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Madrid.
M. GIRON
La investigación, denominada
“La lectura juvenil de los riesgos de las drogas: del estereotipo a la
complejidad”, ha sido realizada por la Fundación de Ayuda contra
la Drogadicción
(FAD), en colaboración con la
Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas
y Obra Social Caja Madrid. Se ha llevado a cabo a través de 1.200 entrevistas
domiciliarias y seis grupos de discusión, y su objetivo ha sido analizar
como perciben los jóvenes españoles los riesgos del consumo de drogas
y confrontarlo con los beneficios que afirman obtener tras el consumo.
Mediante este análisis de riesgos beneficios, los expertos esperan conseguir
las claves necesarias para comprender el consumo juvenil de drogas y,
de esta forma, poder diseñar programas preventivos más eficaces. Hasta
ahora, estos se habían basado en el convencimiento de que haciendo más
conscientes de los riesgos a los jóvenes estos reducirían el consumo.
Sin embargo, esta investigación pone de manifiesto que esta estrategia
es claramente insuficiente, entre otras cosas, porque realizan una lectura
del riesgo con tintes positivos. En concreto, un 41% de los jóvenes consideran
asumir peligros como algo inherente a su edad, algo que deben afrontar
y cuya superación es positiva para ellos. Solo el 23% de los jóvenes se
opone a asumir riesgos y se muestra prudente en este terreno.
Presión
grupal
Curiosamente,
el estudio muestra una diferencia importante de opinión cuando se les
pregunta individualmente y cuando se les realiza una encuesta en grupo.
En la primera circunstancia, el 89% opina que no compensa nada o muy poco
el consumo de pastillas, el 87% opina lo mismo de la cocaína, el 70% del
cannabis, el 56% del alcohol y el 57% del tabaco. Sin embargo, cuando
están en grupo expresan otras motivaciones para consumir que influyen
tanto o más que la percepción de riesgo. Fundamentalmente se tata de la
necesidad de sentirse integrados, no sentirse los “raros” del grupo, sentir
que realizan un comportamiento que ven normal a su edad.
Los expertos insisten
en que esta lectura que realizan sobre riesgos-beneficios supone que las
consecuencias negativas del consumo de drogas, que para los adultos se
trata de una información claramente disuasoria, los jóvenes la contemplan
como un factor más, pero no el determinante. Incluso ser capaces de arriesgarse,
lo contemplan positivamente.
Además, para los jóvenes,
el riesgo a corto plazo no es disuasorio, el único riesgo que consideran
es la muerte en accidente de tráfico o por posible sobredosis, pero, aún
siendo conscientes, consideran que es una posibilidad remota y asociada
sólo a consumos muy determinados, como el de pastillas.
Consumo
experimental
En
cuanto al riesgo a largo plazo, consideran que nunca lo sufrirán ya que
este tipo de daños (enfermedades por consumo prolongado) sólo se producen
si “existe hábito o adicción” y consideran sus consumos “experimentales”.
Es decir, relativizan sus propios usos de las drogas.
Por todo esto, y en
contra del estereotipo, el estudio asegura que los jóvenes españoles no
banalizan el consumo de drogas, sino que por el contrario conocen los
riesgos, pero que optan por consumir, los pocos que lo hacen, por razones
que, fundamentalmente, tienen que ver con lo beneficios que esperan obtener
tras el consumo, en concreto cada sustancia cuenta en el imaginario juvenil
con sus respectivas ventajas: alcohol desinhibidor; cocaína para potenciar
la euforia; pastillas para poder aguantar y sentir más; y cannabis para
relajarse.
Por otro lado, las
actitudes tendentes a relativizar el riesgo asociado al consumo de drogas
son más frecuentes en los hombres que en las mujeres, sobre todo alrededor
de los 20-22 años, entre los que no tienen creencias religiosas, se consideran
de izquierdas, viven solo o con amigos, tienen un nivel de estudios inferior
a lo que correspondería a su edad y entre los que disponen de más dinero
semanal para sus gastos.
Permisivos
con el “porro”
En
cuanto al tipo de drogas, el consumo de “porros”, aun considerándose un
comportamiento arriesgado, goza de aceptación entre un gran porcentaje
de jóvenes, siendo de nuevo los chicos más permisivos que las chicas.
No obstante, entre los daños que consideran que puede producir el consumo
diario de dos o tres porros, destacan “los problemas con la familia o
la pareja”, los riesgos para la salud, los trastornos mentales, la posibilidad
de sufrir accidentes y los problemas con los estudios.
Según la actitud para
afrontar riesgos como los consumos de drogas, el estudio distingue entre
varios grupos de jóvenes: retraídos (29%), integrados (31%), experimentados
(20%) y contradictorios (20%). El primer tipo representa la normatividad
y la reflexión. Condenan los comportamientos ilegales y consideran que
las drogas tienen demasiados riesgos, por lo que las rechazan totalmente.
El grupo de los “integrados”
son aquellos que mantienen una apuesta moderada por probar cosas nuevas
pero siempre dentro de un orden. Son jóvenes que se exceden lo justo y
que, por tanto, no plantean muchos problemas.
El tercer grupo, denominado
de los “experimentados” apuestan claramente por probarlo todo y defienden
la gratificación personal como motivación de sus conductas. Justifican
más fácilmente los comportamientos asociales e ilegales.
Finalmente, los jóvenes
“contradictorios” representan el conservadurismo paradójico, la banalización
del riesgo propio. Defienden el consumo de drogas minimizando el componente
de peligro que suponen. Son partidarios de la idea de que “los riesgos
de las drogas se pueden controlar”. De hecho, su concepto de riesgo es
muy abstracto, no asociándolo a conductas comunes. |
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