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Juguetes tecnológicos

Teléfonos móviles, juguetes electrónicos, vehículos motorizados o consolas de videojuegos, las últimas tendencias en juegos han incorporado las novedades en tecnología, para resultar más atractivas a los jóvenes usuarios. Los fabricantes lanzan al mercado productos que estimulan la imaginación y la creatividad de los niños, pero también pueden limitar su desarrollo emocional y de habilidades sociales.
Los niños en la sociedad actual ya no salen a jugar a la calle con sus amigos, sino que permanecen varias horas  solos en casa delante del ordenador o la televisión. Según los expertos, jugar con otros niños les enseña a compartir, respetar al contrario y a organizarse.
Mientras que los juguetes clásicos, como las muñecas o los trenes propiciaban un mayor vínculo con el niño y con los adultos, que les enseñaban su manejo, los modernos, estereotipados y producidos por grandes multinacionales, resultan emocionalmente deficientes. Estos productos son desechables y fácilmente reemplazables y cuando se estropean, los niños se deshacen de ellos, sin manifestar el menor afecto o interés por repararlos.
Si bien resulta positivo que los niños se familiaricen con las nuevas tecnologías desde pequeños, los especialistas aseguran que los juguetes tecnológicos no son ni buenos, ni malos, sino que lo importante es cómo se utilicen.
Por ejemplo, los videojuegos estimulan la coordinación psicomotora, las estrategias para la resolución de problemas y la capacidad de perseverar en una tarea. Pero también reproducen estereotipos sexistas y contenidos violentos y xenófobos. En consecuencia, los padres deben elegir cuidadosamente el producto, teniendo en cuenta las edades para las que ha sido diseñado. Además, resulta recomendable que compartan el juego con sus hijos para observar los contenidos y comentarlos.

Emilia Pardo Sánchez..Cuenca

 

Formación en valores democráticos

Un experimento que realizó un profesor de historia norteamericano en la década de los 60 es el argumento de “La ola”, una película que considero muy recomendable para los adolescentes y jóvenes. En 1967, estudiantes de Secundaria de un instituto de la localidad californiana de Palo Alto se cuestionaban que los alemanes obviaran el holocausto. “¿Es imposible que otra dictadura se implante en Alemania?” preguntaba este profesor y los alumnos manifestaron su escepticismo ante la idea de que el nacionalsocialismo vuelva a hacerse con el poder.
No obstante, el profesor decide poner en marcha un experimento para indagar sobre el sometimiento ciudadano a movimientos totalitarios y demostrar que es relativamente fácil manipular a las masas. Partiendo de sencillas propuestas, plantea a los jóvenes la disciplina en las aulas y fomenta el concepto de grupo y la sumisión ante el líder. Según va desarrollándose este experimento, los estudiantes empiezan a aislarse y espiarse unos a otros, hasta que desemboca en un conflicto violento.
En una sociedad como la actual, donde ciertos valores y creencias están crisis pueden resurgir estos movimientos totalitarios y poner en peligro la democracia. A mi juicio, es fundamental que los jóvenes reflexionen y revisen comportamientos sociales para crear su propio criterio. Además, los educadores y la familia deben transmitir una formación en valores democráticos, basada en la aceptación de la diversidad, el respeto, el diálogo y la solidaridad.

Manuel Vicente Gallego. Madrid

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