El lenguaje de la Alhambra




La traducción y estudio de los epígrafes árabes del granadino Palacio de Comares entregan el primer capítulo de la consecución de una gran historia

Estudiosos moriscos, viajeros extranjeros, orientalistas y profesores de universidad fueron durante siglos descubriendo la riqueza epigráfica de una arquitectura que hoy, tras una investigación científica apoyada en las nuevas tecnologías, se despliega finalmente ante nosotros: el largo camino de comprensión del lenguaje de la Alhambra ha culminado.

JULIA FERNÁNDEZ
Con formato de libro y DVD, reuniendo en un solo contenido el conjunto de estudios realizados a través de la historia y con un novedoso método informático de catalogación que ha permitido a los científicos reunir y ordenar las primeras 3.116 inscripciones árabes de las más de 10.000 contenidas en la Alhambra, se ha presentado a la sociedad española el trabajo Corpus epigráfico de la Alhambra. Palacio de Comares, un completo estudio que localiza, identifica, examina, clasifica, lee, transcribe, traduce, fotografía, dibuja, describe, mide, registra y, en su caso, reconstruye una por una todas las inscripciones de esta parte de la obra granadina, dando cuenta de sus detalles a través de fichas individuales que se acompañan de un número de identificador que, además de facilitar una rápida localización del rótulo, clasifican las inscripciones por zonas, espacios y parámetros.
“Sé parco en palabras y saldrás en paz”; “No hay vencedor sino Allah”; “Gloria a nuestro señor Abu`Abd Allah”; “Bendición”; “Agua”….Versos de exaltación de Alá, de descripción del lugar, de agradecimiento, de serena complacencia ante el bello espectáculo de sus rincones, de reconocimiento al artista que dejó su huella… son los versos que recubren estucos, piedras y maderas de una construcción única los que se encuentran por fin sintetizados digitalmente, a disposición del conjunto de ciudadanos que deseen comprender y disfrutar esta arquitectura de textos y sensaciones que es el libro de la Alhambra.

Cinco volúmenes

El Patronato de la Alhambra y el Generalife en colaboración con la Escuela de Estudios Árabes, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, están detrás de la ingente tarea de llevar a cabo la investigación y el análisis topográfico, filológico, artístico, bibliográfico y de contenidos de todas las inscripciones caligráficas del monumento, que estos días edita su primer volumen de los cinco proyectados, el estudio dedicado al Palacio de Comares, construido en el siglo XV bajo el mandato de Yusuf I, uno de los conjuntos más ricos y homogéneos entre todos los conservados.
La directora del Patronato de la Alhambra y el Generalife, María del Mar Villafranca Jiménez, sintetizaba así las características del espacio estudiado: “Las inscripciones de los palacios alhambreños, en su vertiente material fueron obra de grabadores y calígrafos, quedando el programa intelectual reservado a los poderosos responsables de la Secretaría de Redacción de la corte nazarí con rango de Ministerio. Ibn al-Yayyab, Ibn al-Jatib e Ibn Zamrak, poetas de la Alhambra, ejercieron el cargo de modo consecutivo y representan el periodo de mayor esplendor de la poesía epigráfica de la corte nazarí. Hoy podemos conocer sus bellas composiciones gracias al esfuerzo investigador realizado a lo largo de muchos años por numerosos especialistas”.

Sabios y singulares

Este primer volumen del Corpus epigráfico de la Alhambra, producto de una investigación iniciada en el 2002, toma el testigo de muchos investigadores y estudiosos que desde hace siglos se han preguntado qué cuentan las paredes de la Alhambra. Los nuevos dueños de los palacios árabes que, en las primeras décadas del S. XVI, empezaron a sentir curiosidad e interés por desentrañar el contenido de aquella escritura; los renacentistas que aspiraban a ver qué portaban sus palabras; los intérpretes del Concejo granadino que oficialmente a mediados del siglo XVI descifraron a su manera; los viajeros artistas del siglo XVIII que dibujaron los epigramas; los filósofos, juristas, arqueólogos y lingüistas de mediados del XIX que reprodujeron y renovaron las anotaciones de los intérpretes del Concejo; los orientalistas del siglo XIX que tanto defendieron el valor simbólico y artístico de la Alhambra… todos conforman una extensa cadena de esfuerzos en la brillan especialmente el morisco granadino Alonso del Castillo, encargado en 1564 por el Concejo de Granada de recopilar las leyendas epigráficas árabes granadinas y darles traducción, y el catedrático de arte de Granada, Emilio Lafuente Alcántara, que con su libro Inscripciones árabes de Granada, editado en Madrid en 1859, cuando el autor sólo tenía veintinueve años, abrió un nuevo período en lo relativo a la epigrafía de la Alhambra, constituyendo aún hoy una referencia primordial en el estudio de la materia. A él especialmente, el director científico de este Corpus Epigráfico de la Alhambra, el investigador del CSIC Juan Castilla Brazales, ha dedicado unas palabras en su presentación de la obra: “Afirmamos sin reservas que nos estimula gratamente considerarnos continuadores del trabajo de Emilio Lafuente, breve a tenor de su corta vida, segada a la jovencísima edad de treinta y ocho años, pero de enorme valor si pensamos en la escasez de recursos con los que contó. Reanudamos un camino pero, dada la facilidad de medios que nos proporciona la era tecnológica que vivimos, estamos obligados a ampliar horizontes, no limitándonos a reproducir un muestreo de inscripciones procedentes de las distintas zonas del Monumento sino tratando de registrar con la mayor exhaustividad todos y cada uno de los letreros epigráficos que lucen en los palacios nazaríes, desde los poéticos hasta los coránicos, pasando por los de tipo jaculatorio o votivo, haciendo uso para ello de las modernas técnicas que nos brinda la informática y sirviéndonos de los aparatos de precisión más sofisticados”.

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