Fuente y modelo

El diálogo entre las esculturas clásicas del Albertinum de Dresde y del Museo del Prado recuerda a nuestra contemporaneidad el origen del concepto de Arte

Son colecciones creadas por realezas interesadas en los vestigios de Grecia y Roma. Están consideradas entre las más importantes de escultura clásica en Europa y sus piezas exhiben una perfección y belleza que ensombrece el logro de nuestra época. Su enorme fuerza expresiva está por unos meses conjuntándose en España en el espacio expositivo Entre dioses y hombres. Esculturas clásicas del Albertinum de Dresde y del
Museo del Prado.

JULIA FERNÁNDEZ
“Se trata de una ocasión histórica para el reencuentro de una parte esencial de nuestro legado clásico. Permite realizar un recorrido desde las divinidades plasmadas por los grandes maestros de los siglos V y IV a.C., conservadas por excepcionales réplicas romanas, hasta los bustos y relieves de los emperadores del siglo IV de nuestra era. Es un itinerario completo por el mejor arte de la Antigüedad”. Con estas palabras describen sus organizadores la poderosa propuesta cultural Entre dioses y hombres. Esculturas clásicas del Albertinum de Dresde y del Museo del Prado que desplegada en diez salas del nuevo edificio de Villanueva y en el extenso periodo de seis meses, expone en diálogo dos de las más extraordinarias colecciones europeas del arte clásico: el núcleo principal de la Skulpturensammlung Staatliche Kunstsammlungen Dresden (Colección de escultura de las Colecciones Estatales de Arte de Dresde) y una selección de obras del Prado. Dos conjuntos escultóricos fruto del coleccionismo barroco y neoclásico, que integran magníficas versiones romanas de obras clásicas y helenísticas, además de muchos originales griegos con policromía antigua y un grupo excepcional de retratos.

Herculanesas

El acontecimiento que supone que cuarenta y seis obras maestras de la colección de antigüedades de Dresde salgan por primera vez fuera de Alemania ha sido posible por el cierre temporal del Albertinum por reforma y gracias a un excepcional acuerdo de colaboración entre este museo y el Prado (la muestra se presentará después en el Japanisches Palais de la ciudad alemana), el patrocinio de la Fundación Amigos del Museo del Prado y la colaboración de Sociedad Estatal de Acción Cultural Exterior (SEACEX).
Stephan F. Schröder, Moritz Woelk y Kordelia Knoll, comisarios de la muestra, han seleccionado de entre sus joyas obras como las réplicas romanas del Efebo de Dresde, de la Escuela de Policleto; el Zeus de Dresde y la Atenea Lemnia, ambas de Fidias; La Ménade de Dresde; el Sátiro escanciando vino de Praxíteles o las dos Diosas de Herculano, estatuas femeninas conocidas como Herculanesas, a las que el estudioso Johann Joachim Winckelmann, en su obra pionera de 1755, Reflexiones sobre la imitación del arte griego en la pintura y escultura, atribuyó una importancia capital en la historia del arte, claves en el surgimiento del clasicismo.
Sin ruptura alguna han situado a su lado las veinte esculturas seleccionadas del fondo grecorromano del Prado, entre las que se encuentran la estatua de Diadúmeno de Policleto o la Atenea de Mirón y la única obra no procedente de la colección de Dresde o el Prado, el “Disco de Teodosio”, un gran relieve de plata con Teodosio y su corte, rodeados de divinidades paganas, parte del Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de Historia, excepcionalmente cedido para ayudar a contextualizar las cuatro esculturas de la época de Teodosio a las que acompaña en la última sala de la exposición.

Espejos ideales

Belleza y dicha de los dioses es la sección que abre el recorrido y donde están –en forma de réplicas romanas- algunas de las más afamadas creaciones del arte clásico griego: del siglo V antes de Cristo obras de Fidias, Mirón y Policleto; del siglo IV otras de Praxíteles y finalmente tres originales griegos de la misma época. Es en este capítulo donde se manifiestan el culto griego a la belleza y la gran capacidad de invención formal que sus artistas tuvieron en la representación escultórica del remoto mundo de los dioses y los héroes (hombres que tienen cualidades divinas). Como el estudioso Stephan F. Schröder recuerda  “los dioses eran una especie de espejo ideal de la propia vida que uno nunca se cansaba de contemplar y enaltecer a través de la poesía, la música y las obras de arte. Al igual que ellos, los romanos también considerarían que el mundo del arte y la cultura estaba por encima de lo temporal y efímero de la existencia cotidiana.”
La escultura de los siglos III a I a.C. ocupa el tramo que lleva el título Sentimiento, sensualidad y alegría festiva en el arte helenístico-romano. Es una época de nueva vivacidad en el movimiento, una expresividad inmediata y fresca y un resplandor sensual, todo ello dirigido a los sentimientos y a los afectos del observador. Muchas de las esculturas representadas en esta sección son originales, incluso algunas conservan la policromía antigua.
Las Imágenes del poder. Retratos romanos al final del Imperio, el último apartado de Entre dioses y hombres, con sus estatuas, estatuillas, bustos y relieves de mármol y plata de los siglos II al IV, refleja la costumbre romana de prestigiar a hombres, mujeres y niños a través de sus retratos. Un conjunto de obras de la Antigüedad tardía, en las que se hace patente cómo convivieron sin enfrentarse el viejo mundo grecorromano con sus mitos e ideas y el mundo cristiano con su creencia nueva, cierra este viaje al origen de nuestra cultura.

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