Vida en evolución

El Museo Nacional de Ciencias Naturales recuerda las bases y principios científicos en los que Darwin enmarcó
el origen de las especies

Es el científico que revolucionó la biología haciendo de la evolución a través de la selección natural el escenario común de todas las especies vivas. Sus teorías dieron aliento a consideraciones trascendentales para la ciencia, la filosofía y la religión. Doscientos años después de su nacimiento continúa su labor de divulgación desde el homenaje que el Museo Nacional de Ciencias Naturales le realiza.

JULIA FERNÁNDEZ
En el siglo XVIII predominaba la idea de que las especies biológicas no guardaban ninguna relación entre sí ni habían sufrido ningún cambio desde la creación divina. Las especies no se agrupaban en ningún árbol genealógico, puesto que habían sido creadas con independencia unas de otras. Además, el mundo natural no incluía a los humanos: éstos se encontraban por encima de él.
El 24 de noviembre de 1859, tras exitosos avances de naturalistas como Linneo, Georges-Louis Leclerc, Georges Cuvier y Jean-Baptiste Lamarck, el libro El origen de las especies de Charles Darwin abría una nueva escena en la biología. Su autor exponía datos y argumentos que llevaban a una conclusión común: todas las especies se derivan de la evolución a partir de un ancestro común. Era el comienzo de una revolución mental y científica que hoy está en la base y es el vínculo que conecta todas las disciplinas de la biología, por la que se entiende la organización de los genomas, las complejas relaciones en la biosfera global, la evolución de las enfermedades infecciosas y hasta las posibles formas de luchar contra ellas.

Principio guía


El bicentenario del nacimiento de Charles Darwin y los 150 años de la publicación de El origen de las especies motivan estos días, y hasta el próximo enero, una reconstrucción en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) de la comprensión estructural de la vida antes, durante y después de las aportaciones científicas de Charles Darwin. Con apoyo de la Fundación Banco de Santander y la Fundación Calouste Gulbekian de Lisboa e incorporando elementos de la muestra Darwin, del American Museum of Natural History (New York), la propuesta La evolución de Darwin ilustra las circunstancias científicas que precedieron al naturalista, el contexto social y religioso de su época, su viaje en el “Beagle”, el desarrollo de la Teoría de la Evolución y la situación de las Ciencias Naturales en la España del XVIII. “Es un viaje a través de la historia de la evolución y de la vida del hombre que le dio sentido” –escribe José Feijó, director de la exposición, en una esclarecedora presentación en la que afirma:- “La idea de la evolución se había considerado mucho antes de Darwin, pero no se había aceptado de manera general y nadie podía explicar cómo funcionaba. Después de Darwin, la ciencia incorporó la evolución, pero durante décadas se resistió a aceptar el mecanismo que la explicaba, la selección natural. En la actualidad, la evolución por la selección natural, la evolución de Darwin, es el principio guía de la biología y ejerce su influencia mucho más allá, en la medicina, en la agricultura y en otros muchos campos.”
Muchos de los animales, plantas y fósiles cuyo estudio permitió a Darwin la elaboración de su teoría: pulpos, gliptodontes, corales, armadillos de Argentina, tortugas, pinzones, iguanas terrestres y marinas de las Islas Galápagos; orquídeas vivas, modelos florales y antiguos pliegos de herbario; mapas, libros, documentos de la época, retratos, fotografías y cartas manuscritas por el propio Darwin son en La evolución de Darwin expresivas muestras del mundo que rodeó y supo descifrar el naturalista.

Gabinete de Ole Worm

Espléndida factura, moderna didáctica y ejemplar configuración son cualidades de esta propuesta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y su Museo Nacional de Ciencias Naturales. Con un cuidado especial en hacer mención a los trabajos que precedieron la investigación de Darwin ofrece maravillas al visitante como la reproducción exacta del famoso gabinete del médico danés Ole Worm (1588-1654). Los gabinetes de curiosidades, muy en boga durante el Renacimiento, fueron un verdadero fenómeno europeo –en concreto los gabinetes reales- que albergaban una fantástica mezcla de especímenes auténticos y de artefactos y que dieron lugar a lo que posteriormente serían las colecciones de los más importantes museos de historia natural. El gabinete de Ole Worm fue uno de los más afamados ya que utilizó su gabinete como laboratorio y llegó a algunas conclusiones importantes como que el mítico “cuerno del unicornio” pertenecía en realidad a un mamífero marino: el narval.
Un joven Darwin de tamaño natural es otra de las sorpresas que guarda este recorrido expositivo. La escultora y antropóloga Elisabeth Daynes en colaboración con el paleontólogo Jean-Nöel Vignal consiguieron, a partir de un retrato suyo a la edad de 31 años, reconstruir, trabajando hacia atrás, la apariencia de un Darwin a los 16 o 18 años, cuando en él estaba cuajado el amor apasionado por la naturaleza que expresaba en su autobiografía: “Cuando llegué a la escuela, mi interés por la historia natural, y más concretamente por coleccionar, ya estaba muy desarrollado. Intentaba crear los nombres de las plantas y coleccionaba todo tipo de cosas: conchas, sellos, matasellos, monedas y minerales. La pasión por coleccionar, que lleva a un hombre a convertirse en un naturalista sistemático, un virtuoso o un avaro, era muy fuerte en mi y claramente innata, pues ninguno de mis hermanos tenía esa afición.”

El darwinismo en España


Otro de los aspectos más interesantes de La evolución de Darwin es también uno de los menos conocidos: la repercusión que sus teorías tuvieron en España. Analizadas desde diversos ámbitos temáticos: el contexto científico y social que vivía nuestro país en aquel momento, los investigadores españoles que influyeron en Darwin, los detractores y defensores de sus hipótesis e incluso la iconografía de prensa, publicidad y artes gráficas dedicada al tema.
Importantes científicos de la época difundieron desde el primer momento la teoría de la evolución por selección natural siendo objeto de, en palabras de Rafael Rodrigo Montero, Presidente del CSIC, “chanzas y ataques severos por parte de personalidades y estamentos sociales que poco o nada tenían que ver con la Ciencia”. Para este responsable institucional “hoy en día, la importancia de Darwin trasciende, al igual que sucedió en su época, más allá de las meras implicaciones científicas. El `creacionismo´, aunque con el nombre de `diseño inteligente´, aparece como una opción ideológica, expansiva en algunas sociedades modernas y arraiga en personas escasamente informadas.”
El CSIC considera una obligada responsabilidad, como primera institución científica de España, dar a conocer de una forma actualizada las bases y principios científicos en los que se sustenta la teoría de la evolución a través de una correcta y objetiva difusión de las ideas que la sustentan y que hoy constituye el lema central de la biología: la muestra La evolución de Darwin es una feliz consecuencia.

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