Recopilación histórica de prensa para los más pequeños

Un libro de la Fundación SM refleja cómo la sociedad ha visto a los niños
y jóvenes durante más de 200 años a través de tebeos e historietas

La profesora Mercedes Chivelet logra resumir la evolución de la prensa infantil y juvenil desde el siglo XVIII hasta el 2005, a través del análisis de más de 2.000 ejemplares de 400 cabeceras distintas que constituyen un testimonio de cada época, y muestran como ha evolucionado la sociedad desde el paternalismo inicial, al protagonismo de los más pequeños en el momento actual.
La prensa infantil ha formado parte del bagaje de ocio y entretenimiento de varias generaciones de españoles.

Madrid. M. GIRON
Durante el acto de presentación de La prensa infantil en España, desde el siglo XVIII hasta nuestros días, que tuvo lugar en CaixaForum de Madrid, su autora, doctora en Periodismo y profesora de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, señaló la importancia del proyecto por su capacidad de dar a conocer un aspecto de la comunicación “tan poco atendido” y que, sin embargo, cumple, como lo hace la prensa en general, su misión de ser un claro exponente social. “No fue un prensa menor –aclara Chivelet- porque en los diarios y revistas infantiles intervinieron grandes firmas y profesionales del Periodismo”. Asimismo, matizó que esta clase de publicaciones eran requeridas también por los padres y adultos, en general, que las leían con frecuencia.
Gente Menuda, El Pequeño País o TBO son títulos que han marcado la infancia de interminables generaciones y que nadie olvidará”, afirmó la autora. Asimismo, señaló el arduo trabajo que le ha supuesto realizar esta obra, por la “complicada” labor de recopilación de ejemplares. “Tuvimos que rescatarla de librerías, rastros y bibliotecas y recurrir a las referencias que se hacían de ellas en otras publicaciones”, explicó.

Evolución

Por otra pare, Chivelet destacó que la tendencia en la prensa infantil evolucionó mucho desde la Gazeta de los Niños de 1798, la primera de este tipo. Así la autora critica que muchas de las publicaciones actuales dirigidas a este público, especialmente a las niñas, “incentivan el consumo, la preocupación extrema por el físico, la moda y lo superficial”. Por ello, alabó la naturaleza de las publicaciones del siglo pasado “cuya única voluntad era la educación y formación de los más pequeños”.
En este sentido, uno de los colaboradores de la obra, Leoncio Fernández, coincidió con la autora al recalcar que el sector editorial infantil “se rige actualmente por las leyes del mercantilismo y el aumento de ingresos, diluyendo la primera voluntad informativa con la que nació esta prensa. “Ahora los niños son tratados como potenciales consumidores, mientras que en el siglo XVIII se tenía una concepción ‘contenedor’ de ellos, pensando que podían asimilar todo tipo de conocimientos”, concluyó.
Por su parte, el periodista y miembro del dúo Gomaespuma, Juan Luis Cano, que también intervino en el acto, señaló la necesidad de que “el colegio incentive a los más jóvenes a través de una lectura que les divierta, como los tebeos”. El humorista añadió que para él, “el adoctrinamiento es de otro tiempo”.

Reconocimiento

Además, esta obra supone un reconocimiento a todos aquellos que dedicaron su trabajo y esfuerzo a que los niños leyeran y se lo pasaran bien. A la vez, muestra el avance tecnológico en materia editorial acaecido en el sector durante este largo periodo de tiempo.
La prensa infantil española constituye un inmenso archivo histórico, literario y hasta socio político. Sus páginas son un verdadero tratado de psicología infantil, y un espejo de cómo la sociedad ha visto a los niños y jóvenes durante más de doscientos años. Además, estas publicaciones descubren las connotaciones políticas propias de determinados periodos de la historia de España: desde la República a las publicaciones de los primeros años del franquismo o al consumismo de nuestros días.
Su comienzo hay que situarlo en las sencillas publicaciones populares representadas por los llamados “pliegos de cordel” y las “aucas o aleluyas”, todas ellas publicaciones no periódicas. En España, el primer periódico dedicado exclusivamente a los niños se llamó la Gazeta de los niños y apareció en 1789. Hasta pasados treinta años no volvería a aparecer en nuestro país otra publicación con cierta periodicidad. Según la autora, habría que esperar a que el nuevo siglo superara su primer tercio para hablar del desarrollo de este tipo de publicaciones, pasando así de ser consideradas como instructivas a ser simplemente de entretenimiento.

Aparece TBO

El gran cambio llegó con la incorporación de la historieta y la influyente aparición de TBO en 1917. Con su creación, se mostraron las infinitas posibilidades de combinarla con textos divulgativos y literarios, en tono de humor o moralista. Consuelo Gil fue el máximo exponente como creadora de estas revistas que cubrieron una etapa en la que la historieta iba a ser prioritaria.
La Guerra Civil se sirvió de las publicaciones para transmitir con ellas sus consignas, pero una vez que finalizó, la prensa infantil se despojó de cualquier tipo de ideología. De esta forma pasó a convertirse en un gran instrumento para entretener a los lectores que no tenían recursos para el ocio. Sin embargo, con el inicio del siglo XXI comenzó el declive del gran boom que había experimentado la prensa infantil hasta entonces.
A lo largo de todos estos años han desfilado por estas publicaciones algunos de los hombres más destacados de las letras, desde Fernán Caballero a Miguel Mihura, pasando por Carmen Conde y Gloria Fuertes, y algunos de los máximos exponentes de diversas corrientes estéticas: Apel.les Mestres, Opisso, Bartolozzi, Jesús Blasco o Rafael Penagos.
La recopilación de títulos ha sido difícil debido a la escasez de ejemplares y de documentación. Este tipo de prensa ha tenido que ser rescatada en librerías, rastros y bibliotecas donde estas publicaciones fueron calificadas como menores.
En general, el relato sigue un orden cronológico, aunque a veces une cabeceras afines por su temática. Su clasificación divide la obra en periolibros, selecciones, magacines, periódicos cotidianos y tebeos. A su vez, se pueden dividir en independientes o bajo tutela de otra publicación, es decir, suplementos.


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