La FP sale del túnel

Isma Prados, el televisivo cocinero de Cuina per solters, estudió Formación Profesional. También lo han hecho famosos como el actor Jordi Mollà o altos ejecutivos como Ramon Paredes, vicepresidente de Seat. La FP no conlleva siempre un éxito mediático, pero sí un éxito más importante hoy que es encontrar un trabajo seguro. Se acabaron los grises tiempos en los que solo los desesperados eran arrastrados a las aulas profesionales, aunque, curiosamente, no hemos logrado hacer desaparecer el estigma. Todavía muchos padres y profesores creen que el éxito solo llega con la universidad, cuando la realidad lo contradice en gran parte.
Tenemos a muchos licenciados en temas por los que no hay mucha demanda profesional, en Humanidades en particular, y esto crea muchas dificultades para encontrar trabajo, lo que con frecuencia genera mucha frustración a lo largo de la vida. Quien estudie hoy un doctorado en Historia o Literatura debería hacerlo, mayormente, por interés personal y no para encontrar trabajo. Un 30% de universitarios no terminan los estudios, lo que representa grandes pérdidas de dinero público.
En cambio, la nueva FP empieza a ser una muy buena opción. Lo prueba el último informe de la Fundación Foessa (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada) sobre exclusión social en España que muestra que los estudios universitarios ya no ofrecen tantas garantías como los de FP para encontrar trabajo. El grado superior de la FP ofrece la oportunidad de conocer distintas materias y quizá pasar a la universidad con mayor garantía de éxito. Actualmente, más de un 25% de universitarios catalanes han empezado por esta vía. En Gran Bretaña, por ejemplo, se realizó un estudio que señalaba que los universitarios procedentes de la formación profesional sacaban mejores notas que los procedentes del bachillerato.
Cara a hacer frente a la crisis de trabajo que podría aumentar en los próximos años, toda preparación, como país, es poca y una de las soluciones pasa por el acercamiento entre formación y empresa. En el mundo universitario, esto está siendo más lento; sin embargo, la FP se está poniendo las pilas rápidamente y se acerca a la realidad ocupacional que se irá dibujando en los próximos años.
Además, se está recuperando la añorada figura del aprendiz, de modo que son las mismas empresas las que contratan a los estudiantes para hacer un trabajo que formará parte de su formación. El hecho de que la juventud pueda empezar los estudios trabajando in situ puede ser extraordinariamente motivador y puede evitar las temibles deserciones del alumnado, uno de los principales problemas entre los adolescentes, para ir a trabajar en labores de baja calificación. Muchos de estos cursos están promovidos por las mismas empresas que necesitan personal especializado y que ceden las instalaciones y la maquinaria.
Actualmente, los estudios profesionales con mayor futuro son: diseño e inversión tecnológica, educación infantil y atención a personas mayores o dependientes, pero la diversidad de la FP aún es poco conocida: desde turismo, técnico en fútbol, esquí, diseño, restauración artística, ingeniería y urbanismo, salud, informática, carpintería, electrónica, química y comunicación. Contrariamente a lo que se cree, la inserción laboral de algunas especialidades artísticas es altísima, especialmente diseño de interiores, artes aplicadas a la indumentaria, joyería de arte y escultura. En la mayoría de casos, los alumnos salen con trabajo.
Recuerdo que cuando, a principios de los 90, fui a la Universidad de Queen's a estudiar Literatura Irlandesa, en un intercambio Erasmus, mientras los europeos hacíamos Letras y Filosofía, la numerosa comunidad de estudiantes de Corea, Malasia, Taiwan y Singapur, masculina en un 98%, hacían Empresariales o Ingeniería. Los gobiernos de estos países tenían muy claro en qué había que invertir, y los estudiantes también lo tenían muy claro y no dudaban en pedir préstamos para poder graduarse en las mejores universidades. La inversión en educación, personal y colectiva, es clave para el desarrollo económico de un país. Deberíamos estudiar mejor los países que lo hacen bien y no solo Finlandia.
El caso de Corea del Sur, por ejemplo, es especialmente interesante por el despegue que ha tenido en educación en pocos años. Ha pasado a ser el primer país del mundo con una mayor proporción de jóvenes en terminar la educación secundaria, cuando hace solo una generación se encontraba entre los más bajos, y es el segundo en resultados de escolares en Matemáticas. Por lo que respecta a educación superior, es el tercer país después de Canadá y Japón. Las inversiones han sido enormes, particularmente, en nuevas tecnologías. Convendría que también nosotros enviáramos a nuestros estudiantes a universidades y centros de formación de prestigio internacional o se lo facilitáramos con becas y préstamos. Nuestra obligación es que sepan qué realidad se van a encontrar.
Pero, claro, para eso conviene que dominen el inglés que todavía no es, curiosamente, materia obligatoria en la nueva FP. ¿Cómo puede un técnico en automoción viajar a Asia si es analfabeto en la lengua franca? Fundamental sería también el desarrollo e inversión en orientación profesional. El mundo profesional cambia rápidamente, y estudiantes, padres y profesores deberían estar bien informados de cuáles son las profesiones que necesitan más gente y de qué es hoy la nueva FP.

Irene Boada.
EL PERIÓDICO. 5 de febrero de 2009

 

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