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Formación en valores democráticos

Un experimento que realizó un profesor de historia norteamericano en la década de los 60 es el argumento de “La ola”, una película que considero muy recomendable para los adolescentes y jóvenes. En 1967, estudiantes de Secundaria de un instituto de la localidad californiana de Palo Alto se cuestionaban que los alemanes obviaran el holocausto. “¿Es imposible que otra dictadura se implante en Alemania?” preguntaba este profesor y los alumnos manifestaron su escepticismo ante la idea de que el nacionalsocialismo vuelva a hacerse con el poder.
No obstante, el profesor decide poner en marcha un experimento para indagar sobre el sometimiento ciudadano a movimientos totalitarios y demostrar que es relativamente fácil manipular a las masas. Partiendo de sencillas propuestas, plantea a los jóvenes la disciplina en las aulas y fomenta el concepto de grupo y la sumisión ante el líder. Según va desarrollándose este experimento, los estudiantes empiezan a aislarse y espiarse unos a otros, hasta que desemboca en un conflicto violento.
En una sociedad como la actual, donde ciertos valores y creencias están crisis pueden resurgir estos movimientos totalitarios y poner en peligro la democracia. A mi juicio, es fundamental que los jóvenes reflexionen y revisen comportamientos sociales para crear su propio criterio. Además, los educadores y la familia deben transmitir una formación en valores democráticos, basada en la aceptación de la diversidad, el respeto, el diálogo y la solidaridad.

Manuel Vicente Gallego. Madrid.

 

Mirar para otro lado

La reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid contra un colegio privado, que deberá pagar 30.000 euros a la familia de un niño que ha sufrido acoso escolar durante dos años por parte de sus compañeros, no sólo supone la mayor condena por este fenómeno que ha tenido lugar hasta ahora en Europa, sino también un claro toque de atención a los centros y las autoridades educativas sobre una cuestión que impide cada vez menos “mirar para otro lado”. Dicho fallo, que contradice otra sentencia anterior emitida por el juzgado número 1 de Alcobendas, recrimina la actitud del centro ante la situación de que era objeto el alumno y ensalza el trabajo de denuncia que vienen realizando al respecto los medios de comunicación.
La cuestión del acoso escolar y la violencia en las aulas no ha dejado de ser denunciada en los medios desde el trístemente famoso caso de Jokin, el adolescente de Hondarribia que acabo suicidándose como consecuencia del constante acoso e intimidación de la que era objeto por parte de unos indeseables que pasaban por ser sus compañeros. Es cierto que las cosas han cambiado para mejor en los últimos años, consecuencia sobre todo de la labor constante de información que sobre estos casos –que también alcanzan a los profesores en más de una ocasión- realizan los medios informativos, más que de las actuaciones de los responsables políticos.
Si algo deja claro esta última sentencia es que los centros y los profesores no se puede hacer más los “remolones” ante casos fragrantes de acoso, intimidación y “matonismo escolar”. Ya no vale el “pasotismo” y “el no se enteran de nada”, máximo cuando el citado fallo contraviene una sentencia anterior en la que se argumentaba poco menos que el alumno victima del acoso había agredido previamente y atribuía a causas externas la depresión que sufría el niño. Lo normal en casos como estos es que el centro los niegue y los profesores no sepan nada, se laven las manos. Se llega incluso a desconfiar del alumnado que denuncia estos hechos, al que se califica en muchas ocasiones de niño “sobreprotegido” por sus padres. Es el momento de acometer esta situación de una vez por todas. De lo contrario, tendrá que seguir siendo la justicia quien ponga orden en el medio escolar.

Esteban Martínez del Río. Madrid.


 

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