Poesía y documento

Un centenar de imágenes fotográficas recuperan la mirada compleja y limpia  que Walker Evans tuvo sobre la sociedad americana

Pionero absoluto de una forma de traducir a imágenes la realidad de una sociedad y autor del reportaje fotográfico con el que Estados Unidos presentó al mundo los años de la Depresión, Walker Evans ocupa por derecho un lugar prominente en la historia del arte y la creatividad cultural. El encuentro que la Fundación MAPFRE ha organizado con sus mejores obras es el certificado.

JULIA FERNÁNDEZ.
“Probablemente, Walker Evans sea uno de los creadores más influyentes no sólo de la historia de la fotografía, sino también en la historia del arte contemporáneo” –afirma el estudioso Chema González en el ensayo que acompaña a la muestra, Walker Evans y la invención del estilo documental. Y lo aclara-: “A su muerte, Evans no sólo era el fotógrafo que más exposiciones había realizado en el Museum of Modern Art de Nueva York (un total de cuatro: en 1933, 1938, 1962 y 1971), sino que también era el primer fotógrafo que había sido presentado individualmente en la principal institución museística norteamericana. Con tan sólo treinta años, Evans exhibe Photographs of 19th Century Houses. Cinco años más tarde, American Photograhs, una exposición y un libro sobre la cultura material, el territorio y las clases sociales de Estados Unidos que supone el nacimiento de un género fotográfico, a la vez que un punto de inflexión en la manera en que la fotografía negocia su significado.”
Jeff L. Rosenheim, comisario de la actual exposición en MAPFRE, conservador de fotografías en el Metropolitan Museum of Art y principal responsable de la catalogación y salvaguarda de las fotografías, documentos y negativos del Walker Evans Archive -y que mostraba ya hace veinticinco años en Madrid la obra de este artista, en la que fuera una de las primeras exposiciones monográficas de cierta importancia que se dedica en España a un fotógrafo- se suma a la excepcional valoración con esta frase escueta: “Las fotografías de Walker Evans perduran como uno de los más asombrosos logros del arte del siglo XX”.

Copias de época

La humilde vivienda de una familia minera de escasos recursos o la mirada enajenada de una pasajera del metro; el perfil pleno de sombras de un vacío edificio o la producción en masa de herramientas para abrir contenedores; la llamativa rotulación que adorna una tintorería local o el rostro humano de un banco en el Bronx: imágenes concisas, contundentes y sobrias, que muestran todas las caras de una sociedad capitalista que se presentaba al mundo como brillante ejemplo de desarrollo, constituyen el valioso temario desarrollado por Walker Evans (1903-1975), la exposición que el Instituto Cultural de FUNDACIÓN MAPFRE ofrece en Madrid hasta el 22 de marzo.
Más de un centenar de fotografías vintage (copia de época) originales en gelatina de plata, procedentes de los fondos de la que sin duda es la principal colección particular de obras del autor, resumen ampliamente cincuenta años de inspiración y trabajo en un recorrido que comienza con sus primeras imágenes tomadas con una Leica en Nueva York en 1928, en las que comienza a configurar un estilo documental que desarrollará en los dramáticos estudios realizados en La Habana durante los últimos días de la brutal dictadura de Gerardo Machado; en los mordaces retratos de pasajeros del metro de Nueva York tomados con una cámara oculta y en sus reportajes fotográficos realizados para la revista Fortune a los largo de 20 años.

La Gran Depresión

En todas esas imágenes Evans explora el tejido urbano, enfocando su lente hacia una gama de objetos, acontecimientos y personas en encuadres y perspectivas sin precedentes, constituyéndose en el gran traductor de los signos de América, algo que se hace aún más evidente en los trabajos que ocupan el núcleo de la exposición: un conjunto de más de treinta fotografías, realizadas en 1935 y 1936, síntesis de su colaboración en el reportaje Let Us Now Praise Famous Men sobre la difícil cotidianeidad de los granjeros sureños, que tuvo su impulso en el programa creado por Roosevelt (Fram Security Administration) para estabilizar la economía de la nación sumida en la Gran Depresión.
Considerado el período más productivo de su carrera, su reflejo de las vidas de tres familias de granjeros de Alabama -en la muestra está esa imagen memorable de un niño descalzo en el interior de su austera casa, empapelada de sueños de consumo- encierra un retrato de enorme complejidad moral bajo la simple apariencia de un estudio de los arrendatarios dedicados al cultivo del algodón.
Fotógrafo adscrito fundamentalmente al blanco y negro, aunque realiza algunos trabajos en color desde finales de los cincuenta y hasta su muerte en 1975, Evans descubre en la Polaroid SX-70, lanzada en 1974, una poderosa herramienta de expresión de los temas que le han obsesionado a lo largo de su carrera. Las instantáneas sacadas con ella, aproximaciones fragmentadas y provocadoras de una sociedad que se ha vuelto insensible a las múltiples representaciones que componen su experiencia cotidiana, es el capítulo que cierra este espléndido compendio del trabajo de un fotógrafo que, en palabras del investigador Jordan Bear, “se propuso encontrar lo cotidiano y, al hacerlo, descubrió –es más, dio forma a- la iconografía que articula la plenitud y la miseria, la viveza y la opacidad, la pasión y la indiferencia que urden el tejido visual de la vida moderna.”

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