Dioses y héroe

El Instituto Bíblico Oriental recupera en el inicio de sus actividades la sincrética vivencia religiosa de Alejandro Magno

El liberalismo religioso del que hizo gala Alejandro Magno aproximó y fusionó en parte los cultos procedentes del mundo heleno y del Oriente. El Instituto Bíblico Oriental, como una declaración de intenciones de lo que será su proyecto cultural, entrega en su inauguración como museo una síntesis ilustrada del itinerario religioso del héroe de la Antigüedad.
JULIA FERNÁNDEZ
“Fue una persona profundamente religiosa. El historiador Flavio Arriano dejó escrito que, después de recibir del oráculo de Shiwa (Egipto) la revelación de ser un elegido, Alejandro Magno regresó a una ciudad cerca de Bagdag llamada Opis y organizó un banquete para 9.000 de sus soldados; lo terminó con una libación y un cántico en el que gentes de diversas religiones realizaron el mismo rezo. Al final el rey de Macedonia hizo un brindis: `Yo os considero parientes míos y a partir de ahora os llamaré como tales´. Fue un pionero en el sintetizar el espíritu de las religiones”. Estas palabras del experto en lenguas semíticas Jesús García Recio, director del Instituto Bíblico y Oriental, resumen el sentido de la muestra El itinerario religioso de Alejandro Magno, la exposición con la que estos días se inaugura en León el Museo Bíblico y Oriental. “En su ruta –sigue García Recio- rezaba antes de entrar en batalla y, así, protegido, iba a primera línea, a acompañar a sus soldados, cuyos nombres conocía. Se sentía convocado por los dioses para las obras magnas, lo que le hizo casi invencible”.
Alejandro Magno, por tanto, estudiado desde el ámbito de su relación con los dioses y sintetizado en el único museo en el mundo dedicado a divulgar el nacimiento de la escritura, las características del tronco común del que parten las grandes religiones y cuál es el espíritu homogéneo entre Oriente y Occidente.

Helios y Amón

El español Francisco Antonovich, nacido en El Cairo, anticuario en París y uno de los grandes especialistas en la figura de Alejandro Magno, es el gran responsable, con el apoyo del empresario David Álvarez y de Caja España, de esta espléndida rememoración arqueológica de un periodo que sienta las bases culturales de nuestra historia. Es su colección de monedas de la época de Alejandro y los Ptolomeo, encontradas por él en sus excavaciones en las afueras de Alejandría en 1944, el eje que centra una muestra que cuenta con 170 piezas y que permite el privilegio de contemplar una representación de Alejandro asimilado a Helios; las diademas y joyas de oro de su época y de las de su padre Filipo, extraídas de su tumba en Pella, capital de Macedonia; trozos de uno de sus trajes; el Alejandro con escamas, pieza casi única, ya que sólo hay una similar más pequeña en el Louvre; o un busto esculpido en vida del histórico personaje.
El Alejandro Magno que respira en la propuesta es un ser educado en la visión sincrética de lo divino, común a buena parte de la sociedad griega del siglo IV a. C.; un rey que, si bien decidió impulsar el griego como lengua del imperio, trató de asimilar dioses y costumbres de cada país que anexionó a su imperio.
“En el Gándhara se vistió como indio e hizo a los nobles indios ponerse el kitón griego; en Bactria y Ghándara instaba a sus militares a casarse con mujeres del territorio, como él hizo con Roxana –afirma Francisco Antonovich- No se ciñó nunca a una divinidad concreta sino que adoraba a los dioses de cada región. En Egipto, a los egipcios; con su madre, a los griegos; en Persia, a los dioses persas, y en el Gándhara, a Ganesh”. De esta vinculación a las distintas divinidades se recogen ejemplos en un recorrido donde abundan los retratos de Alejandro con cuernos, como el dios Amón a cuyo oráculo acudió y del cual tuvo esta sentencia “Tienes la vocación para la conquista de Egipto, serás el faraón del Alto y Bajo Egipto”.

Bíblico y Orienta
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El logro que supone esta reflexión sobre el espíritu religioso de Alejandro Magno viene a culminar, de momento, seis años de actividades de un proyecto que se inicia cuando el joven sacerdote de la montaña leonesa Jesús García Recio, alumno distinguido del profesor Van Djik, trae a la ciudad de León el rico legado que su maestro le deja: 10.000 libros y revistas especializados en temas orientales y casi 1000 piezas y objetos arqueológicos: la primera colección española de asiriología y una de las más importantes del mundo.
El apoyo económico de Caja España y el Grupo Eulen, a través de su Fundación, dan impulso a esta colección fundando la rica y flexible plataforma llamada Instituto Bíblico y Oriental, con sede en el conjunto monumental de la Colegiata de san Isidoro. Cursos de lenguas como el sumerio, acadio, egipcio-jeroglífico, hebreo bíblico, latín bíblico y ugarítico; de historia y arqueología del Oriente Bíblico, además de seminarios, conferencias y excavaciones que han dado ya el primer volumen de la colección de textos producidos por el Instituto. Múltiples actividades en las que el Museo, inaugurado por la reina Doña Sofía, amante de la arqueología y una gran conocedora de la figura de Alejandro Magno, es el eje principal.

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