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Ciberadictos

Si observamos que nuestro hijo se conecta a Internet varias veces al día de forma compulsiva, si permanece ante el ordenador hasta la madrugada o se pone irascible ante un fallo técnico, me temo que estamos ante un caso de ciberadicción. A pesar de que este desorden de la conducta se produce en menores y en adultos, los más jóvenes están más expuestos a sus consecuencias.
Aunque inicialmente el alumno se conecte para buscar información para hacer un trabajo de clase, con frecuencia termina con varias ventanas abiertas en la pantalla del ordenador: correo electrónico, información de ocio o el messeger para hablar con sus amigos. Entonces su atención se dispersa y, efectivamente, el trabajo escolar se relega a un segundo plano.
Por otra parte, Facebook o Second life, algunas de las web de contactos más atractivas para los adolescentes, constituyen un auténtico fenómeno social. Pero, los usuarios tienen la posibilidad de cambiar de identidad, de edad, hasta de sexo y los padres desconocen los peligros, que pueden derivarse de estas relaciones virtuales.
Ante esta situación, los padres necesitamos instrumentos para controlar los contenidos no adecuados para su edad. En el mercado ya existen kits tecnológicos que pueden resultar de mucha utilidad, como un software, que permite controlar el Live Messenger, el sistema de mensajería instantánea más utilizado en el mundo. A través de este producto, los padres pueden conocer todo lo que teclean sus hijos en las conversaciones on-line.
Detectar las señales de alerta ante una posible adicción cibernética y vigilar el acceso a determinadas webs constituyen medidas de prudencia muy recomendables.

Fernando Ríos. Galapagar (Madrid)

Aprender a convivir

La educación ha de ir más allá de la mera adquisición de unos conocimientos, hábitos y técnicas intelectuales, sino que debe plantearse como objetivo básico la formación integral de cada persona, con una forma de pensar autónoma y crítica. Para los profesores, la educación debe contribuir al desarrollo de los valores que permiten avanzar en el respeto a la diversidad de opiniones, en la lucha contra las desigualdades y en la disminución de los conflictos y tensiones.
Asimismo, consideramos necesario introducir una cultura que facilite el tratamiento eficaz de los conflictos escolares, para que no degeneren en un deterioro del clima académico. A través de los contenidos del currículo, del análisis de los conflictos y del ejercicio de prácticas metodológicas adecuadas, los profesores podemos construir la convivencia. Pero, la mejora de la convivencia no se consigue mediante la amenaza y el castigo, sino con la participación, porque aquello que se considera propio se defiende y se respeta.
Un Plan de Convivencia no debe ser un catálogo de normas y sanciones, sino un instrumento, fruto de las reflexiones y estrategias de la comunidad educativa. En su elaboración se tendrán en cuenta iniciativas que favorezcan un clima positivo de convivencia, en el que prevalezcan los valores de libertad responsable, tolerancia, respeto a las diferencias y solidaridad, que permitan resolver los conflictos mediante el diálogo y en un clima de pa
z.

Emilio Mora. San Sebastián de los Reyes (Madrid)


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