Un Islam integrador

La colección del Museo Aga Khan resume la rica y fértil influencia de la lengua árabe y la religión musulmana en el arte universal

Catorce siglos de una historia de asunción, reelaboración y creación, desde la Península Ibérica hasta el Lejano Oriente, resumidos en madera, piedra, oro, bronce, marfil, vidrio, cerámica, tejido, pergamino y papel, son los que Los mundos del Islam en la colección del Museo Aga Khan entrega a la panorámica de la cultura universal.

JULIA FERNÁNDEZ
Con una relación directa con la desintegración, ya que muestran el logro artístico de las dinastías islámicas aparecidas a raíz de la desarticulación del califato abasí a finales del siglo IX como las omeyas (Al Andalus), fatimíes y mamelucos (Egipto), otomanos (Turquía), safavíes y qayaríes (Irán) y mogules (India), y, paradójicamente, ejemplificando la integración de estilos y elementos de culturas tan distintas como la romana, persa, turca, china, magrebí o hindú: la exposición Los mundos del Islam en la colección del Museo Aga Khan, la superproducción cultural que estos días acoge España en CaixaForum Madrid, es en su sorprendente tesis argumental de una integración totalizadora del Islam un envite intelectual a reflexionar sobre las renovaciones que en su historia ha sido capaz de encajar el arte islámico. “La muestra”, afirma el comisario Benoît Junod, director de Museos y Exposiciones del The Aga Khan Trust for Culture, entidad responsable con CaixaForum de su organización, “pretende cuestionar los tópicos actuales sobre la polaridad entre Oriente y Occidente, y acercar puntos de vista sobre la cultura musulmana, parte integral de la herencia histórica española. A través de obras de arte de distintas épocas y orígenes geográficos, se refleja el esplendor de la cultura musulmana en toda su diversidad, poniendo de manifiesto el pluralismo del Islam, tanto en las interpretaciones de la fe coránica como en la variedad de estilos, materiales y técnicas que forman sus expresiones artísticas”.

Variedad y riqueza

Las tradiciones, los lenguajes y las geografías del mundo islámico, un conglomerado de una extraordinaria variedad y riqueza, que a lo largo de los siglos se ha extendido desde el Lejano Oriente hasta la Península Ibérica, la antigua Al-Andalus, asimilando idiomas, creencias y estilos de vida, son puestos de manifiesto en esta nueva propuesta de profundizar en las manifestaciones culturales y artísticas del pasado que la Fundación La Caixa realiza, tras sus excelentes muestras dedicadas a la escultura figurativa india o a la civilización etrusca.
Extraordinaria síntesis de la colección de casi un millón de piezas que sobre arte islámico el Príncipe Aga Khan ha reunido en las dos últimas décadas y núcleo principal del museo que el The Aga Khan Trust for Culture (AKTC) construye en Toronto (Canadá) para albergar todos sus fondos, Los mundos del Islam evidencia las diversas formas que el Islam ha ido adoptando en contacto con distintos substratos y culturas, a la vez que significa al conjunto del arte y la cultura islámica como patrimonio común de la humanidad. No en vano, los primeros seguidores del Islam fueron tribus nómadas que carecían de tradición artística, por lo que una de las características del arte islámico es su capacidad para fundir y sintetizar los principales rasgos del arte de los pueblos que conquistaron. Fue uniendo distintas influencias como lograron crear un estilo artístico propio, fácilmente reconocible aún hoy día.

Astrolabio andalusí

Tres grandes secciones temáticas organizan en Los mundos del Islam mil cuatrocientos años de historia y 190 objetos que, en casos como el del astrolabio en tres lenguas (árabe, latín y hebreo) del S XV andalusí, son únicos en el mundo. El inicio, La fe coránica, centrado en el Corán como fuente de inspiración de artistas, artesanos y arquitectos, recoge una espléndida colecciones de coranes, desde algunos folios de los siglos IX y X escritos en oro, procedentes del norte de África, hasta un Corán indonesio del siglo XIX, junto a piezas de porcelana, cerámica pintada, oro o madera tallada donde se inscribe el texto sagrado.
El misticismo de los sufíes o derviches y la importancia de la peregrinación y la plegaria en el cumplimiento preceptivo de la fe islámica están también recogidos en objetos con frases sagradas del poeta sufí Yalal Al-Din Rumi o con el reflejo que en la decoración mural de las casas fueron dejando los peregrinos en Egipto.
De Córdoba a Damasco, explica el arte en el vasto imperio transcontinental que, con el califato omeya, llegó a ser vértice de la civilización humana: a través de sus rutas comerciales se distribuyó el legado literario y científico de la antigüedad, perdidos tras la caída del Imperio romano y conservadas en traducciones árabes; la obra de los grandes humanistas y científicos musulmanes, fundamentales para el desarrollo de la astronomía, las matemáticas o la historia natural; y los estilos artísticos procedentes de Bizancio y de la antigua Persia.
Al-Ándalus y Magreb, son especiales en esta gran sección. La dinastía omeya introdujo en la península Ibérica un modelo artístico de raíces sirias, con una mezcla de elementos romanobizantinos e iraníes. En el año 756 los omeyas, derrocados en Siria, se habían refugiado en Al-Ándalus y el arte acentuó sus rasgos orientalizantes, influyendo en Marruecos y Túnez, e incluso en zonas subsaharianas como Mauritania y Mali. Un salón mudéjar, de nueve ménsulas de madera labrada, que representa prodigiosamente la síntesis del arte islámico y cristiano que tuvo lugar en la Península Ibérica entre los siglos XII y XV, es uno de los valiosos logros mostrados.
La última etapa del recorrido, De Bagdad a Delhi, muestra objetos artísticos de la unidad territorial entre el Tajo y el Indo creada por los conquistadores arabomusulmanes en el siglo VII al invadir la totalidad de los territorios de su antiguo rival, el imperio persa: Mesopotamia; Irán y Asia central; India y los mogules.

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