hayan producido. Hay que tener en cuenta la influencia negativa que ejercen sobre el resto del alumnado y el trastorno que produce a toda la comunidad educativa. En ocasiones la problemática exige un tratamiento individual por parte del orientador especialista
8.- Con el objetivo de facilitar la toma de decisiones de cada alumno y alumna respecto a su itinerario académico y profesional favoreciendo su autoconocimiento (capacidades, motivaciones, intereses, valores), proporcionando información sobre opciones académicas y profesionales (apropiadas a la etapa y al entorno) y facilitando contactos con el mundo del trabajo es necesaria la potenciación de los servicios de Orientación
9.- Con el aumento de exigencias y de funciones serían necesarios muchos más orientadores para contribuir a que nuestro sistema educativo sea de más calidad. Tal como recomienda la UNESCO y como ya dijimos en los distintos Encuentros Nacionales de Orientadores celebrados en Toledo, Mérida, Zaragoza y Burgos, sería necesario una ratio de un orientador por cada 250 alumnos.
10.- Una de las premisas fundamentales es la necesidad de que se potencie la Orientación para toda la comunidad educativa y a lo largo de toda la vida.

Formación del profesorado

En ese sentido el planteamiento que hacemos desde la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España (COPOE) es se puede aprovechar la formación psicopedagógica y experiencia docente de los Profesores en activo de Educación Secundaria y sobre todo los orientadores para coadyuvar en la formación inicial y permanente del profesorado, tanto de Educación Infantil y Primaria como de Educación Secundaria. Hay que rentabilizar los efectivos actuales y ampliar su número para poder hacer efectivo realmente este papel de incidir en la formación del profesorado. Hay que tener en cuenta que los orientadores pertenecemos por oposición al cuerpo de profesores de educación secundaria y estamos a tiempo completo en los centros educativos en contacto directo con el alumnado, sus familias y el profesorado, e incluso una buena parte del colectivo lleva años realizando formación en los centros de profesores y recursos o en instituciones sin ánimo de lucro dedicadas a la formación.
La COPOE propone tanto al Mº de Educación como a las distintas universidades y comunidades autónomas que tengan en cuenta a los orientadores para formar a esos futuros tutores de prácticas (profesores que ya están en ejercicio) y de igual manera a los futuros profesores aspirantes. Los orientadores además de formación psicopedagógica y didáctica disponemos de más flexibilidad horaria debido a las pocas horas lectivas asignadas. Si se potenciara la presencia de dos o tres orientadores en los institutos y algunos más en los equipos de orientación psicopedagógica, uno de ellos podría dedicarse a la formación de esos futuros tutores y a colaborar en la formación de los profesores aspirantes.
Una de las posibles fórmulas que proponemos es la de destinar a los orientadores que han aprobado las oposiciones en la última convocatoria de refuerzo a algún Departamento de Orientación o E.O.E.P., de tal manera que durante un curso tendría la ocasión de formarse en la compleja tarea de la orientación, pero además permitiría que otro orientador destinara parte de su tiempo en la formación del profesorado tanto inicial, como permanente e incluso a la formación de los profesores tutores de las prácticas.

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